13
abr
10

NATURALEZA ROTA Y LOS HAPPY END

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 (Foto: Robert Doisneau, junto al Ayuntamiento de París y frente al L’Hotel La Ville. La foto más vendida de la historia con 410.000 copias. París, 1950)

NATURALEZA ROTA Y LOS HAPPY END
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Siempre me he preguntado qué de bueno tienen todavía para los adultos los melindres a lo Corín Tellado y con finales de cuentos de hadas, donde el chico logra besar finalmente a la chica y luego comen perdices y son muy felices per saecula saeculorum. Casi todas las historias de la vida, con menos romance y menos ficción, son las que logran interesarme de verdad, porque creo que están más cercanas a la vida real, porque llevan impreso el desencanto que ignoramos a los 15 y afirmamos con mayor certeza quizás a partir de los 30, ó antes o después, de cualquier modo, tanta dicha y fantasía en los relatos puede servirnos como válvula de escape, como algún refugio de ciertos chubascos, a los que debemos ver la cara o más tarde o más temprano.

Los cuentos de los Grimm, los de Charles Perrault, las Fábulas de Esopo, La Fontaine o Samaniego, creo yo, ya hicieron su parte instructiva y moralista quizás de la época de los años 20 a los 70. Los chicos de este tiempo que vienen más listos y despiertos que antes, parecen estar en cierto modo mucho más suspicaces y renuentes a tragarse los cuentos… ni con queso. Aquellas narraciones, desprovistas de lirismo, descarnadamente crudas e impregnadas de realismo, como las de Truman Capote, Tennessee Williams, Scott Fitzgeralt, Faulkner, Carson McCullers, maestros de la non-ficción-novel, más bien del sentido estético de lo sórdido, muestran sin embargo otras realidades que abordar, un mundo más veloz y más salvaje, un reflejo espeluznante y más atormentado de nuestras sociedades vertiginosas, que parecen arrastrar con ellas, el caudal de un río más turbulento y más turbio. Las frustraciones y desengaños que nos permite vislumbrar un Hemingway, las complejas elucubraciones y tortuosas evocaciones de una Virginia Woolf, un Marcel Prust, o un James Joyce, inmersas en un universo más reflexivo y más pensante, y porqué no más racionales y veraces, entre tanta ficción edulcorada.

Tras la maldad, la violencia y desencanto, hay siempre una naturaleza que se quiebra, que se rompe, la fragilidad de unos sueños rotos, la vulnerabilidad de un ser que se queda con las alas quebradizas, que va perdiendo las ilusiones y los sueños. El cuento de hadas se va convirtiendo siempre en una naturaleza de factura delicada, que va cambiando conforme vivimos. La realidad va superando a cualquier ficción. En nuestros días el relato crudo de las sociedades cobra vigencia. La concepción desencantada del hombre adulto y el anhelo de recuperar mediante cuentos, idealizando la infancia a la vez con inocencia y picardía, se va quedando en el camino, en nuestros días. Quizás la única forma de recuperar ese lirismo fantástico a lo Charles Dickens o Lewis Carrol, esté en cierto modo en adentrarnos y en hallar a ultranza a nuestro niño (a) interior, e intentar en lo posible, la recuperación superlativa de aquella sustancia, antes que perderla definitivamente entre los códigos y reglas de los cánones adultos, ya sea por la crudeza y la desesperanza de la vida, verdadero vaso comunicante entre literatura y vida.

Volviendo sin embargo hacia el panorama de los happy end, me quedo con un final de cuento de Antón Chéjov, de “El Beso”, una desencantada realidad, que se termina por quebrar después de haber despegado en un vuelo maravilloso de total irrealidad, atormentado y desafortunadamente fantástico, para romperse en añicos tras la certidumbre y la apabullante realidad, falta y desprovista de esperanza alguna. Cualquier mortal podría ser como el Riabóvich de “El Beso”, uno de esos cuentos que nos deja tras el dulzor, un sabor amargo de los sad end. Esos son fragmentos de la vida real, todos ellos esconden un secreto debajo de la desnudez con que se cubren. Un secreto que sin ser explícito, perdura en la conciencia de los lectores con más intensidad que un final feliz de cuentos de hadas, porque son sucesos que suelen pasar cotidianamente y están destinados a marcarnos la existencia con textura indeleble y mantienen con vigor la eternidad de lo fugaz.

Me detuve en un semáforo y creí por un momento que allí también se detenía el mundo, el tráfico y el tiempo, cuando vi besarse a dos adolescentes apasionadamente en una esquina, traspasando el vértigo de lo inmediato, parecían ansiar devorarse el tiempo, con un afán voraz, desmesurado, y pensé que aún no les había llegado la hora de saberlo todo…¿Quién querría romperles sus sueños, contarles lo que siempre ha de venir después?…Las naturalezas no se rompen tan temprano,… tendrían que caerles muchas lluvias todavía, desteñirse y caerse aún mucha hojarasca del otoño, agobiar con sus calores muchas noches del estío, emerger muchas lunas de plata tras las sombras, hablar y rogar a las estrellas lo imposible, esperar en vano las ilusiones que no llegan con la aurora, necesitar esos crepúsculos marinos, para ahuyentar algunas sombras pertinaces, congelarse las palabras y los sueños por el frío, soñar sin dormir muchos happy end, llegar a incendiarse tras la pirotecnia y la alegría muchas Babilonias…Y perder, siempre perder, aspirando ganar unas tantas veces,… todavía…

Barcelona, septiembre 2008.

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13
abr
10

LIFE IN MONO

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LIFE IN MONO
(Mono)

Mono son Martín Virgo y Siobhan Di Mare, una fusión experimental del pasado y el futuro, Martín, músico fue creando este tema pop que bien encajaría en ciertos filmes franceses y nostálgicos de los años 60, el dúo dio a conocer “Life in Mono” en 1996. (un vídeo de la serie “L Word”, en donde suena el tema)

MÁS VIDEOS MUSICALES EN ESTE ENLACE:

http://macpik2.wordpress.com/category/mi-musica-preferida/

 

13
abr
10

DONDE HABITE EL OLVIDO

Donde habite el olvido
(Por Luis Cernuda)

I

Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo solo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.

En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

Allá donde termine ese afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.

Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.

13
abr
10

MOON OVER BOURBON STREET

 MOON OVER BOURBON STREET
La Luna Sobre La Calle Borbón
(STING)

Este tema de Sting es uno de mis favoritos, que incluye en su álbum: “The Best of Sting: Field Of Gold 1984-1994″. Aquí está acompañado de Chris Botti, afamado trompetista norteamericano, más bien de música intimista y del Smooth Jazz, en una presentación el fatídico 11 de septiembre del 2001.

13
abr
10

ENCUENTROS AFORTUNADOS

ENCUENTROS AFORTUNADOS
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar.)

Es cierto que conforme avanzan los años la sabiduría aumenta, no lo he dicho, ni inventado yo, pero es esa especie de respuestas que vamos teniendo a lo largo de esta vida, las que de alguna manera parecen ir respondiéndose por sí mismas, una especie de comprobación y prerrogativa que nos otorga la vida. Si antes teníamos la pregunta cuya interrogante parecía llegar hasta el infinito por el ansia misma de saber su por qué, después de ya no aspirar nada y ni siquiera anhelarlo, de pronto, después de los años, se asoma esa luz y llega una súbita comprensión, una gran verdad que alcanzamos a vislumbrar.

Si en la Biblia, Jesús nos deja patente que el Amor lo es todo y sin amor no somos nada. En nuestro trajinar por esta vida, un día y otro, vivimos por vivir, nos relacionamos, salimos con amores, pero ninguna experiencia es tan significativa como aquella de encontrarnos con “el amor de nuestra vida”, curiosa expresión, que por fortuna no se queda fuera de nuestra epidermis, sino que alcanza a cambiar por completo toda nuestra existencia, y la visión más profunda de nuestra vida, en consonancia con un algo que abarca mucho más allá de nosotros y lo es todo, lo inconmensurable, que es capaz de emocionarnos, tocando la fibra mas sensible de nuestro ser, uniéndonos casi con hilos invisibles al Universo, la luna y las estrellas, convirtiéndonos en ese ser cósmico que palpita y siente al unísono de un todo integrado, capaz de cobrar vida y razón de ser. Ese algo que además nos transmite felicidad, un estado de gracia, que nos confiere un halo de belleza, armonía y frenesí, que al parecer no son elementos normales de este mundo mal sano, contaminado e injusto, con el cual nos hallamos a diario en nuestros noticieros y acostumbramos a ver con un cierto rasgo “masoca” y hasta de deliberada satisfacción, en nuestras horas de relax, vaya manera de pasar el tiempo. Que triste destino el nuestro.

Si Dios existe sin haberlo visto, al parecer el amor existe si creemos en él, pero no basta con creer únicamente en el, puesto que siendo algo subjetivo, cada cual alberga su propia idea de lo que es, quizás la única certeza de esta experiencia con categoría de válida sea el encuentro con “un gran amor”.

Creo en cierto género de amores diversos, por ejemplo el que Don Quijote de la Mancha profesa por Dulcinea del Toboso, esta ligado a un proceso muy racional, a una fidelidad de caballero, a una cierta lealtad, producto de sus propias elucubraciones; no así el de Gustavo Adolfo Bécquer, que es más bien un amor típico y sentimental, pero en este caso enmarcado en la clasificación de platónico e irrealizado, capaz de hacer sufrir de verdad las más grandes torturas, diferente en cierta medida al gran amor que se profesaran Abelardo y Eloisa, cuya pasión física es innegable, y los posteriores intentos de él por sublimar esa pasión hasta el grado de una exaltación con tintes espirituales, por una trágica e impuesta imposibilidad de realizarse, que rodea sus propias circunstancias.

De cualquier modo, el hallazgo único que admite una marcada diferencia a todas las demás es y será por siempre el encuentro con nuestro “gran amor”, sublime don al que no todo el género humano tiene la gracia de acceder. Morirse después de tal gracia y después de haber sido tocado por su influjo, podría ser el mayor y más grande aprendizaje de un mortal, que ha sido transformado hacia el conocimiento de una gran verdad: el Amor. Después de cuya experiencia suprema y a falta de tan excelsa motivación , ya nada puede ser igual en nuestra vida, y aún peor, ya nada significará lo mismo, todo lo demás estará desprovisto de ese contenido y será vacío, gris, insustancial y carente de ese “todo” que le imprime el Amor.

Por tanto, sintámonos afortunados aún habiendo perdido finalmente a un gran amor, porque en definitiva ya nuestra mirada nunca volverá a ser la misma, porque como diría Voltaire “el amor empieza en los ojos” y no hay un gran amor que no se haya revelado a nuestra mirada. Metafóricamente también la visión del mundo habrá cambiado para siempre en nosotros después de nuestro conocimiento del Amor, siempre habrá un antes y un después.

Definitivamente los que hemos sobrevivido a la pérdida de un gran amor y hemos vuelto a sonreír, podemos decir que aún hay vida después de un gran amor.

Barcelona, 6 de mayo de 2006.

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13
abr
10

YA VAGUÉ POR LAS CALLES BULLICIOSAS

Ya Vagué por las Calles Bulliciosas
(Por Alexander Pushkin)

Ya vague por las calles bulliciosas,
ya penetre en el templo populoso,
ya me rodeen alocados jóvenes,
en mis ensueños sigo estando absorto.

Me digo: pasarán raudos los años
y por muchos que aquí nos encontremos,
todos iremos a la eterna fosa
y para alguno ya llegó su tiempo.

Cuando contemplo el roble solitario,
este patriarca de los bosques -pienso-
sobrevivió al cruel siglo de mis padres
y sobrevivirá a este siglo nuestro.

Cuando acaricio a una tierna criatura
pienso que es hora ya de despedirme:
te cedo el puesto, florecer te toca,
y para mí ya es hora de pudrirme.

Cada día que pasa, cada hora,
me he acostumbrado a ejercitar la mente,
e intento adivinar cuál de entre ellos
será el aniversario de mi muerte.

Y ¿dónde me enviará la muerte el Hado?
¿En la guerra, en el mar, como viajero?
¿O si acaso será el valle vecino
el que reciba mis helados restos?

Y aunque para mi cuerpo inanimado
dónde se descomponga igual le sea,
yo, más cercano a mi solar querido,
de ser posible, reposar quisiera.

Y que a la entrada misma de mi tumba
una juvenil vida jugar pueda,
y que Naturaleza indiferente
con su eterna hermosura resplandezca.

13
abr
10

THE WOMAN PASSENGER

THE WOMAN PASSENGER
(La Pasajera)

Película sobre la vida lesbiana de la poetisa chilena Grabriela Mistral y su secretaría y albacea personal, la norteamericana Doris Dana. Film cuya realización estuvo a cargo de Francisco Casas quien junto a Pedro Lemebel, mostraron en Youtube un adelanto sobre dicho film, que inicialmente tuviera el respaldo económico de México, para finalmente retirarle su apoyo por razones políticas.

Parte de esta película está basada en la ocurrencia de Dana de grabar en cintas magnetofónicas, sus momentos con la Premio Nobel chilena, de una vida compartida en común durante sus últimos 10 años de vida en Estados Unidos. El diálogo es interesante, desde recordar el septimo aniversario de conocerse, hasta el fragmento epistolar de la poetisa Gabriela Mistral, al confesarle a Doris Dana: “Cuando tu vuelvas si es que vuelves, no te vayas enseguida. Yo quiero acabarme contigo y quiero morirme en tus brazos” (fragmento de una carta de la poetisa chilena a Doris Dana en diciembre de 1948)…Un hecho controvertido y mantenido en secreto durante más de 40 años y valiente de parte de los realizadores del proyecto, tanto de esta película como de rescatar las charlas de la poetisa y Dana, ahora digitalizado en 46 CD’s. Un asunto que empieza a ser asumido por los chilenos.

13
abr
10

ESA ES TU PENA

ESA ES TU PENA
(Por Olga Orozco)

Esa es tu pena.
Tiene la forma de un cristal de nieve que no podría existir si no existieras
y el perfume del viento que acarició el plumaje de los amaneceres que no vuelven.
Colócala a la altura de tus ojos
y mira cómo irradia con un fulgor azul de fondo de leyenda,
o rojizo, como vitral de insomnio ensangrentado por el adiós de los amantes,
o dorado, semejante a un letárgico brebaje que sorbieron los ángeles.
Si observas al trasluz verás pasar el mundo rodando en una lágrima.
Al respirar exhala la preciosa nostalgia que te envuelve,
un vaho entretejido de perdón y lamentos que te convierte en reina del reverso del cielo.
Cuando la soplas crece como si devorara la íntima sustancia de una llama
y se retrae como ciertas flores si las roza cualquier sombra extranjera.
No la dejes caer ni la sometas al hambre ni al veneno;
sólo conseguirías la multiplicación, un erial, la bastarda maleza en vez de olvido.
Porque tu pena es única, indeleble y tiñe de imposible cuanto miras.
No hallarás otra igual, aunque te internes bajo un sol cruel entre columnas rotas,
aunque te asuma el mármol a las puertas de un nuevo paraíso prometido.
No permitas entonces que a solas la disuelva la costumbre,
no la gastes con nadie.
Apriétala contra tu corazón igual que a una reliquia salvada del naufragio,
sepúltala en tu pecho hasta el final,
hasta la empuñadura.”

SI LA CASUALIDAD ES LA MÁS EMPEÑOSA JUGADA DEL DESTINO…

Si la casualidad es la más empeñosa jugada del destino,
alguna vez podremos interrogar con causa a esas escoltas de genealogías
que tendieron un puente desde tu desamparo hasta mi exilio
y cerraron de golpe las bocas del azar.
Cambiaremos panteras de diamante por abuelas de trébol,
dioses egipcios por profetas ciegos, garra tenaz por mano sin descuido,
hasta encontrar las puntas secretas del ovillo que devanamos juntas
y fue nuestro pequeño sol de cada día.
Con errores o trampas, por esta vez hemos ganado la partida.

16
feb
10

LO TRISTE Y LO BELLO


LO TRISTE Y LO BELLO
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

El otro día divagábamos tú y yo sobre cuestiones patentes que parecen embargar a ciertos escritores y artistas, la condición de una tristeza intrínseca, que va a conformar ese lado oscuro que nutre el espíritu de estos artífices del arte. Me incluiste en aquel grupo y me di por satisfecha y honrada, por no poder negar lo evidente, lo que está marcado a fuego en mi ser, mi auténtico dark Style, como impulso natural, casi ciego y recurrente para poder crear y mi naturaleza de apariencia poco feliz, que choca según tú, con mis supuestos logros y que daban la evidencia de alguien más bien poco fiel a su realidad cotidiana, siendo en esencia, antes que gris, afortunada.

A propósito del suicidio del joven y talentoso escritor David Foster Wallace, hace pocos días y que ha sorprendido y conmocionado al sector de las letras, hecho anticipado de una pulsión suicida, razón por la que fuera ingresado años antes en una clínica; tampoco será casual que su obra no esté exenta de amargura y tristeza. Después, me fue inevitable traer a colación a otras personalidades dispares, afamados escritores, inconformes e iconoclastas, pero con el mismo fondo arraigado en el alma, todos ellos suicidas por vocación, en cierto modo malditos y desencantados con su realidad. Entre la larga lista de los tristemente célebres están desde: Lucio Séneca, Ernest Hemingway, el dramaturgo alemán Heinrich Von Kleist, la suiza de origen, adoptada argentina: Alfonsina Storni y el escritor uruguayo Horario Quiroga; Yukio Mishima y Yasunari Kawabata, ambos japoneses y grandes amigos durante 25 años, con una gran devoción por la belleza y una gran atracción hacia la muerte; Mishima murió con su amante homosexual, Masakatsu Morita, en el mismo ritual suicida del Seppuku; el escritor italiano Cesare Pavese, la inglesa y no menos afamada Virginia Woolf, la escritora norteamericana Sylvia Plath, tanto como la escritora alemana Unica Zürn, estas tres últimas compartieron una misma razón de suicidio, el miedo a la locura inminente; la poeta argentina Alejandra Pizarnik, El escritor Leopoldo Lugones, el francés Guy de Maupassant, el suizo Stefan Sweig, el poeta galo Gerard de Nerval, entre otros muchos que engrosan la lista negra de escritores célebres suicidas ; todos ellos con el mismo leit motiv, de llevar la temible letanía del lado oscuro hasta el final. El mismo Hemigway reconociendo la naturaleza inevitable de la muerte habría expresado alguna vez: “La muerte es una prostituta que se acuesta con todo el mundo”. El escritor español Enrique Vila-Matas en su interesante y sugestivo libro: “Suicidios Ejemplares” nos describe más bien esa clase de suicidios a los que todos alguna vez sucumbimos, un recorrido moral sobre la muerte infligida por uno mismo y una suerte de suicidios que nos son inevitables.

Intentando encontrar razones me acerqué al libro “Contra la felicidad” de Eric G. Wilson, que une un estrecho parentesco entre psicología y literatura y hace una defensa a ultranza de la melancolía, como una fuerza vital y un motor para la creación, de donde cabalmente al parecer surge lo bello y lo profundo.

Wilson afirma la necesidad de la melancolía, como musa para la buena literatura, pintura y música, menciona a los afamados: Goya, Emily Dickinson, Marcel Proust y Abraham Lincoln, como grandes melancólicos incuestionables, y sostiene que espíritus como estos fueron los verdaderos artífices para avanzar la cultura y cuestiona más bien una cierta obsesión por la alegría e innegable hipocresía por el afan de demostrar bienestar a toda costa, dándonos el antídoto para terminar por aceptar nuestros momentos bajos, que no está precisamente en las llamadas “píldoras de la felicidad“ tipo Prozac, con sus activos de fluoxetina, paroxetina y venlafaxina, que más de 40 millones de personas toman hoy en día, para coadyuvar y soportar mejor ciertos duelos, desamores, fracasos, soledades, angustias y fobias de varios tipos, llevados por la depresión y el desaliento.

Ser feliz es un concepto difícil de elaborar, lo triste y todo cuanto engloba algún drama, se corresponde más cercanamente con nuestra realidad intrínseca, se puede ser feliz por momentos, lo utópico sería permanecer feliz toda una vida y sin altibajos, en cambio la tragedia humana, se circunscribe en cada rincón de la vida cotidiana, en todas las artes, parece ser un arquetipo de fondo, de lo bello y lo profundo, no necesariamente el único desde luego. El escritor Inglés Aldous Huxley en “Un Mundo Feliz”, nos recrea una sociedad plena, feliz y satisfecha, rayana en lo utópico, aunque su novela no deja de ser ambigua e irónica, revela un mundo en permanente felicidad y carente de problemas. No así abunda en la literatura universal, el elemento dramático por excelencia, sin duda es aquel que cala más hondo y parece mover al mundo del arte, desde luego, es producto de una realidad sincrética indisoluble. Para Goethe la felicidad es un ideal plebeyo. El filósofo español Gustavo Bueno, le llamó a ese sector de seres de apariencia feliz y que parecen eternizar el estado fugaz de la felicidad “la sociedad del mercado pletórico”, reconoce no obstante en su libro “El Mito de la Felicidad”, que la felicidad es el estado de ánimo más anhelado a lo largo de la historia de la humanidad.

El filósofo renacentista italiano Marsilio Ficino, defendió su óptica sobre la melancolía, definiéndola como una característica del genio creador y literato. Así mismo afirmaba Aristóteles en una de sus obras: “No comprendo por qué todos los hombres geniales son melancólicos”. La Doctora Georgina Montemayor del Departamento de Anatomía de la UNAM expresa:”En sus inicios, el amor deviene en una obsesión de tales dimensiones que las personas dejan de ser productivas (…) de hecho las grandes obras de arte nunca se crearon cuando los autores estaban apasionados, sino después, en el proceso del desamor”.

Bartra, escritor mexicano, en su libro “El Siglo de Oro de la Melancolía” expresa que en aquella época, la melancolía era razón de grandes discusiones, pues se le confería ciertos atributos, era una esperanza peligrosa pero atractiva, para alcanzar la prudencia y el ingenio y fue por entonces razón de grandes discrepancias galénicas entre Velásquez y Huarte sobre dicho humor negro. En cambio Bright en su “Tratado de la Melancolía”, la califica de nefasta, dice sin embargo: “La melancolía fue ciertamente un sistema coherente capaz de dar sentido al sufrimiento y al desorden mental; proporcionó un medio de comunicar los sentimientos de soledad y una manera de expresar la incomunicación”.

La literatura está plagada de dramas humanos y cotidianos, la tristeza de Herman Melville en su Moby Dick, el escritor norteamericano de un best seller, Percy Walker, aborda ese lado oscuro en “El Síndrome de Tanatos”, la sugestiva y reiterada presencia de aquella denominada por Berlioz: Idée Fixe, que ronda sin cesar el cerebro humano. León Tolstói en las primeras páginas de Ana Karenina escribe: “Todas las familias dichosas se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera…”

Al parecer en cierto modo el éxtasis melancólico es tenido en cuenta para hacer estallar la creatividad, por tocar ciertas fibras sensibles y ayudar al artista y creador a zambullirse en las profundidades de su lado más oscuro, donde se esconde todo aquello que se calla y lo atormenta y es incapaz de aflorar en estados de bienestar y cierta felicidad.

Para vivir yo necesito reír y pasármelo bien, experimentar con mi parte lúdica, acudiendo al llamado constante de mi niña interior, ya lo sabes; para escribir necesito en cambio, que me inunde otra sustancia más gris. Pero para terminar yo me quedo con la frase de Schulz: La felicidad es una canción triste, definitivamente.

Barcelona, 15 de Octubre de 2008.

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16
feb
10

LA BELLEZA

Este es un tema interesante y precioso para la reflexión, que la cantante española Marta Sánchez incluyó en su álbum “Los Mejores Años de Nuestra Vida: Greatest Hits” el 2001. Lo comparto con ustedes. NOTA: SI NO SE VE ESTE VIDEO PINCHA EL ENLACE:

http://macpik.blogspot.com/2009/02/la-belleza.html#links

16
feb
10

MORÍ POR LA BELLEZA

Morí por la Belleza
(Por Emily Dickinson)
versión de Irene Gruss

Morí por la Belleza, pero apenas
acomodada en la tumba,
Uno que murió por la Verdad yacía
En un cuarto contiguo.

Me preguntó en voz baja por qué morí.
-Por la Belleza -repliqué.
-Y yo -por la Verdad- Las dos son una.
-Somos Hermanos -dijo.

Y así, como Parientes, reunidos una Noche
Hablamos de un cuarto a otro
hasta que el Musgo alcanzó nuestros labios
y cubrió nuestros nombres.

16
feb
10

LUCÍA

LUCÍA
(Pasión Vega)

Esta es una bella canción del cantautor español Joan Manuel Serrat, cantada por Pasión Vega, en una entrevista a Serrat, del exquisito, interesante y buen programa “La Noche Abierta” que dirigía tan acertada e inteligentemente, Pedro Ruíz, en la 2 de Televisión Española. Carátula de su álbum “Pasión en el Maestranza” en donde incluye este single.

16
feb
10

NADA


NADA
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Después de unas pocas copas en aquel bar de Rocafort de L’eixample, me embargó una especie de somnolencia de las que suelen propiciarme los licores espirituosos y efervescentes, esas bebidas a las que recurro con cierto placer en ocasiones contadas, porque su milagro es transportarme con velocidad de sprint hacia algunos mundos lejanos, cuyas rutas desconozco y a cuyas puertas parezco llegar sin dilación ni obstáculos. Me es increíblemente seductor el hecho de poder desaparecer de allí sin haberme movido un centímetro, será por esto que a mi los bares de copas me llaman un tanto la atención, por ser en cierto modo prohibidos para los débiles, alucinantes, y por pertenecer a ese tipo de viajeras divagantes, que ansían con cierta deliberación traspasar esos caminos y franquear esas puertas prohibidas. Al parecer hasta aquellos suspiros ebrios, burbujeantes y trémulos, que suele provocarme el alcohol, son un síntoma inequívoco de haberme llegado a la testa, que sus efectos, en mi caso, hasta mefíticos de ceniza y gas, son razón de una fuga necesaria y en el mayor de los casos, —lo he supuesto yo—, hasta eficaz para mi vida. Ser muy conciente de sí misma, de cada acto, de cada palabra y momento, resulta a veces agotador y este tipo de fugas, me parecen el mejor pasaporte para explorar otras realidades o por lo menos el placer de realizar una expedición súbita, no premeditada, preñada de sorpresas, que propulsa a poder reírse de sí misma con cierto espíritu deportivo y siempre en plan de quitarle hierro a cualquier asunto serio que pueda ser o parecerlo. Puede surgir no obstante, el único peligro que he llegado a conocer en un bar de copas, embriagarse también de una cierta melancolía y llegar a tocar una especie de exquisito malestar por esta razón, la persecución de ese signo pretérito y recóndito y las escaramuzas que tengamos que lidiar aún se ven aflorando entonces con una cierta facilidad, pero creemos eludirlos por otros dédalos, atravesando otras puertas, otros laberintos y accesos perentorios, hasta lograr ver algún parpadeo de luz al final de tan intrincado túnel, o no verla hasta sumirnos en la completa oscuridad.

Al salir del bar una suele encontrarse en alguna encrucijada de calles anodinas y borrosas parecidas a los sueños, a veces te ves tomando una de ellas y es la correcta y otras no. Aún con excesiva conciencia de sí misma y un anhelo ferviente de hacer las cosas bien, equivocarse de calle e ir descubriendo más tarde que aquella no debió ser tu ruta, puede ser lo normal. Pero lo ves como un flashback, te vuelves a ver en aquella encrucijada, pero algo te dice que el destino o el azar han prefijado tu camino y hasta te sientes capaz de sobrellevar ese destino sobre los hombros…Es una mera resignación. ¿Quién quiere cargar esa cruz?… Nadie.

A mi esas escaramuzas me han azotado como sucesivas ráfagas de un pretérito, que te quitan el aire y el aliento, su brillo submarino te va robando el fascinante cromatismo de los días, lo decía la escritora Patricia Highsmith en “El Talento de Mister Ripley”: “No desearíamos guardar el dolor para la luz del día”, por ello quizás nos adentramos en el museo de cera de la memoria, vamos hacia sus oscuras profundidades, a realizar ciertas reconstrucciones imposibles, hasta hallarnos quizás como estatuas derribadas de nosotros mismos, seres de postguerra y escaramuzas libradas a solas y a conciencia, para descubrirnos después entre las sombras de lo que ya no existe, tras la ausencia de todo: la nada.

Sin embargo allí parece afirmarse y cobrar vida el resplandor tenaz de una cierta esperanza, creyendo que algo permanecerá, un mechón de pelo, una foto desvaída, unos átomos en la habitación donde exhalamos nuestro último aliento, el encuentro con un regalo inesperado y olvidado casi por el tiempo y la memoria, una luz desencantada en la mirada, hasta quedar quizás con un aire melancólico y una vaga constricción, retomar la conciencia de andar nuestros propios pasos, de seguir a nuestra propia sombra cada noche y sin querer tener ya un humor sardónico, casi despectivo e irónico de lo que fue o pudo ser.

Algunas veces he preferido quedarme en la estación espacial de la luna, donde los recuerdos son vagamente luminosos, donde te asaltan los dilemas si fue ayer o nunca fue, donde al parecer no había pasado nada, donde una memorable nada bañaba su atmósfera y donde parece alzarse de las profundidades, una gran marea, como si se hubiese removido algo ahí abajo…Y cuando me veo andando como si nada, y siento la gran indiferencia del mundo, sé que nos ha invadido y vencido irremediablemente el peso del tiempo y de la nada.

Barcelona, septiembre, 2008

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16
feb
10

EL CAMINO NO ELEGIDO

El camino no elegido
Por Robert Frost
(Traducción: María Fernanda Celtasso)

Dos caminos se bifurcaban en un bosque amarillo,
Y apenado por no poder tomar los dos
Siendo un viajero solo, largo tiempo estuve de pie
Mirando uno de ellos tan lejos como pude,
Hasta donde se perdía en la espesura;

Entonces tomé el otro, imparcialmente,
Y habiendo tenido quizás la elección acertada,
Pues era tupido y requería uso;
Aunque en cuanto a lo que vi allí
Hubiera elegido cualquiera de los dos.

Y ambos esa mañana yacían igualmente,
¡Oh, había guardado aquel primero para otro día!
Aun sabiendo el modo en que las cosas siguen adelante,
Dudé si debía haber regresado sobre mis pasos.

Debo estar diciendo esto con un suspiro
De aquí a la eternidad:
Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo,
Yo tomé el menos transitado,
Y eso hizo toda la diferencia.

16
feb
10

SORRY SEEM TO BE THE HARDEST WORD

SORRY SEEM TO BE THE HARDEST WORD
Lo Siento Parece Ser La Palabra Más Dificil
(Blue & Elton John)

Este es un lindo tema de Elton John, que el cuarteto británico Blue interpretó e incluyó por primera vez el 2002 en su álbum “Blue One Love” (Un Amor Azul). Aquí El Grupo Blue y Elton John lo interpretan juntos de manera impecable. Comparto este gran e inolvidable tema.

SORRY SEEM TO BE THE HARDEST WORD
Lo Siento Parece Ser La Palabra Más Dificil
(Blue & Elton John)

Este es un lindo tema de Elton John, que el cuarteto británico Blue interpretó e incluyó por primera vez el 2002 en su álbum “Blue One Love” (Un Amor Azul). Aquí El Grupo Blue y Elton John lo interpretan juntos de manera impecable. Comparto este gran e inolvidable tema.

16
feb
10

LA CONQUISTA DE LAS SOMBRAS

LA CONQUISTA DE LAS SOMBRAS
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Otro otoño septentrional que se inicia. Se terminaron las luces iridiscentes, los resplandores pálidos teñidos de amarillos, después del ámbar crepuscular de las tardes extenuantes y adormecidas de memorias levemente tristes y tortuosas. La virulencia dañina de las horas impasibles e inevitablemente detenidas, hasta la espera del ocaso mas bien, plácido y tranquilo y algo más fresco que las mañanas o las primeras horas de la sobremesa. Se terminaron esos días, llegaron los matices fríos. 

Barcelona pinta de azul, ese azul frío de la niebla, del hielo, de las primeras sombras grises, que van tiñendo y transformando a simples tonos fríos toda la amplia gama de una paleta de colores del espectro solar, para quedarse en un celeste gris que terminó por espantar a las golondrinas primaverales, que echaron a volar alzando su vuelo hacia otra primavera, hacia otras latitudes, donde seguramente florecen y empiezan a germinar nuevas esperanzas, nuevas posibilidades por llegar a ser. Desde luego, no oír ya el canto de aquellas alegres aves, me devuelve hacia el silencio de los campos verdes, el sonido del follaje de las hojas de los árboles, mecidas por las primeras ventiscas otoñales, donde seremos espectadores mudos y tranquilos, de la muerte verdusca y primaveral de aquella naturaleza, para vestirse de hojarasca y convertirse más bien en un simil de naturaleza muerta, disfrazando los humores y los días de un gris azulino como el humo, que tiende a difuminarse en la nada, para darnos la certeza pétrea y espectral de una ciudad que se levanta, tras el bosque de factorías de concreto y chimeneas; noción de su supuesto progreso y su adelanto.

Me sobrecoge un exquisito malestar muy propio de las horas grises, de aquellos trabajos azules, parecidos a los sueños que hay que defender en nuestra memoria, para convertir más tarde en detalles factuales y creativos de nosotros mismos. La inclemencia de las horas frías acompañadas de las solitarias cogitaciones filosóficas, que agrandan la vida y la hacen más intensa o más profunda, desde el fondo mismo de nuestra mirada, para terminar haciendo de las vagas curiosidades, dudosas e imprecisas razones, axiomas más bien preñados de complicidades tácticas, sustanciales y rotundos.

Creo en parte como Schelling, que es un acierto atribuirle a la existencia humana una tristeza fundamental, ineludible, donde se apoya la conciencia y el conocimiento y donde suele basarse en este fundamento sombrío toda percepción, aún más, él sostenía la tesis que el pensamiento es estrictamente inseparable de “una profunda e indestructible melancolía”. Digamos que la Cosmología actual ofrece una analogía a sus ideas, ya que aquella onda cósmica de longitudes inexorables, huellas del “Big Bang“, del nacimiento del universo, podrían llegar a ser “el ruido de fondo”, de todo cuanto hay por desarrollar internamente en nuestra conciencia y conocimiento como parte de un viaje interior. Como dijera “Jacob Von Gunten“, en la novela del mismo nombre de Robert Walser: “Tan sólo el recuerdo de una tarde de invierno, la nieve sobre las tumbas verticales, el movimiento perpetuo y la constancia del viaje interior en uno mismo, la expedición hacia el fin de la noche y el deseo de viajar sin retorno”, son parte de los seres imbuidos en esa nada, que aspiran a conocerse a sí mismos, pese al hiperrealismo en el que desemboca la vida y a pesar de la suave e imperceptible conquista de las sombras del otoño, el frío  tan gris  barnizado de  un azul pálido como la luna gélida, que implorando por un poco de calor se muere,  como los gatos callejeros por las frías heladas de las noches inclementes y caóticas .

Barcelona, 22 de septiembre 2008.

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16
feb
10

A UNA JOVEN ITALIANA

A UNA JOVEN ITALIANA
(Por Théophile Gautier)

Aquel mes de febrero tiritaba en su albura
de la escarcha y la nieve; azotaba la lluvia
con sus rachas el ángulo de los negros tejados;
tú decías: ¡Dios mío! ¿Cuándo voy a poder
encontrar en los bosques las violetas que quiero?
Nuestro cielo es llorón, en las tierras de Francia
la estación es friolera como si aún fuera invierno,
y se sienta a la lumbre; París vive entre fango
cuando en tan bellos meses ya Florencia desgrana
sus tesoros que adorna un esmalte de hierba.
Mira, el árbol negruzco su esqueleto perfila;
se engañó tu alma cálida con su dulce calor;
no hay violetas excepto en tus ojos azules,
y no hay más primavera que tu rostro encendido.

16
feb
10

DON’T SPEAK

DON’T SPEAK
(NO HABLES)
(No Doubt)

Banda californiana de Anaheim. El grupo formado por John Spence, Tony Kanal, Eric Stefani y la voz de su hermana Gwen Stefani. En el 87 se suicida John Spence, pero la banda sigue en un estilo que retorna al sonido del Ska británico y el punk. El grupo logra consagrarse con su tercer sercillo “Don’t Speak”. El single se basa en la ruptura sentimental de Stefani y el bajista Kanal, de origen hindú. Creo que sus mejores temas están en “Return of Saturn” editado el 2000. Posteriormente la cantante Gwen Stefani logra imponerse como solista con otros temas. NOTA: SI NO SE ABRE ESTE VIDEO PINCHA ESTE ENLACE:

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NO HABLES (Traducción del Inglés)
(No Doubt)

Tú y yo
Solíamos estar juntos
Todos los días siempre juntos
De verdad que siento
Que estoy perdiendo a mi mejor amigo
No puedo creer
Que esto pueda ser el fin
Parece como si lo quisieras dejar
Y si es cierto
Bueno, no quiero saberlo

No hables
Ya sé lo que estas diciendo
Así que por favor deja de dar explicaciones
No me lo digas porque duele
No hables
Sé lo que estás pensando
No necesito tus razones
No me lo digas porque duele

Nuestros recuerdos
Bueno, pueden ser tentadores
Pero algunos son
Terriblemente aterradores
Mientras morimos, tú y yo
Con mi cabeza en mis manos
Me siento y lloro

No hables
Ya sé lo que estas diciendo
Así que por favor deja de dar explicaciones
No me lo digas porque duele (no, no, no)
No hables
Sé lo que estás pensando
No necesito tus razones
No me lo digas porque duele

Todo está acabando
Debo dejar de fingir quienes somos…
Tu y yo, puedo vernos morir… ¿lo estamos?

No hables
Ya sé lo que estas diciendo
Así que por favor deja de dar explicaciones
No me lo digas porque duele (no, no, no)
No hables
Sé lo que estás pensando
No necesito tus razones
No me lo digas porque duele
¡No me lo digas porque duele!
Ya sé lo que estas diciendo
Así que por favor deja de dar explicaciones

No hables,
No hables,
No hables,
Oh, sé lo que estás pensando
Y no necesito tus razones
Sé que eres bueno,
Sé que eres bueno,
Sé que eres realmente bueno,
Oh, la la la la la la La la la la la la
No, no, uh-huh silencio, silencio cariño
Silencio, silencio cariño, silencio, silencio
No lo digas, porque duele
Silencio, silencio cariño, silencio, silencio cariño
Silencio, silencio, no lo digas, porque duele

16
feb
10

VOLVIMOS A NACER


VOLVIMOS A NACER
(Gabriel García Márquez en la ciudad de Cartagena de Indias. )

No tenía la menor idea del significado ni el origen de esa frase ni hacia dónde debía conducirme; lo que hoy sé es que no dejé de escribir ni un solo día durante 18 meses hasta que terminé el libro. Parecerá mentira, pero uno de mis problemas más apremiantes era el papel para la máquina de escribir; tenía la mala educación de creer que los errores de mecanografía, de lenguaje o de gramática eran en realidad errores de creación y cada vez que los detectaba rompía la hoja y la tiraba al canasto de la basura para empezar de nuevo. Con el ritmo que había adquirido en un año de práctica, calculé que me costaría unos seis meses de mañana diarias para terminar.

(Por Gabriel García Márquez)

Esperanza Araiza, la inolvidable Pera, era una mecanógrafa de poetas y cineastas que había pasado en limpio grandes obra de escritores mexicanos, entre ellos “La región más transparente”, de Carlos Fuentes; “Pedro Páramo”, de Juan Rulfo, y varios guiones originales de don Luis Buñuel. Cuando le propuse que me sacara en limpio la versión final, la novela era un borrador acribillado de remiendos, primero en tinta negra y después en tinta roja para evitar confusiones, pero eso no era nada para una mujer acostumbrada a todo en una jaula de locos. Pocos años después Pera me confesó que, cuando llevaba a su casa la última versión corregida por mí, resbaló al bajarse del autobús con un aguacero diluvial y las cuartillas quedaron flotando en el cenegal de la calle; las recogió empapadas y casi ilegibles con ayuda de otros pasajeros y las secó en su casa, hoja por hoja, con una plancha de ropa.

Lo que podría ser motivo de otro libro mejor es cómo sobrevivimos Mercedes y yo con nuestros dos hijos durante ese tiempo en que no gané ningún centavo por ninguna parte, ni siquiera sé cómo hizo Mercedes durante esos meses para que no faltara ni un día la comida en la casa. Habíamos resistido a la tentación de los préstamos con interés hasta que nos amarramos el corazón y emprendimos nuestras primeras incursiones al Monte de Piedad. Después de los alivios efímeros con ciertas cosas menudas, hubo que apelar a las joyas que Mercedes había recibido de sus familiares a través de los años. El experto las examinó con un rigor de cirujano, pasó y revisó con su ojo mágico los diamantes de los aretes, las esmeraldas del collar, los rubíes de las sortijas y al final nos los devolvió con una larga verónica de novillero: “”Todo esto es puro vidrio”.

En los momentos de dificultades mayores, Mercedes hizo sus cuentas astrales y le dijo a su paciente casero sin el mínimo temblor en la voz: “”Podemos pagarle todo junto dentro de seis meses”. “”Perdone, señora -le contestó el propietario-, ¿se da cuenta de que entonces será una suma enorme?” “Me doy cuenta -dijo Mercedes impasible-, pero entonces lo tendremos todo resuelto. Esté tranquilo”. El buen licenciado, que era un alto funcionario del Estado y uno de los hombres más elegantes y pacientes que habíamos conocido, tampoco le tembló la voz para contestar: “”Muy bien, señora, con su palabra me basta”, y sacó sus cuentas mortales: “”La espero el 7 de septiembre”.

Por fin, a principios de agosto de 1966, Mercedes y yo fuimos a la oficina de correos de la ciudad de México para enviar a Buenos Aires la versión terminada de Cien años de soledad, un paquete de 590 cuartillas escritas a máquina a doble espacio y en papel ordinario y dirigidas a Francisco Porrúa, director literario de la Editorial Sudamericana. El empleado del correo puso el paquete en la balanza, hizo sus cálculos mentales y dijo: “”Son 82 pesos”. Mercedes contó los boletos y las monedas sueltas que le quedaban en la cartera y se enfrentó a la realidad: Sólo tenemos 53. Abrimos el paquete, lo dividimos en dos partes iguales y mandamos una a Buenos Aires, sin preguntar siquiera cómo íbamos a conseguir el dinero para mandar el resto. Sólo después caímos en la cuenta de que no habíamos mandado la primera sino la última parte, pero antes de que consiguiéramos el dinero para mandarla ya Paco Porrúa, nuestro hombre en la Editorial Sudamericana, ansioso de leer la primera mitad del libro nos anticipó dinero para que pudiéramos enviarlo. Fue así como volvimos a nacer en nuestra vida de hoy. Muchas gracias.

Texto leído por GGM, durante la inauguración del cuarto Congreso Internacional de la Lengua Española, en Cartagena de Indias, Colombia.

16
feb
10

DESEANDO MORIR

DESEANDO MORIR
(Por Anne Sexton)
Traducción: Griselda García

Ahora que lo preguntas, la mayor parte de los días no puedo recordar.
Camino vestida, sin marcas de ese viaje.
Luego la casi innombrable lascivia regresa.

Ni siquiera entonces tengo nada contra la vida.
Conozco bien las hojas de hierba que mencionas,
los muebles que has puesto al sol.

Pero los suicidas poseen un lenguaje especial.
Al igual que carpinteros, quieren saber con qué herramientas.
Nunca preguntan por qué construir.

En dos ocasiones me he expresado con tanta sencillez,
he poseído al enemigo, comido al enemigo,
he aceptado su destreza, su magia.

De este modo, grave y pensativa,
más tibia que el aceite o el agua,
he descansado, babeando por el agujero de mi boca.

No se me ocurrió exponer mi cuerpo a la aguja.
Hasta la córnea y la orina sobrante se perdieron.
Los suicidas ya han traicionado el cuerpo.

Nacidos sin vida, no siempre mueren,
pero deslumbrados, no pueden olvidar una droga tan dulce
que hasta los niños mirarían con una sonrisa.

¡Empujar toda esa vida bajo tu lengua!
que, por sí misma, se convierte en pasión.
La muerte es un hueso triste, lleno de golpes, dirías,

y a pesar de todo ella me espera, año tras año,
para reparar delicadamente una vieja herida,
para liberar mi aliento de su dañina prisión.

Balanceándose allí, a veces se encuentran los suicidas,
rabiosos ante el fruto, una luna inflada,
Dejando el pan que confundieron con un beso
Dejando la página del libro abierto descuidadamente
Algo sin decir, el teléfono descolgado
Y el amor, cualquiera que haya sido, una infección.

16
feb
10

ITINERARIOS DE LA AUSENCIA

ITINERARIOS DE LA AUSENCIA
(Por. Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Me pasé algún tiempo apoyada en el alféizar de la ventana, el reloj del tiempo parecía detenido, estático, tenía una sensación de ingravidez que no deseaba abandonar, suspendidas en las muñecas creía tener aún las marcas de la catenaria y la oscuridad líquida de todos mis pasados arrestos, aún me daban ardores tenues en los ojos y una cierta sensación de fotofobia, al encontrarse con la luz de la mañana que llegaba desde afuera, como si conservara el cansancio de esas noches hermosas del castigo, de expiación e irrealidad. Me pareció que existían breves resquicios de algún invierno inacabado e intenso, quizás uno en el cual intenté recomponer sus fragmentos rotos, cual si fuese un puzzle, con sus 6 estaciones de amor y de dolor. No me aventuré en soñar con el futuro, porque sólo parecía quedarse en una figura retórica salpicada de esperanza, en cambio anhelaba poder diseñar la cartografía del paraíso sin saberlo.

Yo había nacido para escudriñar lo recóndito, hacia allí me aproximaba sin saberlo, a menudo estaba sumida en sus dédalos complicados. Aquel alféizar del ventanal me otorgaba el feliz privilegio de la divagación, el llegar a sentir que el dulce far niente tenía un sentido, la seguridad de traspasar esos umbrales desconocidos, caldo de cultivo de las imaginaciones fértiles. Sin embargo, creyendo o no hacer algo necesario, me quedaba en albis… Walser solía decir: “El que se empeña en no pensar, hace algo verdaderamente necesario”, pero pensar en plena época estival era peor que hacer ejercicios físicos, no había cabida para ello realmente. El disfrute de la divagación venía a constituir a veces un artilugio interesante y cautivador en medio de los otros encantos que vivir y disfrutar.

El “Rez de Chaussé” que nos cobijó en París, era pulcro y tenía buenas vistas, mirando hacia el río Sena y en plena rue de Quai de Gresves, junto al Metro de Châtelet y delante du Théâtre de la Ville. El servicio de habitaciones se apersonaba siempre a una buena hora de la cual no nos apercibíamos sino después, al retornar de nuestros paseos o de algún restaurante enclavado en el corazón de la ciudad, dependiendo siempre de nuestras rutas y planes pedestres o de itinerarios específicos, las compras en la amplia y elegante Avenida des Champs Elysées. Las gratísimas visitas al Musée de Louvre, el Musée del Petit Palais o el Musée des Beaux Arts, el Georges Pompidou, el Musée D’Orsay, repasos de otros viajes a la Ciudad Luz francesa. La reiterada e inolvidable visita a Casa del escritor Honore de Balzac, convertida en Musée y a la cual le había hecho tantas fotos el 97, hace unos 12 años, en la misma rue 47 de Reynouard, junto a la Maison Circular de Radio France. Por fortuna a diferencia de otras memorias, mis evocaciones de viajes estivales, no se habían terminado por pulverizar, lo conocido ya parecía darnos la bienvenida y nos abría los brazos otra vez.

Quise dar un recorrido por el Père-Lachaise y conservar en mi memoria la última morada de algunas celebridades mundiales, ya guardaba las memorias del Passy, Montmartre y Montparnasse. Allí tuve la inquietud de hallar la última morada de los que fueran amantes eternos, Pedro Abelardo y Eloísa, que reposan juntos en la división 7, los envidié muy sanamente y supuse que quedar así con un gran amor para la eternidad, era un verdadero privilegio, una gloria, casi el último capricho terreno de cualquier alma enamorada e increíblemente interesante; hallé más tarde al dramaturgo Mollière, en la división 25; al gran novelista Honore de Balzac, en la división 48 y pensé brevemente en sus grandes fatigas por escribir tan buenas novelas, sin duda un Gran Maestro; Guillaume de Apollinaire, había quedado en la división 86; Frèdèric Chopin, en la división 11; la voluptuosa y sensual escritora, Sidonie Colette, cuyo estilo me gusta mucho, en la división 4; la gran soprano del bel canto, María Callas, que reposará por siempre en la división 87; mi entrañable escritor Marcel Proust, en la división 85, tuve momentos especialmente silentes para él, para su gran genio y talento que venero y amo profundamente; el grande, maravilloso y controvertido Oscar Wilde, quien desde 1950 descansa junto a Robert Ross, en la división 89; la encumbrada Edith Piaf, en cuya última morada se destaca su verdadero apellido paterno Gassion Piaf y quien fuera criada y cuidada en una casa de prostitución por las prostitutas en Bernay, Normandía, porque la abuela que la criaba regentaba aquel prostíbulo y quien descansa en la división 97; entre otros muchos que se me escapan ahora, la morada última del cantante Yves Montand, quien está en la división 44 junto a su esposa, la actriz, Ivonne Signoret. Algunas de estas últimas moradas las encontré llenas de flores y otras casi olvidadas por la modernidad, la indiferencia y el tiempo, por lo cual tomé mis propias diligencias y les compré unos modestos ramitos de flores, como señal casi oculta y críptica de mi visita. Al abandonar el Pére-Lachaise, tuve la certidumbre de una aguda conciencia, del pequeño instante que brillaremos y la luenga, interminable, prolongada, que nos apagaremos, para sumirnos en la posible eternidad espacio-temporal, del oscuro agujero de gusano, para pernoctar dulce y apaciblemente en aquella estación de media noche.

En Viena teníamos un lugar de reserva desde Barcelona, en el City Hotel Deutschmeister, en la 30 de Hahngasse, en la zona norte de la ciudad: Alsergrund, cercana a un paso al Museo Sigmund Freud, estuvimos en aquel Museo antes de aquella noche de ópera que nos regalamos y también en el 19 de Bergasse, casa o residencia de Sigmund Freud. Todo parecía diluirse en aquel tráfago citadino, pero sentí necesitar de aquella atmósfera fría, casi germana, para poder seguir elaborando ideas y pensando con una cierta normalidad en plena época estival, lo cual ya era un placer. Realizamos una visita guiada por la catedral de San Esteban con su gran torre de 137 metros de alto llamada “Steffl”, nos mostraron los lugares nocturnos de marcha vieneses, en los llamados Gräzl y los muchos bares de copas al aire libre, que eran un encanto. Lograr estar en la Domgasse Strabe 5 de Viena, fue maravilloso, fue una de las muchas casas del genial Mozart, pero al parecer la única conservada y puesta como Museo. Tampoco logré sustraerme de probar la auténtica creación del austriaco Franz Sacher en su tierra natal, Viena, la denominada Tarta Sacher de chocolate, que me supo a gloria, no repetí sólo porque la porción era lo suficientemente grande, pero mi apremio goloso y pueril fue satisfecho a cabalidad, disfruté del consagrado y famoso postre, como nadie. ¡De pequeños grandes placeres está hecha la vida!.

Antes de dejar Barcelona yo había buscado infructuosamente el libro de la austriaca Fleur Jaeggy: “Los Hermosos Años del Castigo”, que se había vendido con gran éxito en España el 91, pero cuya edición estaba al parecer agotada y me fue imposible obtener, (aún lo busco). Ansiaba con cierta insistencia llegar al lugar del Bausler Institut de Appenzell, donde la magistral Jaeggy estuvo internada y donde se inspiró para escribir ese libro. Sin haber vuelto a leerla otra vez, Jaeggy ya era amada por mi, no sólo por su bello estilo y construcción morfosintáxica, sino también por la exquisita y beligerante antinomia literaria que suele usar en sus escritos y la brevedad elocuente y seductora de su prosa. Después de repostar gasolina en Viena capital, emprendí rumbo hacia el cantón de Appenzell Rodas Exteriores, que nos llevaría hacia Herisau, también tierra del no menos ilustre y luminoso Robert Walser, quien terminaría confinado en un manicomio de Herisau voluntariamente, en cuyos abismos luminosos, benévolos, poblados de fuegos fatuos, se precipitó con furia de gigante, para luego adormecerse por siempre en una dulce dispersión de oscuridad… Así lo había expresado alguna vez el propio Walser con cierta premonición, antes de morir sobre la nieve, después de sus paseos cotidianos, cercanos al propio manicomio de Herisau. Toda esta pesquisa particular, venía a conformar parte de mi periplo, a veces soñador, aventurero o gamberril que me es innato, que suele acompañar normalmente mis viajes exploratorios, llenos de grandes dosis de curiosidad, ansias de conocimiento y búsquedas, algunas veces quijotescas, vacías e infructuosas ¿por qué no?.

En la bella Suiza pasamos esta vez de la interesante Laussanne y su gran lago de Ginebra y de la preciosa Neuchâtel junto a su apacible y deslumbrante lago, visitadas asiduamente en los otros viajes, para irnos en busca de la pequeña, fría y paradisíaca Interlaken, al pie de los nevados alpinos, con su bella casacada de Staubbach, de aguas heladas de deshielos de sus imponentes nevados. Nos quedamos en el Hotel Bären, rústico y acogedor, desde donde organizábamos los paseos y las salidas. Las vistas de sus espléndidos lagos era impresionante y llena de momentos calmos y de gran relax, los días más plácidos y más bellos de todo nuestro recorrido estival, creo yo los vivimos allí, sobrecogida de una gran paz y disfrutando de aquella naturaleza pródiga y sus grandes silencios.

La vorágine de la gran ciudad volvió a nosotros en Londres, nos alojamos en la calle Victoria Embankment, justo a orillas del río Thamesis, colindante al puente de Waterloo Br. Junto a la Somerset House. No nos faltó el recorrido por el céntrico Soho de Westminster, zona de antiguos artistas y lugar cosmopolita y nocturno, que congrega gran afluencia de gente, las visitas a sus tiendas, pubs, los recorridos más lejanos o hacía extramuros, los hicimos por el Metro, las interesantes visitas a los Museos, fueron momentos agradables y productivos de ir matando el tiempo e intentar conocer más de aquella efervescente ciudad. Cada mañana bajaba en busca del “London Daily”, para hallar algún Concierto o Gala de interés, alguna representación teatral o puesta en escena, algún suceso de orden cultural o exposición relevante de interés. Preferí los taxis a coger el coche allí, por la extraña normativa del país inglés de circular siempre hacia la izquierda, rara y original costumbre británica, que me sacaba de quicio.

Había ansiado estar muy lejos de la tecnología del Internet y poder “desconectar” de casi todo, excepto lo que las propias ansias de mi vena escritora deseara realizar por ese medio; pero viendo que se cumplía el plazo de mi regreso a casa, miré en busca de algún correo electrónico de interés, me encontré entre otros, con un mail donde una casa editorial de Barcelona me anunciaba otra vez, la edición agotada del libro de Fleur Jaeggy que aún busco infructuosamente…Una lástima. Me quedé pensando en esto después, mientras observaba con una larga e infinita lentitud el río Thamesis, donde me perdí muy pronto para reencontrarme con un sueño que había tenido la noche anterior. Mi madre solía decir que a eso de las seis de la tarde era más fácil evocar los sueños, al parecer afloraban como mariposas cautivas, en mi caso no lograba hilvanar tanto surrealismo y rareza, los fragmentos parecían tener vagas conexiones desordenadas y no tener ni pies ni cabeza.

Sin estar como un Walser, cautiva en el manicomio de Herisau, me sobrecogió una leve angustia, me felicité de algún modo de poder recuperar ciertos fragmentos de mi misma. Creo que hay certeras angustias, desconocidas y súbitas, pero necesarias, que nos remiten hacia el raw material for himself, hacia el centro mismo de nuestro poder creativo, hacia una forma de realidad plástica. Casi le daba la razón a Emerson al referirse a los viajes, si al final logramos recrearnos de mil modos y vayamos donde vayamos siempre seremos los mismos. Quizás el arte de procastinar ilusoriamente, era causa de aquella repentina angustia, la conciencia de esa otra nebulosa, del deseo oculto de llegar a difuminarla tras las tenaces sombras del vacío, podríamos llamarla tal vez como Vila-Matas, una suerte de cierta “ética del hielo y la desesperación”, no lo sé… Al volver a sentir esa opresión de angustia, me quedaba no obstante y pese al bienestar y la paz reinantes, que me habían embargado todo el tiempo, un ennui súbito y desconocido, parecido al de una Emma Bovary ante la fragilidad de la existencia. Tener que regresar y dejar todo aquel periplo de evasiones, me producía un elegante desencanto, el tener que coger el aliento perdido de las grandes esperanzas otra vez…Quizás la sensación de despedida precedida de un avant-garde y un presumible encuentro con ciertos paraísos y avernos… No lo sé.

Londres, 27 de agosto 2008.
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16
feb
10

ENGLISHMAN IN NEW YORK

NEW YORK
(Sting)

Este es un tema incluido en el álbum de Sting “Field Of Gold: The Best Of Sting 1984-1994″. Comparto dicho tema con los amantes de la música de Sting, en las que me incluyo. NOTA: SI NO SE ABRE ESTE VIDEO PINCHA ESTE ENLACE:

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16
feb
10

POEMA II

POEMA I
(Tatiana)

Te he soñado,
tantas veces querida mía
vida mía
te he soñado
Desnuda la piel
desnuda el alma
la humedad de tu excitación
sabe a dulce miel
Atrapo tu aliento..que me quema
ahogando tus gemidos de pasíon

Te he soñado
tantas veces, amada mía
vida mía
te he soñado
Bésame querida mía, bésame
que pueda sentir tus pechos ardientes
que tu vientre consuma con mis labios
Déjame cariño mío, déjame
olvidar del desamor sus resabios
Déjame cariño mío, déjame
con mis manos enloquecerte
extasiarte
elevarte
doblegarte
beberte
Sí cariño…beberte gota a gota
la ambrosía divina de tu sabor
elixir que me transporta
y me eleva sín rubor….

POEMA II
(Tatiana)

Acaricio tus cabellos y beso tus labios
me sientes cariño,me sientes?
abro tus brazos para refugiarme
en tus pechos…me concientes?
Cómo amo tus blancos pechos
me desnudan el alma y me pierden
sabes buscarme en mí lecho
sabes las palabras que se urden
de caricias,de besos y pasíon
Acaricio tu cuerpo desnudo
y mis manos son alas que te recorren
me transportan a otro mundo
Me sientes cariño,me sientes?….

POEMA III
(Tatiana)

Me preguntas si te quiero…
y siempre te respondo…No, yo no te quiero
lo que siento dista un largo tramo
Cariño..Yo, no te quiero
Yo, símplemente…Te amo…

————————————————-

Agradecida otra vez, mi querida Taty, por darme tu anuencia para poner aquí tus preciosos poemas.
Besitos.
Gina.

16
feb
10

WAKEFIELD

WAKEFIELD
(Nathaniel Hawthorne)

Recuerdo haber leído en alguna revista o periódico viejo la historia, relatada como verdadera, de un hombre -llamémoslo Wakefield- que abandonó a su mujer durante un largo tiempo. El hecho, expuesto así en abstracto, no es muy infrecuente, ni tampoco -sin una adecuada discriminación de las circunstancias- debe ser censurado por díscolo o absurdo. Sea como fuere, este, aunque lejos de ser el más grave, es tal vez el caso más extraño de delincuencia marital de que haya noticia. Y es, además, la más notable extravagancia de las que puedan encontrarse en la lista completa de las rarezas de los hombres. La pareja en cuestión vivía en Londres. El marido, bajo el pretexto de un viaje, dejó su casa, alquiló habitaciones en la calle siguiente y allí, sin que supieran de él la esposa o los amigos y sin que hubiera ni sombra de razón para semejante autodestierro, vivió durante más de veinte años. En el transcurso de este tiempo todos los días contempló la casa y con frecuencia atisbó a la desamparada esposa. Y después de tan largo paréntesis en su felicidad matrimonial cuando su muerte era dada ya por cierta, su herencia había sido repartida y su nombre borrado de todas las memorias; cuando hacía tantísimo tiempo que su mujer se había resignado a una viudez otoñal -una noche él entró tranquilamente por la puerta, como si hubiera estado afuera sólo durante el día, y fue un amante esposo hasta la muerte.

Este resumen es todo lo que recuerdo. Pero pienso que el incidente, aunque manifiesta una absoluta originalidad sin precedentes y es probable que jamás se repita, es de esos que despiertan las simpatías del género humano. Cada uno de nosotros sabe que, por su propia cuenta, no cometería semejante locura; y, sin embargo, intuye que cualquier otro podría hacerlo. En mis meditaciones, por lo menos, este caso aparece insistentemente, asombrándome siempre y siempre acompañado por la sensación de que la historia tiene que ser verídica y por una idea general sobre el carácter de su héroe. Cuando quiera que un tema afecta la mente de modo tan forzoso, vale la pena destinar algún tiempo para pensar en él. A este respecto, el lector que así lo quiera puede entregarse a sus propias meditaciones. Mas si prefiere divagar en mi compañía a lo largo de estos veinte años del capricho de Wakefield, le doy la bienvenida, confiando en que habrá un sentido latente y una moraleja, así no logremos descubrirlos, trazados pulcramente y condensados en la frase final. El pensamiento posee siempre su eficacia; y todo incidente llamativo, su enseñanza.

¿Qué clase de hombre era Wakefield? Somos libres de formarnos nuestra propia idea y darle su apellido. En ese entonces se encontraba en el meridiano de la vida. Sus sentimientos conyugales, nunca violentos, se habían ido serenando hasta tomar la forma de un cariño tranquilo y consuetudinario. De todos los maridos, es posible que fuera el más constante, pues una especie de pereza mantenía en reposo a su corazón dondequiera que lo hubiera asentado. Era intelectual, pero no en forma activa. Su mente se perdía en largas y ociosas especulaciones que carecían de propósito o del vigor necesario para alcanzarlo. Sus pensamientos rara vez poseían suficientes ímpetus como para plasmarse en palabras. La imaginación, en el sentido correcto del vocablo, no figuraba entre las dotes de Wakefield. Dueño de un corazón frío, pero no depravado o errabundo, y de una mente jamás afectada por la calentura de ideas turbulentas ni aturdida por la originalidad, ¿quién se hubiera imaginado que nuestro amigo habría de ganarse un lugar prominente entre los autores de proezas excéntricas? Si se hubiera preguntado a sus conocidos cuál era el hombre que con seguridad no haría hoy nada digno de recordarse mañana, habrían pensado en Wakefield. Únicamente su esposa del alma podría haber titubeado. Ella, sin haber analizado su carácter, era medio consciente de la existencia de un pasivo egoísmo, anquilosado en su mente inactiva; de una suerte de vanidad, su más incómodo atributo; de cierta tendencia a la astucia, la cual rara vez había producido efectos más positivos que el mantenimiento de secretos triviales que ni valía la pena confesar; y, finalmente, de lo que ella llamaba “algo raro” en el buen hombre. Esta última cualidad es indefinible y puede que no exista.

Ahora imaginémonos a Wakefield despidiéndose de su mujer. Cae el crepúsculo en un día de octubre. Componen su equipaje un sobretodo deslustrado, un sombrero cubierto con un hule, botas altas, un paraguas en una mano y un maletín en la otra. Le ha comunicado a la señora de Wakefield que debe partir en el coche nocturno para el campo. De buena gana ella le preguntaría por la duración y objetivo del viaje, por la fecha probable del regreso, pero, dándole gusto a su inofensivo amor por el misterio, se limita a interrogarlo con la mirada. Él le dice que de ningún modo lo espere en el coche de vuelta y que no se alarme si tarda tres o cuatro días, pero que en todo caso cuente con él para la cena el viernes por la noche. El propio Wakefield, tengámoslo presente, no sospecha lo que se viene. Le ofrece ambas manos. Ella tiende las suyas y recibe el beso de partida a la manera rutinaria de un matrimonio de diez años. Y parte el señor Wakefield, en plena edad madura, casi resuelto a confundir a su mujer mediante una semana completa de ausencia. Cierra la puerta. Pero ella advierte que la entreabre de nuevo y percibe la cara del marido sonriendo a través de la abertura antes de esfumarse en un instante. De momento no le presta atención a este detalle. Pero, tiempo después, cuando lleva más años de viuda que de esposa, aquella sonrisa vuelve una y otra vez, y flota en todos sus recuerdos del semblante de Wakefield. En sus copiosas cavilaciones incorpora la sonrisa original en una multitud de fantasías que la hacen extraña y horrible. Por ejemplo, si se lo imagina en un ataúd, aquel gesto de despedida aparece helado en sus facciones; o si lo sueña en el cielo, su alma bendita ostenta una sonrisa serena y astuta. Empero, gracias a ella, cuando todo el mundo se ha resignado a darlo ya por muerto, ella a veces duda que de veras sea viuda.

Pero quien nos incumbe es su marido. Tenemos que correr tras él por las calles, antes de que pierda la individualidad y se confunda en la gran masa de la vida londinense. En vano lo buscaríamos allí. Por tanto, sigámoslo pisando sus talones hasta que, después de dar algunas vueltas y rodeos superfluos, lo tengamos cómodamente instalado al pie de la chimenea en un pequeño alojamiento alquilado de antemano. Nuestro hombre se encuentra en la calle vecina y al final de su viaje. Difícilmente puede agradecerle a la buena suerte el haber llegado allí sin ser visto. Recuerda que en algún momento la muchedumbre lo detuvo precisamente bajo la luz de un farol encendido; que una vez sintió pasos que parecían seguir los suyos, claramente distinguibles entre el multitudinario pisoteo que lo rodeaba; y que luego escuchó una voz que gritaba a lo lejos y le pareció que pronunciaba su nombre. Sin duda alguna una docena de fisgones lo habían estado espiando y habían corrido a contárselo todo a su mujer. ¡Pobre Wakefield! ¡Qué poco sabes de tu propia insignificancia en este mundo inmenso! Ningún ojo mortal fuera del mío te ha seguido las huellas. Acuéstate tranquilo, hombre necio; y en la mañana, si eres sabio, vuelve a tu casa y dile la verdad a la buena señora de Wakefield. No te alejes, ni siquiera por una corta semana, del lugar que ocupas en su casto corazón. Si por un momento te creyera muerto o perdido, o definitivamente separado de ella, para tu desdicha notarías un cambio irreversible en tu fiel esposa. Es peligroso abrir grietas en los afectos humanos. No porque rompan mucho a lo largo y ancho, sino porque se cierran con mucha rapidez.

Casi arrepentido de su travesura, o como quiera que se pueda llamar, Wakefield se acuesta temprano. Y, despertando después de un primer sueño, extiende los brazos en el amplio desierto solitario del desacostumbrado lecho.

-No -piensa, mientras se arropa en las cobijas-, no dormiré otra noche solo.

Por la mañana madruga más que de costumbre y se dispone a considerar lo que en realidad quiere hacer. Su modo de pensar es tan deshilvanado y vagaroso, que ha dado este paso con un propósito en mente, claro está, pero sin ser capaz de definirlo con suficiente nitidez para su propia reflexión. La vaguedad del proyecto y el esfuerzo convulsivo con que se precipita a ejecutarlo son igualmente típicos de una persona débil de carácter. No obstante, Wakefield escudriña sus ideas tan minuciosamente como puede y descubre que está curioso por saber cómo marchan las cosas por su casa: cómo soportará su mujer ejemplar la viudez de una semana y, en resumen, cómo se afectará con su ausencia la reducida esfera de criaturas y de acontecimientos en la que él era objeto central. Una morbosa vanidad, por lo tanto, está muy cerca del fondo del asunto. Pero, ¿cómo realizar sus intenciones? No, desde luego, quedándose encerrado en este confortable alojamiento donde, aunque durmió y despertó en la calle siguiente, está efectivamente tan lejos de casa como si hubiera rodado toda la noche en la diligencia. Sin embargo, si reapareciera echaría a perder todo el proyecto. Con el pobre cerebro embrollado sin remedio por este dilema, al fin se atreve a salir, resuelto en parte a cruzar la bocacalle y echarle una mirada presurosa al domicilio desertado. La costumbre -pues es un hombre de costumbres- lo toma de la mano y lo conduce, sin que él se percate en lo más mínimo, hasta su propia puerta; y allí, en el momento decisivo, el roce de su pie contra el peldaño lo hace volver en sí. ¡Wakefield! ¿Adónde vas?

En ese preciso instante su destino viraba en redondo. Sin sospechar siquiera en la fatalidad a la que lo condena el primer paso atrás, parte de prisa, jadeando en una agitación que hasta la fecha nunca había sentido, y apenas sí se atreve a mirar atrás desde la esquina lejana. ¿Será que nadie lo ha visto? ¿No armarán un alboroto todos los de la casa -la recatada señora de Wakefield, la avispada sirvienta y el sucio pajecito- persiguiendo por las calles de Londres a su fugitivo amo y señor? ¡Escape milagroso! Cobra coraje para detenerse y mirar a la casa, pero lo desconcierta la sensación de un cambio en aquel edificio familiar, igual a las que nos afectan cuando, después de una separación de meses o años, volvemos a ver una colina o un lago o una obra de arte de los cuales éramos viejos amigos. ¡En los casos ordinarios esta impresión indescriptible se debe a la comparación y al contraste entre nuestros recuerdos imperfectos y la realidad. En Wakefield, la magia de una sola noche ha operado una transformación similar, puesto que en este breve lapso ha padecido un gran cambio moral, aunque él no lo sabe. Antes de marcharse del lugar alcanza a entrever la figura lejana de su esposa, que pasa por la ventana dirigiendo la cara hacia el extremo de la calle. El marrullero ingenuo parte despavorido, asustado de que sus ojos lo hayan distinguido entre un millar de átomos mortales como él. Contento se le pone el corazón, aunque el cerebro está algo confuso, cuando se ve junto a las brasas de la chimenea en su nuevo aposento.

Eso en cuanto al comienzo de este largo capricho. Después de la concepción inicial y de haberse activado el lerdo carácter de este hombre para ponerlo en práctica, todo el asunto sigue un curso natural. Podemos suponerlo, como resultado de profundas reflexiones, comprando una nueva peluca de pelo rojizo y escogiendo diversas prendas del baúl de un ropavejero judío, de un estilo distinto al de su habitual traje marrón. Ya está hecho: Wakefield es otro hombre. Una vez establecido el nuevo sistema, un movimiento retrógrado hacia el antiguo sería casi tan difícil como el paso que lo colocó en esta situación sin paralelo. Además, ahora lo está volviendo testarudo cierto resentimiento del que adolece a veces su carácter, en este caso motivado por la reacción incorrecta que, a su parecer, se ha producido en el corazón de la señora de Wakefield. No piensa regresar hasta que ella no esté medio muerta de miedo. Bueno, ella ha pasado dos o tres veces ante sus ojos, con un andar cada vez más agobiado, las mejillas más pálidas y más marcada de ansiedad la frente. A la tercera semana de su desaparición, divisa un heraldo del mal que entra en la casa bajo el perfil de un boticario. Al día siguiente la aldaba aparece envuelta en trapos que amortigüen el ruido. Al caer la noche llega el carruaje de un médico y deposita su empelucado y solemne cargamento a la puerta de la casa de Wakefield, de la cual emerge después de una visita de un cuarto de hora, anuncio acaso de un funeral. ¡Mujer querida! ¿Irá a morir? A estas alturas Wakefield se ha excitado hasta provocarse algo así como una efervescencia de los sentimientos, pero se mantiene alejado del lecho de su esposa, justificándose ante su conciencia con el argumento de que no debe ser molestada en semejante coyuntura. Si algo más lo detiene, él no lo sabe. En el transcurso de unas cuantas semanas ella se va recuperando. Ha pasado la crisis. Su corazón se siente triste, acaso, pero está tranquilo. Y, así el hombre regrese tarde o temprano, ya no arderá por él jamás. Estas ideas fulguran cual relámpagos en las nieblas de la mente de Wakefield y le hacen entrever que una brecha casi infranqueable se abre entre su apartamento de alquiler y su antiguo hogar.

-¡Pero si sólo está en la calle del lado! -se dice a veces.

¡Insensato! Está en otro mundo. Hasta ahora él ha aplazado el regreso de un día en particular a otro. En adelante, deja abierta la fecha precisa. Mañana no… probablemente la semana que viene… muy pronto. ¡Pobre hombre! Los muertos tienen casi tantas posibilidades de volver a visitar sus moradas terrestres como el autodesterrado Wakefield.

¡Ojalá yo tuviera que escribir un libro en lugar de un artículo de una docena de páginas! Entonces podría ilustrar cómo una influencia que escapa a nuestro control pone su poderosa mano en cada uno de nuestros actos y cómo urde con sus consecuencias un férreo tejido de necesidad. Wakefield está hechizado. Tenemos que dejarlo que ronde por su casa durante unos diez años sin cruzar el umbral ni una vez, y que le sea fiel a su mujer, con todo el afecto de que es capaz su corazón, mientras él poco a poco se va apagando en el de ella. Hace mucho, debemos subrayarlo, que perdió la noción de singularidad de su conducta.

Ahora contemplemos una escena. Entre el gentío de una calle de Londres distinguimos a un hombre entrado en años, con pocos rasgos característicos que atraigan la atención de un transeúnte descuidado, pero cuya figura ostenta, para quienes posean la destreza de leerla, la escritura de un destino poco común. Su frente estrecha y abatida está cubierta de profundas arrugas. Sus pequeños ojos apagados a veces vagan con recelo en derredor, pero más a menudo parecen mirar adentro. Agacha la cabeza y se mueve con un indescriptible sesgo en el andar, como si no quisiera mostrarse de frente entero al mundo. Obsérvelo el tiempo suficiente para comprobar lo que hemos descrito y estará de acuerdo con que las circunstancias, que con frecuencia producen hombres notables a partir de la obra ordinaria de la naturaleza, han producido aquí uno de estos. A continuación, dejando que prosiga furtivo por la acera, dirija su mirada en dirección opuesta, por donde una mujer de cierto porte, ya en el declive de la vida, se dirige a la iglesia con un libro de oraciones en la mano. Exhibe el plácido semblante de la viudez establecida. Sus pesares o se han apagado o se han vuelto tan indispensables para su corazón que sería un mal trato cambiarlos por la dicha. Precisamente cuando el hombre enjuto y la mujer robusta van a cruzarse, se presenta un embotellamiento momentáneo que pone a las dos figuras en contacto directo. Sus manos se tocan. El empuje de la muchedumbre presiona el pecho de ella contra el hombro del otro. Se encuentran cara a cara. Se miran a los ojos. Tras diez años de separación, es así como Wakefield tropieza con su esposa.

Vuelve a fluir el río humano y se los lleva a cada uno por su lado. La grave viuda recupera el paso y sigue hacia la iglesia, pero en el atrio se detiene y lanza una mirada atónita a la calle. Sin embargo, pasa al interior mientras va abriendo el libro de oraciones. ¡Y el hombre! Con el rostro tan descompuesto que el Londres atareado y egoísta se detiene a verlo pasar, huye a sus habitaciones, cierra la puerta con cerrojo y se tira en la cama. Los sentimientos que por años estuvieron latentes se desbordan y le confieren un vigor efímero a su mente endeble. La miserable anomalía de su vida se le revela de golpe. Y grita exaltado:

-¡Wakefield, Wakefield, estás loco!

Quizás lo estaba. De tal modo debía de haberse amoldado a la singularidad de su situación que, examinándolo con referencia a sus semejantes y a las tareas de la vida, no se podría afirmar que estuviera en su sano juicio. Se las había ingeniado (o, más bien, las cosas habían venido a parar en esto) para separarse del mundo, hacerse humo, renunciar a su sitio y privilegios entre los vivos, sin que fuera admitido entre los muertos. La vida de un ermitaño no tiene paralelo con la suya. Seguía inmerso en el tráfago de la ciudad como en los viejos tiempos, pero las multitudes pasaban de largo sin advertirlo. Se encontraba -digámoslo en sentido figurado- a todas horas junto a su mujer y al pie del fuego, y sin embargo nunca podía sentir la tibieza del uno ni el amor de la otra. El insólito destino de Wakefield fue el de conservar la cuota original de afectos humanos y verse todavía involucrado en los intereses de los hombres, mientras que había perdido su respectiva influencia sobre unos y otros. Sería un ejercicio muy curioso determinar los efectos de tales circunstancias sobre su corazón y su intelecto, tanto por separado como al unísono. No obstante, cambiado como estaba, rara vez era consciente de ello y más bien se consideraba el mismo de siempre. En verdad, a veces lo asaltaban vislumbres de la realidad, pero sólo por momentos. Y aun así, insistía en decir “pronto regresaré”, sin darse cuenta de que había pasado veinte años diciéndose lo mismo.

Imagino también que, mirando hacia el pasado, estos veinte años le parecerían apenas más largos que la semana por la que en un principio había proyectado su ausencia. Wakefield consideraría la aventura como poco más que un interludio en el tema principal de su existencia. Cuando, pasado otro ratito, juzgara que ya era hora de volver a entrar a su salón, su mujer aplaudiría de dicha al ver al veterano señor Wakefield. ¡Qué triste equivocación! Si el tiempo esperara hasta el final de nuestras locuras favoritas, todos seríamos jóvenes hasta el día del juicio.

Cierta vez, pasados veinte años desde su desaparición, Wakefield se encuentra dando el paseo habitual hasta la residencia que sigue llamando suya. Es una borrascosa noche de otoño. Caen chubascos que golpetean en el pavimento y que escampan antes de que uno tenga tiempo de abrir el paraguas. Deteniéndose cerca de la casa, Wakefield distingue a través de las ventanas de la sala del segundo piso el resplandor rojizo y oscilante y los destellos caprichosos de un confortable fuego. En el techo aparece la sombra grotesca de la buena señora de Wakefield. La gorra, la nariz, la barbilla y la gruesa cintura dibujan una caricatura admirable que, además, baila al ritmo ascendiente y decreciente de las llamas, de un modo casi en exceso alegre para la sombra de una viuda entrada en años. En ese instante cae otro chaparrón que, dirigido por el viento inculto, pega de lleno contra el pecho y la cara de Wakefield. El frío otoñal le cala hasta la médula. ¿Va a quedarse parado en ese sitio, mojado y tiritando, cuando en su propio hogar arde un buen fuego que puede calentarlo, cuando su propia esposa correría a buscarle la chaqueta gris y los calzones que con seguridad conserva con esmero en el armario de la alcoba? ¡No! Wakefield no es tan tonto. Sube los escalones, con trabajo. Los veinte años pasados desde que los bajó le han entumecido las piernas, pero él no se da cuenta. ¡Detente, Wakefield! ¿Vas a ir al único hogar que te queda? Pisa tu tumba, entonces. La puerta se abre. Mientras entra, alcanzamos a echarle una mirada de despedida a su semblante y reconocemos la sonrisa de astucia que fuera precursora de la pequeña broma que desde entonces ha estado jugando a costa de su esposa. ¡Cuán despiadadamente se ha burlado de la pobre mujer! En fin, deseémosle a Wakefield buenas noches.

El suceso feliz -suponiendo que lo fuera- sólo puede haber ocurrido en un momento impremeditado. No seguiremos a nuestro amigo a través del umbral. Nos ha dejado ya bastante sustento para la reflexión, una porción del cual puede prestar su sabiduría para una moraleja y tomar la forma de una imagen. En la aparente confusión de nuestro mundo misterioso los individuos se ajustan con tanta perfección a un sistema, y los sistemas unos a otros, y a un todo, de tal modo que con sólo dar un paso a un lado cualquier hombre se expone al pavoroso riesgo de perder para siempre su lugar. Como Wakefield, se puede convertir, por así decirlo, en el Paria del Universo.

16
feb
10

PARADISE

PARADISE
(Kenny G)

Un tema precioso del saxofonista norteamericano Kenny G, un virtuoso del Smooth Jazz, que incluye en su álbum del mismo nombre,  a mi juicio es su mejor álbum. Todos los temas  del álbum son de gran factura, comparto con ustedes este gran tema. NOTA: SI NO SE ABRE ESTE VIDEO PINCHAR EL ENLACE:

http://macpik.blogspot.com/2009/02/paradise.html#links

16
feb
10

NIEBLA

NIEBLA
(Por. Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Ayer, al hablar por teléfono me dijiste: “Me gusta tu voz”…Y después de seguir hablando, esas palabras se quedaron flotando en el ambiente y caí en la cuenta que aquello me sonaba como un eco, no recordaba otra feliz reminiscencia de este tipo, pero vibró extraño dentro de mi ser. No sabía si lo había soñado antes, si lo había oído en alguna película, si lo había leído en algún libro, pero su efecto no sólo acarició mi ego, sino que me hizo sentirme rara y proverbialmente remota. No quise creer que aquello fueran fragmentos de las memorias de algún Deja vu…¿Para qué?. Sin duda fuiste la primera en decírmelo, mi memoria o lo que quedaba de ella, no había sabido recordar a otro ser diciéndomelo… No como tú, no… No lo recordaba en absoluto. De modo, que toda la extraña confusión que esas palabras me suscitaron, obedecía sin duda a alguna irrealidad, a alguna película escondida por la niebla del olvido, a algún efecto refractario de los espejos de la nada, a algo que parece repetirse debido a algún artilugio parecido a los espejismos del desierto y en donde yo posiblemente estaba muerta de sed y sufría las fiebres de los manantiales fluidos, torturándome. No quise averiguarlo porque ya era extraño el temblor que me provocó, no quise preguntarte porqué decías eso, de dónde había salido, de dónde lo habías sacado tú, quizás de esa misma película que yo creí haber visto alguna vez, o si tu al igual que yo lo habías leído en algún libro extraño que tenía la virtud de dar escalofríos y era tétrico y maldito, por los efectos que llegaba a producirme. Después creí que algunos crímenes imperfectos se llegan a fraguar así, con ese estilo y ese tacto, usando ciertas frases melifluas, oscuras y perfectamente calculadas, que esperan planeando paciente y sigilosamente, lograr ciertos efectos mensurables y premeditados a mansalva. Pero no podía ser que tu, ángel bello y misterioso de la noche, supiera cometer estos asesinatos y estuviese provista de tanta maldad,… No, eso era imposible. Como imposible me pareció que tu premeditaras y calcularas cada palabra que saliera de tu boca.

Nada de eso podía ser, no sabía ni porque me había vuelto cautelosa, ni porque había empezado a cuidarme de casi todo y de todos, ni porque a veces creía tener ciertas reminiscencias de algo, sin saber bien de qué, tampoco sabía porque prefería estar más cómoda en las noches conmigo misma, temiendo siempre a esa suerte de manías recurrentes y desconocidas, sin saber definirlas de una buena vez. Al parecer algo me había hecho daño alguna vez, alguna extraña situación, algunas frases calculadas me habrían producido efectos colaterales, extraños y posiblemente dolorosos. La pregunta era: ¿Cuándo, dónde y por qué?. ¿Acaso en otra vida?. Supuse que los efectos de la niebla se habrían empeñado en dejar mi mente en una abstracta y crepuscular nebulosa y que gracias a la amnesia y al “vacío mental” me sería posible y más fácil seguir viviendo en un presente. Y que merced a aquella fuga psicogénica o disociativa, en el sistema límbico del hipocampo de mi cerebro, que interviene en la retención de recuerdos, mi sistema reticular ascendente que regula el nivel de conciencia, había perdido el hilo de alguna decodificación pasada en mi córtex cerebral, que me obligaba por completo a sumirme paciente y dócilmente, en la niebla del olvido.

Y para finalmente terminar de responderte:

—”Y a mi me encantó tu voz y tus palabras, criatura única y galáctica”.

Sólo esperaba que aquella extraña niebla, por demás densa y espectral que lo inundaba todo, que parecía desprenderse como la hojarasca de los árboles en otoño, no las apartara de mi, como en mis otras vidas, otros sueños o pesadillas, porque tu voz y tus palabras eran en verdad, el único poema que alguien había escrito en el viento para mi; esperando que la virtud y la gracia del olvido, no me las arrebatara ya, para poder quedarme y dormirme con ellas una eternidad.

Barcelona, 15 de julio 2008.

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16
feb
10

POEMA

POEMA
(Tatiana Cascada)

A dónde van los sueños
esos que giran en mí mente?
A dónde fueron los silencios
cuando te miraba, sín conocerte?

Sabes….en mís noches te imaginaba
al sonido de las estrellas ocultas
Sabes…que te dibujaba
con los colores de mi imaginacíon

Dime…¿ésta noche estás dormida?
o miras la luna que se asoma
con sus largas manos desnuda
volatil, aguda, blanca paloma

Duele el viento en mí cara
la ciudad y sus ruidos me despiertan
duermen en mi alma, los sueños que titilan
como las estrellas…..Arriba la luna me mira….

————–

(Agradezco infinito a mi amiga Tatiana, haberme dado la prerrogativa de poner aquí su precioso poema.)

16
feb
10

LA ETERNIDAD PERDIDA

LA ETERNIDAD PERDIDA
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Empezando el solsticio del verano que yo detesto, era mejor estar viviendo dentro de una nevera que soportar los sopores embrutecedores de las tardes estivales, tener que huír de los calores, me hacía vulnerable, no poder tener cabeza ni para leer un libro, ni para poder pensar libremente, me hacía débil e incapaz. Quizás debía huir a Groenlandia, a las Islas Lafoten en Noruega, hacia algún paraíso perdido y menos cálido, donde poder hacer uso del cerebro. De cualquier modo esos parecían ser también los efectos del olvido, las confabulaciones del destino, las modorras, las tardes en blanco sin poder pensar, los efectos soporíferos de las horas estivales, el no existir en ningún mundo, el tener en blanco todas las hojas del moleskine, ese compañero mío que estaba de vacaciones, gracias a mi inoperancia mental, gracias al gradiente alto de las horas en las que yo parecía vegetar mirando al techo, en ese algo que yo sentía flotar mi empobrecido cerebro y era ni más ni menos que un transporte del vagabundeo universal, en el solsticio de verano, sumida en una gran amnesia e inconciencia de apariencia aeterna . Quizás la naturaleza era perfecta y yo debía morir mentalmente este verano…quizás era mejor estar así, como embriagada, sin saber ni que rumbo debía tomar, si la naturaleza de mi vida había obtenido la gracia y la benevolencia del olvido o ello contribuiría a que así fuera. Tal vez esas eran las razones por las cuales yo debía empezar a amar esos sopores insoportables y consumirme en sus fuegos, verter en cenizas mis nefandos pecados y volver a empezar de cero, …quizás.

Si de algo fui capaz, fue de volver a empezar a vivir otra vez. Algunas tardes me sentaba en el bar Marcelino y me tomaba una cerveza fría en soledad, casi como los alcohólicos, disfrutando de un gran silencio cómplice, acompañada sólo del ruido circundante de los demás, algo que no podía evitar en un sitio público. Después al pagar la cuenta, subía al piso y parecían recobrar sus formas algunos de los fantasmas de la Barcelona Gótica y oscura del medioevo, los asaltos de reminiscencias súbitas, parte de las memorias involuntarias, se hacían presentes, quizás por alguna asociación de ideas y de un modo totalmente inesperado y tenaz; entonces intentaba ciertos artilugios para ignorarlos, urdir algunas trampas, casi como buscar otras puertas de exit y salir airosa de aquel dédalo implacable y perturbador, prendía la tele, me perdía en el ordenador, jugaba al ajedrez con personas de las más diversas edades y latitudes e intentaba estar siempre dispuesta para las preguntas académicas y caprichosas de Gretchen, quien a veces parecía burlarse de mi, de mis tácticas para lograr huir de mi misma, ya no sabía si ella ignoraba también esto de la existencia de mis fantasmas, si ella adrede intentaba ayudarme a matar a la italiana o si así deseaba afirmarme más como I. M * (iniciales de mis nombres) o si en cambio estaba incrementando en mi una suerte de estrategias para conseguirlo mejor, lo cierto es que las circunstancias me eran propicias, cuando no, quedaba el moleskine siempre a la espera de ser abordado.

Gretchen, que había intentado no sólo robarme la identidad, cometiendo más de una locura en mi nombre, quien no sólo se había leído toda mi correspondencia de amor vía e.mails, sino que se había estudiado a fondo mi vida, mis estados de ánimo, que había intentando fervientemente escribir como yo, con mi léxico, usando mis propias filosofías, reflexiones y mi estilo, creyendo ser ella mi alter ego, suponiendo que así me reivindicaba de algo o de alguien que me había hecho daño y se creyó fuerte para defenderme y cobrarse una revancha en mi nombre, sin yo haberlo sabido ni deseado; ojala habría podido defenderme de aquellos fantasmas, incluso de la dama italiana de la postguerra. Sin embargo, el único perdón cómplice hacía Gretchen fue saber que Nepertine no me había creído. Lástima, si la verdad no es creída y no se te otorga siquiera el beneficio de la duda, pero yo tampoco fui capaz de ahuyentar a los otros fantasmas de Nepertine, ya tenía mucho con los míos. Sin embargo, no pude explicar nada a Nepertine, porque de antemano ya me había condenado. Ella, que no había sabido leer el mensaje subliminal de ayuda que le pedí y tampoco me preguntó nada, antes de aplicar su acostumbrada severidad conmigo y condenarme de antemano. ¿Qué podía importar ya que delatara a Gretchen y explicara todo?. Nada. —Gretchen, que quiso estar condenada a cadena perpetua conmigo….Y cuando la reprendí duramente por sus actos, llegó a pedirme perdón por su extraña obsesión por mi, por su locura e impertinencia de hacer cosas en mi nombre, sin yo saberlo.—

Lo que de verdad me hirió y pudo hacer más daño, fue cobrar conciencia de la eternidad irrecuperable, de haber perdido la eternidad, aquella triste y bella eternidad suspendida en el compás del tiempo, en todos los futuros por llegar, en los mañanas y el devenir perdurable de cada día por nacer, en aquellas palabras adversas de impotencia que vertí, en las que yo jamás había creído, ni pensado y las suyas que me condenaron, repitiéndose por siempre en la melopea del tiempo, en esa triste y bella eternidad, en la elíptica invisible que propulsa a los astros a seguir su rumbo; el no poder ya virar las cosas hacia el lado bello, sensato, y en cambio quedar en el triste y oscuro para una eternidad, la imposibilidad de regresar ya hacia el tempo del allegro y perderse todo en un agujero negro sin final, como si yo jamás hubiese expresado amor y toda la gama de sentimientos armónicos, acordes al bienestar y a la grandeza de mi alma, jamás hubiesen sido. Ese fue no obstante, el sentimiento real de mi corazón, ante el inevitable destino que parecía cernirse sobre la verdad. Una verdad que Nepertine nunca quiso oír, ni preguntar y prefirió ignorar.

Pero con el paso de los días perdoné a Gretchen y también a Nepertine, porque desee poder vivir en paz conmigo misma. Este fue mi gesto más noble y más digno y lo que me guió a continuar tranquila, a no tener que esperar el indulto eterno de los condenados a muerte, ni a tener que acreditar ante el carcelero mi buena conducta para estar bien y sentirme libre. Todo lo contrario, la vida fluye y se transforma en un continuom incesante, las ocupaciones cotidianas hicieron su parte, las nuevas responsabilidades asumidas, el ritmo a veces trepidante y frenético de los antros universitarios, todo ello; y hasta mis noches oscuras pobladas de estrellas mantuvieron el mensaje eterno de esa única verdad. A pesar de la niebla calina, de los efectos del olvido barnizando alguna bella infelicidad y del estío que me despertaba a ratos por las noches, para volver a tomar conciencia del lado oscuro del sol y de lo que es la gran eternidad y el tiempo gravitante, doloroso y perfecto.

Barcelona, 02 de julio 2008.
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04
ene
10

EL CAFÉ DE LOS ADULTOS

 

EL CAFÉ DE LOS ADULTOS
(Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Cada tarde después de la sobremesa, en la pesadez del clima tropical y después de cada comida, la campanilla de mis tías abuelas sonaba para llamar al servicio, a que trajese los cafés para la sobremesa de costumbre. Era una sobremesa al parecer apacible, cargada de contenido para los adultos de la familia, que tenían cosas que decirse y se prolongaba hasta entrada la tarde. Yo, que era pequeña entonces, debía abandonar la mesa y buscar otras formas de expresión para esas horas, por ejemplo jugar con mis hermanos o con los hijos de la cocinera o con mi prima Carmen Julia, con quien siempre los juegos terminaban mal, en peleas repentinas o extrañas artimañas de reconciliación para volver a jugar otra vez.

Alguna sobremesa cansada de estas tretas, de los juegos, de las horas de la digestión, de mis compañeros de juego o de las ausencias de mi madre, me quedé allí en medio de los adultos de la familia, en medio de sus inspiradas charlas de café de sobremesa, mirándolos e intentando comprender sus razones y su gusto por permanecer allí reunidos y fue cuando mi madre me sirvió el primer café de los adultos, invitándome a quedarme en esa mesa, era negro y ella lo puso muy dulce, como para una niña de mi edad, que no llegaba a los cinco años siquiera.

Aquel primer café de mi vida compartido en la gran mesa familiar, arrullado por las charlas apacibles e interesantes de los adultos, tuvo el sabor perenne de las tardes, de la soledad de los páramos, de los momentos dulces y solitarios, que conforman una vida; el mismo sabor inconfundible que aún suelo reconocer de adulta en el paladar cuando me sirvo un café. Un café muy dulce como aquel me remonta a esa tarde de sobremesa, cuando fui invitada a compartir con los adultos a una de sus inspiradas e interesantes charlas de sobremesa. Quizás mi mente estaba perdida en alguna fantasía infantil, pero el sabor dulce y negro de aquel café, se quedó en mi sangre, en todas mis tardes de cafés en las que aspiro compartir charlas y momentos dulces; aún en un mundo lleno de cosas fugaces y efímeras, es bueno saber que algunas cosas permanecen y se quedan para siempre.

Comprendo el recuerdo perenne de un Marcel Proust al comerse una magdalena inolvidable (1), aquella que representa quizás a todas las que te puedas comer después; así para mi, ese único café con los adultos, fue a representar a todos los innumerables cafés que me he servido a lo largo de mi vida. Nunca sabes cuando un primer sabor se te quedará para siempre en la memoria sensorial, cuando la sinapsis neuronal se fija y se refuerza después con las sucesivas experiencias o sensaciones, cuando un primer atisbo de sabor va a representar después, esa marca, esa huella imborrable en tu memoria, ese único y primer milagro de lo que fue o lo que será. Es algo que no está supeditado al tiempo o a la edad, está más allá del tiempo y del espacio, se circunscribe a la naturaleza misma de las cosas, a las circunvalaciones y espirales que van de lo finito a lo eterno dentro de cada ser.

Barcelona, 22 de junio 2008.

(1) “En Busca del tiempo perdido” (Marcel Proust)

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04
ene
10

ELLA ELLE LA

ELLA ELLE LA
(FRANCE GALL)

Este es un tema que me encanta de la cantante francesa France Gall, aparecido en 1987, dedicado en homenaje a la cantante de Jazz: Ella Fitzgerald. ¡¡ J’aime cette chansons!!.

04
ene
10

*PASADOS IMPERFECTOS


(Duftin Hoffman y Anne Bancroft en la película: “El Graduado”)

Desde hace X años… está prisionero de una tarde. No puede evitarlo. Vaya donde vaya, se detenga donde se detenga, lleva consigo su tarde. Esté en la mesa con amigos, o en el banco de una reunión de trabajo, siempre llega un momento en que, seguramente debido a un proceso de fijación que se le escapa, regresa a su tarde. No debe sorprender que el vivir de continuo con esa presencia, acarree consecuencias en relación con la realidad circundante, pues hay que estar en todo momento alerta, sabiendo que antes que él otros se han dejado en cosas así la salud mental. Por eso X… extrema las precauciones; lo cual no le impide hablar sólo de cuando en cuando y decir en voz alta, por ejemplo: ya se verá la próxima vez, como si se lo dijera a su tarde.

Curiosamente, en esa tarde interior son siempre las seis. Se trata de una unidad temporal a la vez breve e indefinidamente repetida. Porque X… sólo recuerda esa hora.

(“Cooper o las Soledades Elementales” Patrick Lapeyre.)

04
ene
10

ELOGIO DEL OLVIDO

ELOGIO DEL OLVIDO
(José Luis Gracía Martín)

¿A qué grabar un nombre en las paredes,
manchar con torpes trazos la blancura
deslumbrante, impoluta, de la nada?
¿A qué este vano empeño de ir dejando señales,
de escribir en la arena, a resguardo del viento,
las triviales miserias que conforman tu vida?
Sobre las tercas líneas que dibujan un rostro
ha de pasar la mano piadosa de los años
borrando letras, sílabas, palabras sin sentido.
El papel en que escribes volverá a estar en blanco.
¿Y habrá dicha mayor que no haber sido?.

04
ene
10

*MISCELÁNEAS

BABY BAMBY

04
ene
10

BAJO MI LEY

BAJO MI LEY

Perdonar y olvidar, lo hice muchas veces por ti.
El Amor lo puede todo, sin Amor, no lo puedes hacer.
La prueba más grande de mi Amor fue esa:
Perdonarte y olvidarme que me hiciste mal.
Todavía te perdono y te perdonaría.
Mi misión es Amar, y yo soy Amor.
Lo hago con todos y tu no eres la excepción.
Perdonado (a) estas, para siempre en mi corazón.
Gracias, por darme la oportunidad
de poder ejercer la bendición de perdonarte.
Gracias a las muchas ocasiones
de perdonarte, yo he crecido
haciéndolo y dándote lo mejor de mi,
sobre todo: mi sincero perdón y mi Amor.
Considero que quien esté libre de “pecado”
que tire la primera piedra.
No seré yo quien te juzgue.
Tu libertad y derecho son: errar cuántas veces quieras.
Mi Misión y mi Ley son: Perdonarte y Amarte
cuántas veces sean.
Sin Amor, no perdonarás,
si albergas rencor
tampoco podrás.
Tienes que mirarte antes,
No veas la paja en el ojo ajeno,
sin antes mirarte.
Sé es más feliz y más verdad,
Si agradeces y perdonas en la vida
y en el mundo de seres imperfectos.
Cómo hablar de Dios, cómo hablar
De Amor, si no sabes perdonar.
Si mil veces me haces mal,
mil veces yo te perdonaré y
olvidaré el mal sinceramente.
Puse la otra mejilla,
y te hartaste de darme.
Perdonado (a) estas.
Miro al cielo y me voy,
pero bastante mejor después
de perdonarte sinceramente en mi corazón.

Barcelona, 14 de junio, 2008.

PS: “Nací para amar a los demás, para escribir…Amar a los demás es tan vasto, que incluye incluso perdón para mi misma, con lo que sobra. Amar a los demás es la única salvación individual que conozco: nadie estará perdido si dá amor y a veces recibe amor a cambio” (Clarice Lispector).
“Alivia mi alma, haz que sienta que tu mano esta cogida a la mía, haz que sienta que la muerte no existe, porque ya estamos en verdad en la eternidad, haz que sienta que amar no es morir, que la entrega de sí mismo no significa la muerte, haz que sienta una alegría modesta y diaria, haz que no te indague demasiado, porque la respuesta sería tan misteriosa como la pregunta (…) Bendíceme, para que viva con alegría el pan que como, el sueño que duermo, haz que tenga caridad para mi misma, pues sino, no podré sentir que Dios me amó, haz que pierda el pudor de desear que en la hora de mi muerte, haya una mano humana para apretar la mía (..).(De “Aprendizaje” Clarice Lispector).

04
ene
10

NO DIGAS QUE FUE UN SUEÑO

 

NO DIGAS QUE FUE UN SUEÑO
(Gina Martínez-Vargas Araníbar)

El otro día en un Museo de Arte vi las estilizadas figuras del Greco, yo había escapado de los antros universitarios para estar conmigo a solas, era parte de unos paseos solitarios a los que normalmente no acostumbro, pero los que sentí necesitar y desee repetir más a menudo. La amplitud del Museo, esa sensación de vació espacial, sólo iluminado por los cuadros en sus paredes me dio un frío espectral, un frío exterior que muy pronto se tradujo en un frío real e interno, cuando me sobrecogió un escalofrío que me hizo trepidar, intenté restarle importancia y quise suponer que algún virus de la gripe se estaría incubando en mis entrañas y seguí caminando; no todas esas amplias paredes estaban cubiertas de pintores clásicos y madonas italianas de claro oscuros, de apariencia solemne y respetable. Más allá estaban los abstractos, que se parecían a mi cerebro quizás algo confuso y extraño, todas esas incoherencias faltas de una lógica se fueron sucediendo más allá, inclusive las pamplinas de un Joan Miró, que parecen emular a dibujos infantiles o el desequilibrio de una infancia tardía, luego pensé —quién no ansía volver a ser niño otra vez— y lo perdoné, perdoné su incomprensible puerilidad artística, para quedar absorta con el colorido de un Paul Klee, un algo más afín con la vitalidad y el color, pero aquello que me paralizó fueron los cuadros de Fortunato Depero, sus reconstrucciones futuristas del universo, “La solidez de los caballeros errantes”, “Grattacieli e tunnel 1930”, me mantuvieron un buen tiempo absorta. Yo buscaba en el primero esas superposiciones, que parecen emerger de la figura del ser representado y expandirse hacia el cósmos, esos cuerpos sutiles que parecen representados además del caballero errante que va al galope; en el otro se veían rascacielos en una superficie dividida en dos y en la parte baja dos enormes boquetes o túneles, de aquellos que parecen inundar las ciudades y en donde parecen esconderse todos los tesoros perdidos de las urbes. Estaba en ello, cuando me acometió un segundo escalofrío que me hizo trepidar muy fuertemente, miré de soslayo a los paseantes, por temor a que notaran mis extraños temblores e intenté recomponerme haciendo acopio de energías para proseguir andando, mientras intentaba disimular un extraño malestar que parecía poseerme.

Enseguida tuve la certidumbre de que el virus del extraño mal estaba en plena actividad, noté que las piernas tenían una rara pesadez, que los músculos parecían semi entumecidos y sin ganas de movilizarse, mis ojos creyeron tener una visión a través de una pecera y un vértigo repentino me dio la sensación de estar dentro de un local en movimiento, el suelo pareció hundirse súbitamente bajo mis pies y cuando creí trastabillar por el mareo, una mano me cogió muy fuertemente del codo izquierdo y me mantuvo en pie, cerré los ojos levemente y cuando los abrí, tenía la cara pálida de una joven chica vestida de azul mirándome con atención.

—Gracias. —musité.
—Te pondrás bien, —dijo ella con energía. Y su brazo me guió sin hablar hacia una especie de asiento, un cubo de wengüe apostado en un recodo de aquella gran sala de exposiciones, donde me hizo tomar asiento con gran solicitud.
—Espérame, te traeré un café. —apuntó, mientras se iba rápidamente hacia la salida del recinto de exposiciones.

Yo había concitado algunas miradas de soslayo, curiosidad y preocupación quizás en los paseantes del Museo de Arte, los más disimulando pasividad volvieron sus miradas hacia las obras y yo, me sentí por momentos alguna exótica y no menos estrambótica obra de museo, razón por la cual me di prisa por sacar del bolso un libro, que abrí en cualquier página y simular que leía, pronto descubrí que tenía el libro del revés y lo giré, cuando pude recuperar la respiración, me puse de pie y volví a sentir el vértigo, enseguida me sentí como una niña que ha desobedecido una orden y pillada in fraganti vi venir a la dama de azul con un café en la mano, mientras me hacia ademanes de que me sentara, me senté y sentí un alivio al recibir el bendito café.

—No te levantes aún, I*…—dijo ella, llamándome por mi nombre de pila, razón por la cual le dirigí una mirada inquisitiva de sorpresa.
—¿Nos conocemos? —interrogué.
—Sí, —dijo más risueña que antes. —de la Universidad. Ambas hemos salido de allí y hemos seguido un mismo rumbo. —apuntó.

Yo que no había reparado en eso, le creí. Suelo andar muy distraida y cuando no mantengo mis diálogos mentales interiores, más propios de manicomio, mis pensamientos están seguramente muy lejos del tiempo y del espacio. Mi inconciente que aspira permanecer en soledad, sabe que transita entre una multitud de viandantes y que su vagabundear es similar al de una estrella errática, razones de más como para haber ignorado por completo a la estudiante de azul que acompañaba mis pasos hacia el Museo de Arte.

Después pude volver a casa siempre guiada por G*.. esta alumna de Universidad, quien quiso con insistente pertinacia acostarme y dejarme segura y a buen recaudo, en la seguridad de mi alcoba y mi piso de la Gran Vía Barcelonés. Quizás quise estar enferma como cuando niña, para sentirme mimada o más querida. Era mejor estar enferma de todas formas, a estar completamente lúcida. Era mejor transitar por esa especie de túneles de Fortunato Depero en el “Grattacieli e tunnel 1930″, a seguir por la superficie aparentando estar a gusto con la realidad. Cuando me quedé dormida sin notarlo, G*.. estaba instalada en mi piso, trabajando en mi ordenador y hasta leyéndose todas mis antiguas cartas de amor, que aún seguían guardadas en alguna carpeta con nombre propio. Cuando la descubrí, me guiñó un ojo y me dijo:

—¡Vaya, esto es fantástico!, mejor que una novela de Jules Verne.

Seguramente le reprendí muy levemente, que se rió de mi en seguida. Yo parecía flotar en la nebulosa de cuadros de Museos de Arte, mis sueños febriles evocaban cuadros y más cuadros, los Modigliani y sus desnudos, pero me inquietaba sobremanera aquel cuadro de Picasso: “Mujeres corriendo por la playa”, que en un principio llamó: “las Gigantas”. ¿Por qué no me atormentaban las estilizadas y espirituales figuras del Greco, Por qué no, las tantas Nu, que había visto de Modigliani o las epicureas pinturas de un Renoir, por qué no las Madonas de Rafael?. Entonces creí rememorar alguna realidad pasada en el centro de mi nebulosa, que se tornó punzante y casi dolorosa al lado cordial de mi pecho, quitándome la respiración, razón por la que tuve que asomarme a la ventana y abrirla casi violentamente antes de ahogarme.

—¿Qué te pasa ahora? —interrogó ella. —¡Venga, hombre!. No digas que fue un sueño. —apuntó la “infiltrada” y nueva ocupa de mi domicilio particular.

Cuando logré respirar un poco de aire fresco descubrí que miraba la calle a través de una especie de prisma vidriado y en seguida una lágrima fue a caer a la mano, que tenía asida a la baranda del balcón.

Me quedé sin palabras. Nunca sabré si aquello fue un sueño.

Barcelona, 02 de junio de 2008
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04
ene
10

*INTERROGANTES DEL SUICIDIO DE A. STORNI

 

INTERROGANTE SOBRE EL SUICIDIO DE A. STORNI

A los cuarenta años de la muerte de la poetisa argentina Alfonsina Storni, un vendedor de golosinas de Mar del Plata abrió un interrogante sobre la forma en que murió una de las grandes de la literatura sudamericana.

Hasta ahora era aceptado que Alfonsina se suicidó el 25 de octubre de 1938, lanzándose a las aguas de este famoso balneario argentino, pero Enrique Tissone, el hombre que descubrió el cuerpo flotando, cree que “pudo ser un accidente”.

Tissone afirma que ninguno de los relatos conocidos sobre el trágico episodio es exacto, ni siquiera con respecto a la ropa que vestía Alfonsina. “Ella no vestía túnicas blancas como han dicho, yo no vi ninguna”, asegura.

Alfonsina Storni nació en 1892 en Lugaggia (Suiza italiana) y ejerció el magisterio primario y secundario en Buenos Aires. Entre sus obras más conocidas figuran “La Inquietud del Rosal” (1916), “Irremediablemente” (1919), “Languidez” (1920) y “Ocre” (1925).

Aquejada de una enfermedad incurable escribió un soneto, “Voy a Dormir”, y un día después apareció flotando frente a la playa Bristol, en Mar del Plata.

Tissone rememora que en la mañana del 26 de octubre de 1938 recorría la escollera junto con un banero amigo suyo, “la escollera había sido muy dañada por la marea. Tenía grandes grietas, verdaderas trampas mortales, era necesario andar con mucho cuidado para no pisar en falso”, dice el vendedor de golosinas.

Añade que “allí encontramos un zapato de mujer de color negro de gamuza número 35″ y explica que “una bandada de gaviotas volaba en círculos sobre un objeto que se encontraba a 200 metros de distancia de la costa y comprendimos que se trataba de un ahogado”.

Cuando el cuerpo fue llevado a la costa, Tissone comprobó que era una mujer, “pequeña de estatura” que vestía una “blusa blanca, pollera negra y negras eran también sus prendas interiores. En la mano izquierda llevaba un anillo con brillantes, yo no vi ninguna túnica blanca como se dijo después”.

04
ene
10

ELEGÍA DE LOS DESCONOCIDOS

ELEGÍA DE LOS DESCONOCIDOS
(Manuel Scorza)

Ya no nos conocemos, ya no nos entendemos,
¿qué pasa?.
¡Oh, desconocida!.
Nuestro amor como los árboles daba pájaros.
¿Qué está pasando?
Azules éramos. ¿Qué ha pasado?.
El viento del mar desesperado
agita pañuelos de musgo en las esquinas,
me voy.

Pañuelos de llorar: mejor me voy.

Al atardecer los pájaros también se van,
Viajan a las torres buscando picos tiernos,

A los reptiles, yo
al fondo del agua a vivir ardiendo.

Porque para esta sed el agua está vacía,
vacía está el agua para mi corazón.

04
ene
10

VIVIR CON TRASCENDENCIA

 

VIVIR CON TRASCENDENCIA
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar).

Vivir como si fuera el último día de nuestra vida, puede parecer un dicho interesante sin analizar, puedo asegurar que es muchísimo más que eso si lo analizamos y profundizamos más en ello. Podriamos decir que en esta vida “sabemos” todo cuanto hemos experimentado y es parte de nuestras experiencias, porque todo cuanto hemos internalizado como parte de nuestras íntimas vivencias, tiene un sentido más real, más próximo, cercano y hasta más certero, todo lo demás mientras no lo hayamos vivido o experimentado formará parte de toda la teoría y literatura de los otros, del vulgo y de la gente. No nos pertenece. Por eso será que mientras más se vive se adquiere mayor sabiduría sobre todo y sobre la vida en general.

Siempre la edad temprana es una edad en la que se está por lo general más proclive hacia el error, querer probar las alas a temprana edad siempre puede ser un gran riesgo si no se ha vivido lo suficiente, ya que si las experiencias enseñan y se adquieren con el tiempo y los años, esos vuelos errabundos y experimentales, podrían tener las alas más quebradas en corto tiempo. Si los golpes de la vida nos van enseñando a vislumbrar mejor el panorama de nuestra existencia, aguardar con paciencia podría ser la “norma” para no equivocarse, ¿pero quién le dice y convence a un joven impaciente que tenga más paciencia?, nadie…La prisa es el signo del joven, el ansia por vivir, la alegría de experimentar implícita de una gran curiosidad, es algo desde luego, inquietante y difícil de parar.

El anhelo de vivir con trascendencia se adquiere después, después de los primeros vuelos errabundos de libertad, después de los primeros golpes y decepciones y muchas veces muchísimo después aún, dependerá para ello nuestro grado de insatisfacción o madurez, para bajar la guardia e intentar enmendarnos en busca de otras fórmulas menos peligrosas y menos nocivas para nuestra propia vida, dependerá también de acuerdo a lo fuertes que hayan sido los golpes que hayamos recibido de la vida, de nuestro grado de recuperación y el convencimiento que tengamos de las experiencias previas como para “curarnos” de sus efectos nocivos; también del grado de incentivo que tengamos como para repetir las experiencias una y otra vez, errando siempre por el mismo camino o con los mismos medios de antes, cometiendo los mismos errores, y por tanto aprendiendo poco de las experiencias dolorosas, porque para eso están, para aprender y adquirir experiencia. El método básico del ensayo y el error, lo practicamos desde muy temprana edad y con ello vamos llegando al convencimiento de aquello que podemos hacer sin recibir dolor o tener una experiencia negativa a cambio. Lo que nos permite crecer “con experiencias” y seguir ampliándo las gamas experimentales de todo mortal.

A cierta edad, el convencimiento de algunas cosas es pleno y está impreso dentro de nuestro campo formativo; sin embargo, el miedo a determinadas experiencias o el rechazo, por habernos llevado a amargos momentos, puede llegar a ser muy negativo. Nuestro convencimiento de ellas podría estar distorcionado y parcializado, sin una cuota de madurez y separación de los parámetro normales, nos volverá sobre-protectores con nosotros mismos, extremadamente cautos y hasta eternamente temerosos, lo cual formaría parte de una asimilación negativa de patrones conductuales en nosotros; lo normal, lo sano, es o sería poder pasar de las malas experiencias, recobrando el estado saludable de “la serenidad”, la visión amplia de saber que no con todos nos irá a ocurrir lo mismo, ni hacérselo “pagar” a otros, o a justos por pecadores, como diría el dicho. Cada ser humano es diferente y distinto a otro, por ello el difícil mundo de las emociones, se torna complicado y hay que analizarlo de un modo personal. Pero dejemos esto para los psicólogos o psiquiatras.

Nosotros intentamos llegar al momento humano y no quimérico de vivir una vida con mayor trascendencia, calidad, positivizando las experiencias vividas e internalizándolas a nuestro bagaje interior, y al ámbito de nuestras relaciones interpersonales cotidianas, mucho más válidas, diría yo a nuestra particular vivencia, ello ya nos compensará de todas las malas o amargas experiencias del pasado. El equilibrio, la paz interna, la armonía con las partes de nuestro entorno, el grado de felicidad y/o satisfacción de metas marcadas y propuestas por conseguir o realizar, ya dependerán únicamente de nosotros mismos. No las podremos conseguir a través de otros, es un proceso interno y particular de asimilación y madurez, para afrontarnos con ello y a pesar de ello a la vida.

El insigne David Thoreau escribe en “Walden” en relación a la experiencia: “Hace unos treinta años que vivo en este planeta y todavía estoy por oír la primera sílaba de los serios o valiosos consejos de mis mayores, pues no me han dicho nada, o quizás no puedan decirme nada, de utilidad. Aquí está la vida, un experimento, la mayor parte del cual no ha sido realizado por mi; pero no me beneficia en absoluto que otros lo hayan realizado. Si poseo alguna experiencia que considero de valor, puedo asegurar que mis mentores no me dijeron una palabra acerca de ella (…)”. Todos necesitamos vivir y realizar nuestro propio descubrimiento de lo que es esta vida, cómo, viviéndola, experimentándola. Nunca nos podrá valer del todo la experiencia ajena.

A veces las muertes cercanas y dolorosas, nos llevan a la reflexión sobre la vida y lo pasajeros que somos en la existencia. Si todos tuviéramos estas experiencias bien asimiladas e intentáramos poder seguir viviendo con cierta calidad, lo sensato sería aprender de ello, a vivir cada minuto tal como si fuese el último, porque la muerte no se anuncia, hoy podemos estar vivos y mañana no, repasemos entonces nuestras relaciones importantes, acostémonos cada noche en paz con todos, besemos y abracemos a quienes tengamos más cerca, que no nos avergüence manifestar amor y nuestros sentimientos, ello es lo único real de nosotros, lo único verdaderamente nuestro que podemos ofrecer y dar; por tanto, a través del tiempo y las experiencias, la única manera de vivir con trascendencia es brindar verdad, autenticidad, amor, paz, siendo concientes de lo breves y efímeros que somos, sabiendo que pasaremos, que nuestra oportunidad está en vivir nuestro cuarto de hora con honestidad, perdonando a todos cuantos nos hicieron mal, por imperfectos, incomprendidos o difíciles y en cambio mirar más lejos y agradecer las experiencias que nos han enriquecido. Como diría Thoreau: “Cuando tratamos con la verdad, somos inmortales”.

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02
ene
10

CLARICE LISPECTOR

CLARICE LISPECTOR

La felicidad clandestina:

(Nadia Battella Gotlib presenta la biografía de  Clarice Lispector )

La primera imagen que nos acerca a la figura de Clarice Lispector es la de una niña apoyada en una baranda, en el parque de Recife. Tiene nueve años, el pelo corto y es delgada, quizá frágil, aunque es posible que esa sensación se deba a la ropa que usa: un vestido sin mangas totalmente negro. Está de luto por la muerte de su madre. En otra fotografía aparece en todo su esplendor, con un moño que deja ver su cuello y la mirada, altiva y misteriosa, es la de una escritora que, a los 18 años, acaba de publicar una novela soberbia, inclasificable, que se ama o se odia: “Cerca del corazón salvaje”. En la última imagen llama la atención la postura encorvada, el vestido hasta más abajo de la rodilla, los párpados muy pintados y sus pies, grandes y descalzos, que parecen refrescarse en el piso frío del departamento. Está rodeada de plantas y Ulises, su perro, posiblemente sea el único acompañante.

(Publica El Mercurio)

Por Álvaro Matus

A esas alturas, principios de los setenta, Lispector ya sabe lo que es el reconocimiento, las traducciones, las invitaciones a congresos, si bien su actitud es la de una mujer incómoda o disconforme. ¿Con qué y por qué y desde cuándo? Estas son las interrogantes que busca despejar Nadia Battella Gotlib en “Clarice, una vida que se cuenta” (Adriana Hidalgo, 2007), hasta ahora la biografía más contundente de la escritora brasileña.

Tratándose de una mujer tan excéntrica, contradictoria y ensimismada -alguien la definió como “lisérgica”-, cualquier intento por develar sus secretos adquiere carácter épico. “Elegir la propia máscara es el primer gesto voluntario humano. Y es solitario”, señaló Lispector. Ante una declaración semejante el lector tiene dos caminos: prescindir de cada una de sus declaraciones o, al revés, asumir que hay quienes necesitan colocarse una máscara para decir la verdad. Con ella se protegen, pero al mismo tiempo se sienten liberados. Nadia Battella Gotlib intuye que Lispector pertenece a esta última clase.

El enigma del nacimiento

Los padres de Clarice Lispector abandonaron Ucrania después de la victoria de los bolcheviques, en medio de un clima de inestabilidad económica y constantes persecuciones a los judíos. Clarice nació en el trayecto, en una pequeña aldea llamada Tchechelnik, y se supone que llegó a Brasil a los dos meses. Battella Gotlib, rastreando las informaciones sobre los barcos que arribaron en esa época, se inclina a pensar que fue en 1922, si bien existía cierto consenso en que la fecha de nacimiento es 1925. Lispector, además, mencionaba 1921, 1926 y 1927.

Desde el comienzo entonces la escritora aprovecha los vacíos para ir borrando sus huellas, para fabricarse un personaje a su medida. Respecto a la ocupación del padre, por ejemplo, era frecuente que cambiara su actividad: vendedor de telas, agricultor, representante de firmas comerciales.

Lo que aflora con total evidencia es que desde pequeña se sintió abandonada. Y la razón es clara: su madre padecía una parálisis progresiva, por lo que toda la casa giraba en torno a los cuidados que requería. Clarice se entretiene leyendo, contando historias y jugando con los animales. “Yo a una gallina la entiendo perfectamente -aseguró-. Quiero decir, la vida íntima de una gallina, yo sé como es”.

Al diario de Recife envía sus primeros cuentos, que eran rechazados porque nunca contaban una historia a la manera del “Había una vez…”. Eran emociones, sensaciones, divagaciones íntimas. Una suerte de matriz que con el tiempo alcanzaría su esplendor en La manzana en la oscuridad, El libro de los placeres o Agua viva, por nombrar tres libros que escapan a cualquier clasificación de género. Según César Aira, más que cuentos, novelas o crónicas, sus textos son “travesías de la conciencia por la escritura, lentas, a veces estáticas, despreocupadas de todo efecto de relato”.

Joyce, Woolf y Lispector

Tras la muerte de la madre, en 1930, la familia se trasladó a Río de Janeiro, donde Lispector completa su educación escolar, estudia leyes y da sus primeros pasos en el periodismo. También lee todo lo que cae en sus manos: sus ídolos son Hesse, sobre todo El lobo estepario, y la cuentista neozelandesa Katherine Mansfield. Poco antes de casarse, en 1943, escribe su primera novela, Cerca del corazón salvaje (1944), sobre una mujer seducida por el mal: miente, roba, se interesa por “las historias terribles de los dramas en los que la maldad era fría e intensa como un baño de hielo”.

La reconstrucción del arranque de la carrera literaria y el posterior seguimiento, libro a libro, es la mayor fortaleza de esta biografía que acierta en no ligar a Lispector con la literatura feminista. Se trata únicamente de Literatura, con mayúscula. Battella Gotlib se sumerge en cartas, crónicas, entrevistas y testimonios de familiares y amigos para tejer un denso tapiz en el que vida y obra resultan inseparables.

Hoy se asume naturalmente que Lispector desciende de Virginia Woolf, Faulkner y Joyce, pero en su momento la escritora no reconoció dicha influencia, asegurando que no los había leído. En el caso de los dos primeros, pase, pero el título mismo del libro está tomado del autor de Ulises: “Estaba solo. Abandonado, feliz, cerca del corazón de la vida”, escribió Joyce. Como sea, la novela dividió a la crítica, pues rompe con cualquier noción de trama o desarrollo dramático. Lispector jamás perdonaría a Álvaro Lins, quien poco menos que la trató de representante comercial del monólogo interior en Brasil.

En esos años la escritora vive en Nápoles, así que toda la discusión se produce por cartas que viajan lentamente, aumentando así la ansiedad. Lispector, casada con un diplomático, se trasladaría luego a Suiza, donde escribe La ciudad sitiada (1949) y posteriormente a Estados Unidos. En total pasa 16 años en el extranjero, sometida a una vida social exasperante: “En todo este mes de viaje, no he realizado nada, ni leído, ni nada. Soy completamente Clarice Gurgel Valente”. Define la vida diplomática como una larga tarde de domingo que la está apagando, deprimiendo, erosionando. “¿Has visto como un toro cansado se transforma en buey?”, pregunta en una misiva.

En Nueva York escribe cuentos con la máquina en la falda, sentada en un sofá, con los niños jugando alrededor. El libro Lazos de familia (1960), sin embargo, así como La manzana en la oscuridad (1961), deben esperar más de cuatro años para verse publicados. Paulo Francis, amigo de la autora, explica que ella tenía un nombre, aunque “los editores le huían como una plaga, porque representaba la realidad a fogonazos, indirecta e instintiva”.

Lazos de familia contiene algunos de sus mejores relatos, como “El crimen del profesor de matemáticas”, “Amor” y “Feliz cumpleaños”. En apariencia, los personajes aceptan el curso de la vida familiar sin mayores cuestionamientos, hasta que un suceso inesperado -el encuentro con un ciego, el silencio del esposo, la muerte de un perro- les provoca un temblor tan inquietante como placentero: la felicidad es siempre clandestina.

De regreso en Brasil

Las falencias de Clarice, una vida que se cuenta se hacen sentir cuando la autora regresa a su país y, a los pocos meses, se divorcia. Battella Gotlib no entra en el drama que significó la separación (Lispector incluso afirmó que era “el dolor más grande de mi vida”) ni en las causas que la motivaron. Las cartas que Maury Gurgel Valente le envía a Clarice parecen puestas para demostrar su arrepentimiento, pasando por alto la insinuación de posibles infidelidades y de unas cartas que le provocarán a ella “rabia y escarnio”. La biógrafa se limita a subrayar la incompatibilidad de caracteres a la hora de asumir la vida diplomática. Tampoco entrega mayores detalles sobre la relación de Clarice y su hijo mayor, enfermo de esquizofrenia, o de una tardía adicción a los tranquilizantes.

En esta biografía las fichas están puestas en las dificultades de la carrera literaria. En varios pasajes el reconocimiento de su obra, que se afirmó justamente en los sesenta y setenta, es visto como un modesto premio de consuelo.

“La pasión según G.H.” (1964), la historia de una escultora que se come una cucaracha porque descubre en ella “la identidad de mi vida más profunda”, obtiene elogios unánimes. Y “Agua viva” (1973) confirma que Lispector narra desde una perspectiva desplazada: sus personajes no saben lo que ocurre, pero no por eso dejan de contar lo que están sintiendo. Otros libros suyos se reeditan y traducen al francés, español e inglés.

Contra lo que podría pensarse, para sobrevivir Lispector debe echar mano al periodismo, escribiendo columnas en Jornal do Brasil y, en otros medios, participa en las secciones femeninas con diferentes seudónimos. Como Helen Palmer da consejos para evitar la excesiva transpiración y llama a no arredrarse pasados los cuarenta. Entre 1960 y 1961 inventa a una artista de cine y modelo que sentencia: “La belleza no se improvisa. Tú misma puedes crearla”.

Entre broma y broma -entre máscara y máscara- la verdad se asoma: “Prefiero que salga una buena foto mía en el diario que un elogio”, escribió en 1969. Tres años antes, Lispector había sufrido graves quemaduras por quedarse dormida con un cigarro prendido.

Como siempre, la vejez es brutal. Lispector declara una y otra vez que la fama la agobia. Su carácter se vuelve irritable. A Olga Borelli, quien estuvo a su lado en la etapa final, le confiesa que su vida carece de rumbo. Con todo, lectores anónimos la llaman para contarle su vida y Cortázar manda decir que quiere conocerla. “¿Será que estoy de moda?”, se pregunta en un cuaderno.

Incómoda por el “mito Clarice”, da entrevistas para decir que lleva una vida normal, que su máxima alegría fue criar a sus hijos, que está arrepentida de cada uno de los libros que escribió. Frases que combinan la buena crianza con la ironía y, por qué no, con el desprecio hacia la banalidad. Clarice Lispector nunca perdió el humor ni el misterio. Al final todo parece un juego coqueto, como cuando cambiaba la fecha de su nacimiento. Enfurecida, un día antes de morir, le dijo a su enfermera: “¡Usted mató a mi personaje!”.

02
ene
10

ESCRIBIR O MORIR

 
ESCRIBIR O MORIR
(Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Siempre sentí que me era preciso escribir, pero expresarme a través de la escritura es un ejercicio en extremo íntimo y profundo, siempre fue algo que ejercí como un ritual mágico y secreto, que requirió un afán inquisidor y liberador de mis propias presiones, un proceso extraño de todo cuanto sentía rebasarme, de todo lo incomprensible, ignoto y cabalmente desconocido, que no tiene un nombre o no cabe en las palabras conocidas y descubiertas. Nunca lo he logrado traducir del todo, sólo quizás intentándolo me habré aproximado a plasmarlo, será por ello el desasosiego de alguien que como yo escribe o lo intenta con cierta frustración. Hay mundos que no alcanzan a plasmarse en las pocas letras de un alfabeto, sentimientos y emociones que escapan y son ajenos a las letras, que en verdad no se escriben ni deberían escribirse jamás tal vez, porque no existen allí, su frecuencia es otra, son como ondas disímiles, una suerte de música sin letras que lo llena todo, como el silencio. A menudo me he quedado corta, poco experta y extrañamente cicatera, merodeando entre la A y la Z, sin éxito, ansiando redondear “aquello“ que está en alguna parte y me perturba, cuyo lenguaje y forma de expresión me es vedado tal vez como castigo.

La metanarración me parece algo más íntima porque parece estar basada en alguna experiencia directa, pero no obstante, en casi todo lo autodiegético parece existir un ego desmesurado, por eso inventaría Greimas a los actantes, por eso estarán tal vez las “voces narrativas”, ese deseo de enmascararse, de envolver y refractar la propia imagen, una fuerte voluntad de ocultamiento, una fuga perpetua y un deseo que tras el anonimato abarque una especie de enclave común con un algo universal y más afín a un todo. Será por todo esto que huyo de las particularidades sin sustancia o las que simplemente no alcanzo a desmenuzar de este modo.

Sospecho que a casi todas las que pasamos de los 40 nos dice algo un flashback literario, porque podemos empezar a creer que “existe”, aunque sepamos sea meramente literario, porque podría abarcar una conciencia común de algo que también hemos vivido, conocemos o es verdad; no obstante, la temporalización prospectiva de un Flash-Fordward, o una prolepsis que mira hacia delante, nos puede llegar a parecer algo más fantástica, por las miles de formas posibles de resolución de una realidad futura. Creo que nuestro lado oscuro es capaz de iluminarse cuando se produce una instancia reflexiva, vale decir una especie de flashback. De allí a la infinidad de digresiones a las que se pueda llegar al escribir algo, es un mundo. Humanamente un Flaubert o un Balzac nos parece más íntimo y personal que un Asimov o un Bradbury, unos padecen y tienen carne y otros parecen sobrevivir y tener que adaptarse en nuevas construcciones futuristas y ser de latón o de cartón piedra, donde se mueven cosas más singulares y ajenas a lo que nos es común. Infiero de ello todo cuanto entraña la noble tarea de la escritura: lo creíble, lo increíble, lo que parece tener impresa nuestra huella y ese algo escrito en nuestras venas, en nuestro código genético y venir de nosotros mismos y que aún siendo singular y único es capaz de ser común a todos.

El escritor Enrique Vila-Matas dice: “Escribir es desposeerse, un morir sin detención posible”. Y ¿por qué no un vivir o revivir constante?, creo es un reinventarse a sí mismo muchas veces, un intento de revivir lo ya vivido, de perpetuar el artilugio de una memoria emocional asimilada, un ejercicio de repasar lo almacenado, siempre y cuando se refiera a nuestra realidad, con toda su carga estructural o conjunto de emociones posibles y rescatables.

Nunca quise publicar nada, de hecho jamás escribí para otros que no fuese yo misma, los relatos cortos me los escribí y narré a mi misma en una etapa creativa de evasiones y extravíos, los Stream of Concienciousness, psiconarración o monólogos interiores, me sirvieron posiblemente para vagar por otros mundos, o por manicomios, donde yo era una simple espectadora y pisaba con miedo alguna estrella roja y marciana, donde los bulevares y mis corredores estaban flanquedos de estrellas lejanas que jamás llegaría a coger, pero me dieron la idea de estar viajando en alguna alfombra misteriosa y mágica, sobre todo a estar lejos de mi misma y esa otra realidad, aspirando permanecer quizás en alguna bella infelicidad.

Como terapia bien, de modo que fui perdiendo el caparazón de un Gregorio Samza, para ir dejando los pudores y las vergüenzas, hasta llegar a contradecirme e ir sacando las tintas de calamar y los rubores, hasta sucumbir en la fácil blogosfera del Cyber espacio de los Ínter nautas. Increíble pero cierto. ¡Cosas de la vida!.

Barcelona 28 de mayo de 2008
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02
ene
10

LA PASIÓN

LA PASIÓN
(Cristina Peri Rosi)

Salimos del amor
como de una catástrofe aérea
Habíamos perdido la ropa
los papeles
a mí me faltaba un diente
y a ti la noción del tiempo
¿Era un año largo como un siglo
o un siglo corto como un día?
Por los muebles
por la casa
despojos rotos:
vasos, fotos, libros deshojados
Éramos los sobrevivientes
de un derrumbe
de un volcán
de las aguas arrebatadas
y nos despedimos con la vaga sensación
de haber sobrevivido
aunque no sabíamos para qué.

“Babel bárbara” 1991

02
ene
10

CUANDO ABRÍ MI CORAZÓN

CUANDO ABRÍ MI CORAZÓN
(Alcira Cardona Torrico)

Cuando abrí mi corazón, había dentro
un dios llagado;
le vi caer por la mejilla izquierda
hasta romper la luz
y estremecer la tierra.

Cuando abrí mi corazón,
estaba un olivar quemándose entre dos rayos.
Percutía el puño de los huecos
y blandía sus brazos al estrago.

Cuando abrí mi corazón,
las fraguas ya no ardían,
pero el duro golpear de los hierros
arrastraba
estruendos carcelarios y suspiros.

Cuando abrí mi corazón,
el poema, vio descarnado el rostro de la guerra,
de sus labios cayeron los adioses,
hubo temblor de noches
y silencioso huir de las estrellas.

Cuando abrí mi corazón, quedaban el duelo,
la carcoma, el polvo
y las últimas palabras sin encuentro;
con ojos en la sombra sumergidos
los insomnes recuerdos
girando en el vacío.

¡Cuando abrí mi corazón,
las lágrimas del mundo habían crecido…!

02
ene
10

PUT TO BLAME ON MAME

“PUT TO BLAME ON MAME”
(Échale la culpa a Mame) Y
“AMADO MÍO”
(Rita Hayworth en GILDA)

Un vídeo estupendo con dos temas de esta Diva divina del glamour, del Cine de la Época de Oro: Rita Hayworth en su maravillosa película GILDA, una de mis grandes favoritas. “Échale la culpa a Mame” viene de emular a una actriz y cantante francesa de la época, famosa por quitarse la ropa al final de sus actuaciones, tipo Strip tease. El co-protagonista de esta película es el actor canadiense  Glenn Ford (Johnny Farrel). La famosa cachetada que Farrel le propina a Gilda es propia de antología. Me encanta cuando Gilda interpreta “Put to Blame On Mame” con su guitarra y el cantinero la mira absorto, ante el gran enfado que propicia en Farrel, que se levanta iracundo. Recomiendo este gran clásico del Cine de Oro, diversión asegurada.

02
ene
10

EL HOMBRE QUE PERDIÓ EL PARAÍSO

 

EL HOMBRE QUE PERDIÓ EL PARAÍSO
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Al amanecer la luz que se filtraba por la ventana hirió los ojos de Gian Cusack, éste se los restregó repetidas veces con el índice y su primera mirada se posó en el ventanal de cortinas de tul, sintió su propia vida tan enrarecida y carente, su mundo personal parecía detenido, tan inerte, casi como su misma estructura corpórea, a pesar de ser él un hombre de buena salud y andar en buen estado físico. No, no habría nada que temer para un hombre organizado, sus asuntos mundanos allá afuera andaban sobre ruedas.

Cusack se paseo por la casa y se alegró de saber que aquel día estaría solo, el hombre que cuidaba de sus asuntos domésticos y que hacía las veces de mayordomo, chofer y hortelano, tenía el día libre y a nadie más que a él le agradaba tanto la complacencia en soledad y aquella permanencia lejos de cualquier tumultuoso ruido. Se acercó hacia el espejo del salón principal y se vio en verdad tan distinto, se palpó con ambas manos su rostro extraño y macilento, por unos instantes no pudo y tampoco quiso convencerse de sí mismo; pero, no sería fácil negarse. Luego erró de arriba abajo. Aquella soledad distaba de ser una especie de aburrimiento, pues solía procurarse siempre de alguna forma que distrajera sus horas vacías, sin duda había aprendido bien a manejar su propio mundo; se podría decir que, creía haber logrado asumir los controles de su propia vida a fuerza de silencio y ecuanimidad.

Por la tarde se hundió en su sillón albazano, aquel predilecto de sus horas, se complacía sobremanera en aquella actitud de pensante vaguedad o condescendiente desconsuelo, que para él venía a ser el final de cualquier circunstancia, una especie de panacea dulce y anestesiante, para cualquiera de sus males y contentos. Tenía la aparente afección de gustar de aquel aspecto gris y desértico de la vida, en verdad, nada más falso y nadie más manifiesto en sociedad y asuntos festivos. Su vida: una aparente ficción o el mero resultante de haber aprendido a vivir en dos mundos, el suyo y el de los demás y es que todos no se ven en igual circunstancia, aprender a repartirse entre dos mundos, como Gian Cusack. Mientras más rico su propio mundo interior, más divisiones que conciliar y guerras interiores que vencer. Pero lo peor de todo no era eso para él.

Aquel veneno que mataba a diario a Gian Cusack al mirar la ventana de su alcoba, eran aquellas lagunas mentales que había aprendido bien a hacer en sus pensamientos, por dolorosos, lancinantes o felices párrafos de su vida pasada. Cusack, había llegado a ser casi un experto en interpolaciones de pensamientos, en yuxtaposiciones y castración de ilusiones, había dejado de soñar despierto, los días felices y las amarguras, no tenía ciertas memorias pasadas, por temor a sufrir y ya no se alimentaba una parte importante de sí mismo, de pronto era como si la mecha de su mente, se hubiese apagado por falta de fuego, de quimeras y sueños; y aunque vivía en la cuidad, en su casa y en su cuerpo, empero estaba muerto en espíritu. Sus temores se tornaban espantosos al pensar en sufrir, quizás por conocer el derrumbe de sus castillos de naipes. Las vicisitudes de la vida lo habían vuelto así…Y es que Cusack había llegado a soñar la vida y el amor demasiado bellos, quizás muy alto. De iluso soñador empedernido y creyente hombre de fe, pasó a ser el pesimista y desconfiado hombre sin destino etéreo.

Sí alguien le proponía un negocio de éxito seguro, lo rechazaba de plano, si le hablaban de ángeles en las estrellas, aunque los viera aguardando sus sueños, no lo creía, si en cualquier juego de la vida, estaba en sus manos la victoria, la incredulidad y la duda lo hacían perder; si el amor estaba a un paso, de pronto le acometía la idea de sus acostumbradas interpolaciones mentales, quienes le decían que ya nada feliz podría ocurrirle, entonces les daba la espalda sin dar el paso. Cusack ya no creía en nada ni en nadie, cualquier barrunto de suerte y felicidad, se hacían para sí una sonrisa incrédula y una mueca de escepticismo.

Para Cusack al amanecer, el ventanal de su alcoba ya no le decía nada, ya no sería el presagio feliz de otro día, un día nuevo, porque se hallaba mutilado y sin alas, la esperanza no hacía más vaivenes optimistas en su cabeza y lo peor; no podría soñar felicidades futuras, sin verse preso de fantasmas burlándose de él.

El ventanal, aquel naciente ventanal de sus mañanas, ya no podía ser visto sin amargura, no hacía más castillos porque se le derruían antes de empezar a edificarlos, su presente ya no podía ser pre-fabricado, ni hilvanado en los canales secretos de su mente, mientras el destino lo dejaba errar sin que tuviese opción de elegir su presente, y así inevitablemente los hilos superiores se cortaban y su fe se desvanecía en aras de la dubitación y el peligro.

Aquella tarde del domingo, sin proponérselo Cusack, se había adormecido con profundidad en su sillón favorito, de pronto se sintió vagar muy lejos de allí, hacía aquellas fronteras prohibidas por él mismo, atravesó un túnel complicado y brumoso, pero aún así, se sintió liviano y pronto se vio emergiendo en sueños por un obturador y un flash luminoso lo llevó hacía alguna resplandeciente divinidad, quien le dio la bienvenida diciéndole que estaba en el paraíso, allí él volvió a ser más Gian Cusack que nunca, el escepticismo le podía, ya estaba acostumbrado y se rió incrédulo. No creyó y perdió el paraíso. Gian Cusack había muerto.

Trujillo, 31 de octubre de 1979.
Del Libro: “Relatos de Extravío”
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02
ene
10

AUSENCIA

AUSENCIA
(Gabriela Mistral)

Se va de ti mi cuerpo gota a gota.
Se va mi cara en un óleo sordo;
se van mis manos en azogue suelto;
se van mis pies en dos tiempos de polvo.

¡Se va todo, se nos va todo!

Se va mi voz que te hacía campana
cerrada a cuanto no somos nosotros.
Se van mis gestos que se devanaban,
en lanzaderas, delante de tus ojos.
Y se te va la mirada, el enebro y el olmo.

Me voy de ti con tus mismos alientos:
como humedad de tu cuerpo evaporo.
Me voy de ti con vigilia y con sueño,
y en tu recuerdo más fiel ya me borro.
Y en tu memoria me vuelvo como esos
que no nacieron ni en llanos ni en sotos.

Sangre sería y me fuese en las palmas
de tu labor, y en tu boca de mosto.
Tu entraña fuera y sería quemada
en marchas tuyas que nunca más oigo,
y en tu pasión que retumba en la noche
como demencia de mares solos.

¡Se nos va todo, se nos va todo!.

02
ene
10

VERGÜENZA

VERGÜENZA
(Gabriela Mistral)

Si tu me miras, yo me vuelvo hermosa
como la hierba a que bajo el rocío,
y desconocerán mi faz gloriosa
las altas cañas cuando baje el río.

Tengo vergüenza de mi boca triste,
de mi voz rota y mis rodillas rudas.
Ahora que me miraste y que viniste,
me encontré pobre y palpé desnuda.

Ninguna piedra en el camino hallaste
más desnuda de luz en la alborada
que esta mujer a la que levantaste,
porque oiste su canto, la mirada.

Yo callaré para que no conozcan,
mi dicha los que pasan por el llano,
en el fulgor que da a mi frente tosca
y en la tremolación que hay en mi mano…

Es noche y baja a la hierba el rocío;
mírame largo y háblame con ternura,
que ya mañana al descender al río
la que besaste llevará hermosura.

02
ene
10

CARTA DE AMOR A UNA AMIGA

CARTA DE AMOR A UNA AMIGA
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Los domingos y los mayos me traen felices remembranzas del día de las madres, y es imposible que los vaivenes de mi memoria no logren fijarte, que yo no alcance a sentir lo que siempre sentí por ti, que mi memoria celular y estrictamente emocional no me impulsen a pensarte.

Te dejé un buen día, creyendo que nos volveríamos a ver muchas veces más, que mis regresos al hogar paterno iban a ser motivo de mutuas algarabías, que volvería a sentir la piel de tus mejillas al darte mis besos felices por volverte a ver, que estrecharía tu ser entre mis brazos para volverte a querer inevitablemente…pero no pudo ser. Aún recuerdo nuestra última despedida, me regresé  a besarte y a decirte adiós, cuando el coche de Tito se detuvo a media calle, porque por suerte deseó pasarle un trapo al polvo del parabrisas y yo volví a bajar y a despedirme de ti, que estabas de pie junto a la puerta de casa. ¿Cómo íbamos a saber tú y yo que esa era nuestra despedida final en esta vida y  para siempre?.

En días puntuales todavía estas tan viva para mi, todavía te pienso y recuerdo en tus faenas de casa y en tus trabajos intelectuales, escribiendo apasionada los libros que jamás te interesó publicar, leyendo tus libros y revistas del mundo Hollywoodense, porque te apasionaba el cine de la Época de Oro y al que tus hijos aprendimos a querer y a gustar casi como tú. ¿Cómo no recordarte por cualquier detalle?, porque amabas raramente a esta humanidad, porque te preocupaste del prójimo antes que de ti misma, porque le reñías a papá si iba  despreocupado al andar, ocupando gran parte de la vereda, que tú decías era también  de los demás, porque siempre tuviste ese extraño misticismo y esa conciencia por el prójimo y siendo tan grande, parecía que anhelaras ser transparente, no tener notoriedad, ni anhelar figurar por nada, ni ante nadie; ni cuando nos contaste sacaste el mayor puntaje de Ingreso en tu Universidad y en todas las carreras tu puntaje fue el más alto y el rector te felicitara ante toda una concurrencia congregada de alumnos que escuchaban las congratulaciones, sí, cuando tu hubieses deseado desaparecer de allí, por modesta.

Eras demasiado para este género humano, así lo pensaba y creo yo, todos te lograban querer con gran facilidad, todos quienes te conocieron sintieron gran simpatía por ti, por la alegría que contagiabas, por el gran amor y entrega que dabas a todos, por tu gran luz, tu increíble inteligencia y la serena belleza de tus facciones y tu genio dulce y suave. A veces creía que no eras de este mundo, que seres así no nacían ya, siendo frágil como una paloma eras increíblemente fuerte para la vida. Tenías la virtud que ahora se estudia y analiza en una Madre Teresa de Calcuta, pero hay algunas anónimas como tu y eso es lo grande y misterioso de esta vida.

Cuando estuve lejos de ti y tu cabello se fue destiñendo y haciendo muy  blanco, no lo podía creer, aún eras tan joven y tan radiante para mi,… un sol,  tu belleza serena y sabia reflejaba tu paz, tu equilibrio, toda tu armonía, que me sentí culpable a veces de estar lejos de ti, de haberme ido de tu lado y haberte  “abandonado” como una chiquilla malcriada y traviesa, siendo tú mi gran amiga y cómplice…Yo te seguía sí, porque eras mi enciclopedia andante, porque me iluminaba tu ser, porque fuiste todo lo bello y lo grande que necesitaba tener y yo fui dichosa por estar cerca de ti, por conocerte y aprender de ti. Añoro nuestras charlas y disertaciones profundas y filosóficas sobre la vida, tu risa contagiante y tus graves silencios.  Me quedan cortos los domingos de este mayo para pensarte y rememorarte.

Ahora ya a través del tiempo y las aguas, aunque sólo nos restara evocar lo que fuimos y nos dejaste, no puedo dejar de agradecerte y sentirme mal por haber estado lejos de ti cuando te ibas, cuando en tus últimos estertores de vida siendo aún conciente —porque te fuiste lentamente— pensaste en tus hijas lejanas, pero tan cercanas a tu corazón,  en  tu lecho de hospital y de dolor, y nos  enviaste tu despedida cifrada y muda,  imposible ya de ser dada en esta realidad comunicada de fax, teléfonos e Internet. Paradojas del destino. Hoy es  cuando te volvería a dar mis besos y mi amor una vez más.  Si la felicidad existe, yo le llamaría a mi vida contigo, así.

Barcelona 11 de mayo 2008.

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02
ene
10

MYSTICA

MYSTICA
(Gato Barbieri)

Este es un gran músico argentino e internacional, autor del tema “El último tango en París” y otros más, famoso del Smooth Jazz y con una sensibilidad especial para la música. Comparto su música increiblemente bella.

02
ene
10

FELICIDAD CLANDESTINA

 

FELICIDAD CLANDESTINA
(Clarice Lispector)

Ella era gorda, baja, pecosa y de pelo excesivamente crespo, medio amarillento. Tenía un busto enorme, mientras que todas nosotras todavía eramos chatas. Como si no fuese suficiente, por encima del pecho se llenaba de caramelos los dos bolsillos de la blusa. Pero poseía lo que a cualquier niña devoradora de historietas le habría gustado tener: un padre dueño de una librería.
No lo aprovechaba mucho. Y nosotras todavía menos: incluso para los cumpleaños, en vez de un librito barato por lo menos, nos entregaba una postal de la tienda del padre. Encima siempre era un paisaje de Recife, la ciudad donde vivíamos, con sus puentes más que vistos.

Detrás escribía con letra elaboradísima palabras como “fecha natalicio” y “recuerdos”.

Pero qué talento tenía para la crueldad. Mientras haciendo barullo chupaba caramelos, toda ella era pura venganza. Cómo nos debía odiar esa niña a nosotras, que éramos imperdonablemente monas, altas, de cabello libre. Conmigo ejerció su sadismo con una serena ferocidad. En mi ansiedad por leer, yo no me daba cuenta de las humillaciones que me imponía: seguía pidiéndole prestados los libros que a ella no le interesaban.

Hasta que le llegó el día magno de empezar a infligirme una tortura china. Como al pasar, me informó que tenía El reinado de Naricita, de Monteiro Lobato.

Era un libro gordo, válgame Dios, era un libro para quedarse a vivir con él, para comer, para dormir con él. Y totalmente por encima de mis posibilidades. Me dijo que si al día siguiente pasaba por la casa de ella me lo prestaría.

Hasta el día siguiente, de alegría, yo estuve transformada en la misma esperanza: no vivía, flotaba lentamente en un mar suave, las olas me transportaban de un lado a otro.

Literalmente corriendo, al día siguiente fui a su casa. No vivía en un apartamento, como yo, sino en una casa. No me hizo pasar. Con la mirada fija en la mía, me dijo que le había prestado el libro a otra niña y que volviera a buscarlo al día siguiente. Boquiabierta, yo me fui despacio, pero al poco rato la esperanza había vuelto a apoderarse de mí por completo y ya caminaba por la calle a saltos, que era mi manera extraña de caminar por las calles de Recife. Esa vez no me caí: me guiaba la promesa del libro, llegaría el día siguiente, los siguientes serían después mi vida entera, me esperaba el amor por el mundo, y no me caí una sola vez.

Pero las cosas no fueron tan sencillas. El plan secreto de la hija del dueño de la librería era sereno y diábolico. Al día siguiente allí estaba yo en la puerta de su casa, con una sonrisa y el corazón palpitante. Todo para oír la tranquila respuesta: que el libro no se hallaba aún en su poder, que volviese al día siguiente. Poco me imaginaba yo que más tarde, en el curso de la vida, el drama del “día siguiente” iba a repetirse para mi corazón palpitante otras veces como aquélla.

Y así seguimos. ¿Cuánto tiempo? Yo iba a su casa todos los días, sin faltar ni uno. A veces ella decía: Pues el libro estuvo conmigo ayer por la tarde, pero como tú no has venido hasta esta mañana se lo presté a otra niña. Y yo, que era propensa a las ojeras, sentía cómo las ojeras se ahondaban bajo mis ojos sorprendidos.

Hasta que un día, cuando yo estaba en la puerta de la casa de ella oyendo silenciosa, humildemente, su negativa, apareció la madre. Debía de extrañarle la presencia muda y cotidiana de esa niña en la puerta de su casa. Nos pidió explicaciones a las dos. Hubo una confusión silenciosa, entrecortado de palabras poco aclaratorias. A la señora le resultaba cada vez más extraño el hecho de no entender. Hasta que, madre buena, entendió a fin. Se volvió hacia la hija y con enorme sorpresa exclamó: ¡Pero si ese libro no ha salido nunca de casa y tú ni siquiera querías leerlo!

Y lo peor para la mujer no era el descubrimiento de lo que pasaba. Debía de ser el horrorizado descubrimiento de la hija que tenía. Nos espiaba en silencio: la potencia de perversidad de su hija desconocida, la niña rubia de pie ante la puerta, exhausta, al viento de las calles de Recife. Fue entonces cuando, recobrándose al fin, firme y serena le ordenó a su hija: Vas a prestar ahora mismo ese libro. Y a mí: Y tú te quedas con el libro todo el tiempo que quieras.

¿Entendido? Eso era más valioso que si me hubiesen regalado el libro: “el tiempo que quieras” es todo lo que una persona, grande o pequeña, puede tener la osadía de querer.

¿Cómo contar lo que siguió? Yo estaba atontada y fue así como recibí el libro en la mano. Creo que no dije nada. Cogí el libro. No, no partí saltando como siempre. Me fui caminando muy despacio. Sé que sostenía el grueso libro con las dos manos, apretándolo contra el pecho. Poco importa también cuánto tardé en llegar a casa. Tenía el pecho caliente, el corazón pensativo.

Al llegar a casa no empecé a leer. Simulaba que no lo tenía, únicamente para sentir después el sobresalto de tenerlo. Horas más tarde lo abrí, leí unas líneas maravillosas, volví a cerrarlo, me fui a pasear por la casa, lo postergué más aún yendo a comer pan con mantequilla, fingí no saber dónde había guardado el libro, lo encontraba, lo abría por unos instantes. Creaba los obstáculos más falsos para esa cosa clandestina que era la felicidad. Para mí la felicidad siempre habría de ser clandestina. Era como si yo lo presintiera. ¡Cuánto me demoré! Vivía en el aire… había en mí orgullo y pudor. Yo era una reina delicada.

A veces me sentaba en la hamaca para balancearme con el libro abierto en el regazo, sin tocarlo, en un éxtasis purísimo. No era más una niña con un libro: era una mujer con su amante.

02
ene
10

RAZÓN DE VIVIR

 

RAZÓN DE VIVIR
(Tania Libertad)

Famosa cantante de origen peruano que radica en México (agregada cultural del Perú en México) es muy respetada por su trayectoria artística, ha cantado con grandes figuras internacionales de la música y tiene 37 álbumes en su haber. De una voz increible y maravillosa. Compartimos su música preciosa.

02
ene
10

PRIMAVERA RESCATADA

 

PRIMAVERA RESCATADA
( Por. Gina Martínez-Vargas Araníbar)

El gradiente se acentúa, todo se va tiñendo de colores más vivos, el equinoccio del verano se barrunta cercano, las primeras modorras y los primeros cansancios y sopores hacen mella en nosotros, el sol es preciso e imponente, pródigo y abrasador a veces. Se ha puesto la primavera, ya lo decía yo: ¿Cómo llegar a conjugarla conmigo, con mi suerte, con mis oscuros matices, no será que yo también, como lo decías tú mi amigo napolitano, me he equivocado de estación?. No, pero allí está, imponiéndonos su canto, su mensaje, su color, su calor, su peso, su profusa presencia arrolladora, como se dice, alterándonos la sangre, envolviéndonos acaso en su abrazo tenue, inadvertido, cautivador, invitándonos a dejarnos envolver en su fluir vivificante, arrancándonos de ese sopor profundo y aletargado más propio del invierno y guiándonos con instinto sabio de la naturaleza hacia una suerte de florecimiento natural, de mutación, de cambio de traje y color, a sustituir nuestra carencia de serotonina en el cerebro, por esos componentes químicos que necesita nuestro ser para ser más felices, esa especie de Prosac natural e interior que al parecer está influido por el medio ambiente también. Una vez más la primavera se genera igualmente dentro de nosotros con el propósito de activarnos el potencial de la renovación y nos demuestra que el instinto de conservación en los seres vivos, no excluye al hombre en su proceso de cambio.

Los fines de semana me levanto muy tarde, antes de darme un baño o tomar el desayuno muy tranquilamente, ojeando las páginas del diario matutino “La Vanguardia”, ya el arrullo y el canto tenaz de las golondrinas apostadas bajo la cornisa de mi edificio, me han despertado, pero es imposible culpar a esa pródiga naturaleza de sacarme de mi sueño de inconciencia y pesadez; es imposible siquiera culpar a esas frágiles criaturas cantarinas de ser felices, de anunciarme otra mañana, otra primavera fértil y naciente, otra casualidad del existir, de dejarme la incógnita de la vida por redescubrir; entonces me siento más feliz por contagio, abro mis ventanas, y recuerdo una de las reglas vitales del alquimista Paracelso, respirar profundamente al aire libre o asomada a una ventana y así transito con cierto aire de vitalidad en el nuevo día. Dado que el imperativo me invita a trasmutar cualquier pesadumbre o problema, yo, presa de una cierta indolencia y docilidad me dejo llevar por ese fluir de la vida sin resistirme siquiera a seguir viviendo, olvidando los dolores, desengaños, desamores y demás singularidades que de un modo u otro obstaculizan nuestra felicidad y recordando también el sugerente título del libro del escritor español Alejandro Casona: “Prohibido suicidarse en Primavera”. Y me digo, que la vida es sabia y está llena de un gran misterio.

Hace unos pocos años dejé la ciudad de Barcelona en busca de una mayor calidad de vida y salí hacia extramuros, me compré un piso amplio y bonito, para los pocos que estaríamos en casa, con muchas ventanas y luminoso, pero lo más atractivo del mismo eran sus maravillosas e irresistibles vistas, unos campos verdes que se cubren de amapolas rojas en primavera, unos árboles y a lo lejos una visión maravillosa y nevada, —sobre todo en invierno— de los pirineos catalanes, para mi extasiante, más si al frente no tengo construcciones, ni las ventanas de unos vecinos fisgones, ni cordeles con ropa colgada, ni bullas, ni voces molestas que incomodan, ni el tráfago citadino de los coches, sino las vistas de estos campos verdes como campos de golf, que se cubren de amapolas rojas en mayo e inspiran paz, sosiego, tranquilidad, ideal para leer, para pensar, para sentir el silencio e incluso el cantar de las golondrinas, alborotadas y felices cada mañana.

Puestos a pensar, todo de la primavera es medicinal, dios no quiso que nos equivocáramos de estación, no, quizás nos equivocamos de personas, de no poder vivir ciertos sucesos, de seguir senderos errados, de tomar alternativas opuestas a las debidas, quizás; no obstante y con todo, el fluir natural sigue su curso y nos guía. La clave: dejarnos guiar por las señales.

Barcelona 04 de mayo de 2008.

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02
ene
10

LAS SIETE REGLAS DE PARACELSO

LAS SIETE REGLAS DE PARACELSO

1. LO PRIMERO ES MEJORAR LA SALUD
Decía que para ello hay que respirar profunda y rítmicamente al aire libre, llenando bien el abdomen. Beber diariamente en pequeños sorbos, dos litros de agua, comer muchas frutas, masticar los alimentos del modo más completo posible, evitar el alcohol, el tabaco y la automedicación, así como bañarse diariamente.

2. DESTERRAR ABSOLUTAMENTE DEL ESTADO DE ÁNIMO, POR MÁS MOTIVOS QUE EXISTAN, TODA IDEA DE PESIMISMO, RENCOR, ODIO, TEDIO, TRISTEZA, VENGANZA Y DE POBREZA.
O sea, para ello debe huirse, como de la peste, de toda ocasión de tratar a personas maldicientes, viciosas, ruines, murmuradoras, indolentes, chismosas, vanidosas, vulgares, o que la base de sus ocupaciones y conversaciones sean tópicos no éticos ni morales. Esta regla es de importancia decisiva, por cuanto se trata de cambiar la contextura espiritual del alma. La suerte no existe y el destino depende de los propios actos y pensamientos.

3. HACER TODO EL BIEN POSIBLE
Esto es, auxiliar a todo desgraciado siempre que se pueda, pero jamás tener debilidades por ninguna persona. Cuidar las propias energías y huir de todo sentimentalismo hueco.

4. OLVIDAR TODA OFENSA, MÁS AÚN: ESFORZARSE POR PENSAR BIEN SIEMPRE
Por ejemplo, todos los grandes seres se han dejado guiar por esa suave voz interior. Hay que destruir todas las capas superpuestas de viejos hábitos, pensamientos y errores que enmascaran la profunda esencia del ser, que es perfecta.

5. RECOGERSE TODOS LOS DIAS, POR LO MENOS MEDIA HORA, EN DONDE NADIE PUEDA PERTURBAR
Explica que eso fortifica enérgicamente el cerebro y pone en contacto con las buenas energías. En ese estado de recogimiento y silencio, suelen surgir a veces ideas luminosas, que con el tiempo uno se llega a percatar que fueron un elemento fundamental para la solución de problemas. Y es que ellas brotan de esa dimensión profunda y honda del ser humano a la que Sócrates llamaba daimon.

6. GUARDAR SILENCIO DE TODOS LOS ASUNTOS PERSONALES
O sea, abstenerse, como si se hubiese hecho un juramento solemne, de referir a los demás, todo cuanto se piense, se oiga o se descubra, hasta tanto se verifique, compruebe o se tenga la completa certidumbre.

7. JAMÁS TEMER A LOS SERES HUMANOS, NI QUE INSPIRE SOBRESALTO LA PALABRA “MAÑANA”.
Decía Paracelso, que cuando el alma está fuerte y limpia, todo sale bien. Jamás creerse solo, ni débil. El único enemigo a quien se debe temer es a uno mismo. El miedo y la desconfianza en el futuro son madres funestas de todos los fracasos, atraen las malas energías y con ellas el desastre. Si se estudia atentamente a las personas triunfadoras, se verá que intuitivamente observan gran parte de las reglas que anteceden. Por otro lado, la riqueza no es sinónimo de dicha. Puede ser uno de los factores que conduzcan a ella, por el poder que ofrece para hacer buenas obras; pero la dicha más duradera solo se consigue por otros caminos; allí donde nunca impera el antiguo Satán de la leyenda, cuyo verdadero nombre es egoísmo. Jamás debe quejarse uno de nada, hay que dominar los sentidos; huir tanto de la autocompasión como de la vanidad. La autocompasión sustrae fuerzas y la vanidad las paraliza.

Paracelso.

02
ene
10

HAVANA

HAVANA
(KENNY G)

Mal escrito (Habana), pero un excelente tema del gran músico y saxofonista norteamericano Kenny G, uno de mis favoritos del Smooth Jazz, y uno de los grandes y respetados saxofonistas del mundo, con grandes temas en su haber. No será el primero que presente de él aquí. Las imágenes del vídeo son  sencillamente preciosas y sublimes. NOTA: SI NO OYES EL TEMA PINCHA EL ENLACE:

http://macpik.blogspot.com/2009/02/havana.html#links

 

23 de abril

02
ene
10

VOY A DORMIR; PRESENTIMIENTO; TANTA DULZURA

VOY A DORMIR
(Alfonsina Storni)

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme presta las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera;
una constelación; la que te guste;
todas son buenas: bájala un poquito.

Déjame sola: oyes romper los brotes…
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases

para que olvides…Gracias. Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido…

PRESENTIMIENTO
(Alfonsina Storni)

Tengo el presentimiento que he de vivir muy poco.
Esta cabeza mía se parece al crisol,
Purifica y consume.
Pero sin una queja, sin asomo de horror.
Para acabarme quiero que una tarde sin nubes,
Bajo el límpido sol
Nazca de un gran jazmín una víbora blanca
Que dulce, dulcemente, me pique el corazón.

TANTA DULZURA
(Alfonsina Storni)

Tanta dulzura alcánzame tu mano
Que pienso si las frutas se engendraron,
Sí abejas con su miel te amamantaron
Y si eres nieto excelso del Verano.

Tanta dulzura no es de rango humano:
Los dioses tus pañales perfumaron,
Sobre tu sangre roja destilaron
Ojos de niños, lasitud de llano.

Tanta dulzura, que cayendo al alma
Mueve esperanzas, le procura calma
Y todo anhelo de virtud corona.

Tanta dulzura, para bien sentida,
Que digo al mal que me consume: olvida.
Y al fuerte daño que me dan: perdona.

02
ene
10

THE LOOK OF LOVE

 

THE LOOK OF LOVE
La Mirada de Amor
(Diana Krall)

 Esta es la carátula del álbum de la talentosa y bella pianista Diana Krall, cuyo título “The Look Of Love”, es el tema incluido en su  álbum aparecido el 2001, que me encanta. NOTA: PINCHA ESTE ENLACE PARA ABRIR ESTE VIDEO:

http://macpik.blogspot.com/2009/02/look-of-love.html#links

 

02
ene
10

COSAS QUE YA NUNCA TE DIRÉ

COSAS QUE YA NUNCA TE DIRÉ
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Sí intentara fumar como a los 14 cuando empecé…Pensar que no lo hacía por dolor, por el proceso lento que a mi cuerpo infringían las hormonas y por las sorpresas crudas con que un día te encuentras al crecer y dejar de ser lo que eras o lo que fuiste, no, no era por eso entonces, yo fumaba casi como los monos por imitación a mis amigas, las chicas del quinto, con quienes me juntaba estando aún en primero. A propósito de decir cosas increíbles y muy buenas de mi, mi madre les contaba a sus amigas, que como su hija era una niña especial, le aburrían soberanamente sus compañeras de clase, porque le parecían bobas o muy niñas y yo necesitaba curtirme de otras cosas y seguir pasando las fases, sino con las chicas de quinto, con chicas con un aire de mayores, que por lo menos eran increíblemente interesantes, porque ligaban mucho o se depilaban las cejas y tenían un estilo propio de ser imitado por todas, porque parecían ya unas perfectas señoritas, esbeltas y algo más finamente afectadas, que las otras chicas con acné, que aún peleaban como niñas y estaban fatalmente revolucionadas por las hormonas. En fin, pasé la fase a pesar de las del primero, el segundo, el tercero y el cuarto,… pero lo cierto es que jamás aprendí a fumar, a lo mejor les aprendí otras cosas, otras mañas más sutiles, pero es que hasta los 19 no sabía echar los humos de un cigarro como alguien que suele liarse un cigarrillo a mi edad; …no, nunca lo aprendí, ni sabré ya. Es ese tipo de cosas que alguna vez han pasado por tu vida de experimentación y que jamás emprenderás. Después vinieron los estudios para ingresar a la Universidad y abandoné los cigarrillos por fortuna, cuando capitulé conmigo misma, después de una bronquitis asmatiforme, de dejar los malos humos y el tabaco; abandonando los More y los Dunhill, cigarrillos de importación ingleses, que por cierto me traía mi padre, recién desempacados de los barcos trasatlánticos, porque mi madre lo convenciera de que yo ya era mayor y habría que respetarme en mi largo y tedioso proceso de encontrarme a mi misma, o a salir de mi tortuoso y supuesto laberinto de expiación. Me había ganado el respeto a fumar, por ser mayor, cuando en verdad ni era mayor, ni sabía fumar.

Así se van haciendo las distancias y los caminos de una vida, hay ciertas cosas para las que una parece estar predestinada y otras tantas que no acaban de cuajar, por más que tengas el tiempo, la dedicación, la libertad y la anuencia de tus padres para concretarlas. Así mismo, van rodando muchas piedras del camino, otras tantas se te meten en la piel como venenos y te marcan. Tu serás de aquellos que me dejaron la impronta, pero que nunca terminé de alcanzar.

Como en los juegos de ajedrez, se van tejiendo los hilos, van atacando a mi reina y voy matando peones, es preciso defenderse y terminar en el juego de estrategias para no perder las partidas.

Yo que ya no seré la que fui, marcada ahora como las flores del mal de Baudelaire, más cerca del mar, obligándome a coger de los pecados capitales, para alcanzar las estrellas, he deseado enmudecer.

A veces todavía creo que aunque no sepa ni fumar y jamás te llegue a alcanzar, seré capaz de bajarte la luna, de mirarte a los ojos, de hablarte de Venus, conectarte a mi vida,… pero no, hay cosas que ya nunca seré capaz de pronunciar, que ya jamás te diré. Que aunque me sepa tu nombre y haya jugado cual prestidigitadora a marcarme a fuego con cada letra de tu nombre, sin decirlo, el azar y estos dados del destino, no nos harán coincidir en esa magia de los pasados imperfectos y nos otorguen un presente de los dos.

Ansío sí fuese posible recuperar esa mirada que logró que tu te enamoraras de mi, así como cayó bajo su embrujo mi mentor espiritual, allá por los 80’s. Si la experiencia es un grado, anhelaría aprender tus métodos para enamorarme a pesar de las distancias y tu pericia para dejarme después, compuesta y sin novio. Claro está, que fueron parte de tus naturales y crueles maniobras para que en cambio yo abandonara mi vida y fuera a encontrarte. —Cautelosa como una Emma Bovary, poseida de un ennui desconocido e infame— .Yo diría quizás, como artilugio y parte de tus desesperadas maniobras por terminar de romper nuestro antiguo pacto de seguir amándonos a pesar del mar y del viento. Bien salero mío, así es la vida, ante los designios libres y premeditados nada puede el viento, por eso mis letras gastadas e inútiles que te evocan, aún perdida la inocencia y descubriendo que aún me dueles, a pesar de tiempo sin verte, ya no dicen nada. No volveré a fumar eso es verdad, pero tampoco a pronunciar lo que ya nunca te diré.

09 de abril, 2008

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02
ene
10

DESPEDIDA DE GRACíA MÁRQUEZ

DESPEDIDA DE GARCÍA MÁRQUEZ

“Si por un instante Dios se olvidara de que
soy una marioneta de trapo y me regalara un
trozo de vida, posiblemente no diría todo lo
que pienso, pero en definitiva pensaría todo
lo que digo.

Daría valor a las cosas, no por lo que valen,
sino por lo que significan.

Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por
cada minuto que cerramos los ojos, perdemos
sesenta segundos de luz. Andaría cuando los
demás se detienen, despertaría cuando los demás
duermen. Escucharía cuando los demás hablan y
cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate!
Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría
sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto,
no solamente mi cuerpo, sino mi alma.

Dios mío si yo tuviera un corazón, escribiría mi
odio sobre el hielo, y esperaría a que saliera el sol.
Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las
estrellas un poema de Benedetti, y una canción
de Serrat sería la serenata que le ofrecería a la luna.
Regaría con mis lágrimas las rosas, para sentir
el dolor de sus espinas, y el encarnado beso de sus pétalos…
Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida…
No dejaría pasar un sólo día sin decirle a la
gente que quiero, que la quiero.

Convencería a cada mujer u hombre que son mis
favoritos y viviría enamorado del amor.
A los hombres les probaría cuán equivocados
están al pensar que dejan de enamorarse cuando
envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de
enamorarse! A un niño le daría alas, pero le dejaría
que él solo aprendiese a volar.

A los viejos les enseñaría que la muerte no llega
con la vejez, sino con el olvido.
Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres…
He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la
cima de la montaña, sin saber que la verdadera
felicidad está en la forma de subir la escarpada.
He aprendido que cuando un recién nacido aprieta
con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su padre, lo
tiene atrapado por siempre.

He aprendido que un hombre sólo tiene derecho
a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de
ayudarle a levantarse. Son tantas cosas las que he
podido aprender de ustedes, pero realmente de
mucho no habrán de servir, porque cuando me
guarden dentro de esa maleta, infelizmente
me estaré muriendo.
Siempre di lo que sientes y haz lo que piensas.
Si supiera que hoy fuera la última vez que te
voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y
rezaría al Señor para pode ser el guardián de
tu alma.

Si supiera que esta fuera la última vez que te
vea salir por la puerta, te daría un abrazo, un
beso y te llamaría de nuevo para darte más.
Si supiera que esta fuera la última vez que voy a oír
tu voz, grabaría cada una de tus palabras para
poder oírlas una y otra vez indefinidamente.
Si supiera que estos son los últimos minutos que te
veo diría “te quiero” y no asumiría, tontamente,
que ya lo sabes.

Siempre hay un mañana y la vida nos da otra
oportunidad para hacer las cosas bien, pero
por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda,
me gustaría decirte cuanto te quiero,
que nunca te olvidaré.
El mañana no le está asegurado a nadie, joven
o viejo.
Hoy puede ser la última vez que veas a los que
amas.

Por eso no esperes más, hazlo hoy, ya que si el
mañana nunca llega, seguramente lamentarás
el día que no tomaste tiempo para una sonrisa,
un abrazo, un beso y que estuviste muy ocupado
para concederles un último deseo.
Mantén a los que amas cerca de ti, diles al oído
lo mucho que los necesitas,
quiérelos y trátalos bien, toma tiempo para
decirles “lo siento”, “perdóname”, “por favor”,
“gracias” y todas las palabras de amor que conoces.
Nadie te recordará por tus pensamientos secretos.
Pide al Señor la fuerza y sabiduría para
expresarlos. Demuestra a tus amigos cuanto
te importan.”

02
ene
10

FLY ME TO THE MOON


FLY ME TO THE MOON
(Llévame a la Luna)
(LULIE LONDON)

Este es un gran tema de todos los tiempos, me fascina escucharlo en muchas voces, unos mejor que otros obviamente, “La Voz” tenía un registro inigualable como pocos. Esta es la versión de Julie London, porque los quitan todos los vídeos de Sinatra, una lástima.


Abril, 2008

02
ene
10

*NOVELA NEGRA

DIEZ AÑOS SIN PATRICIA HIGHSMITH
Por Elena Gosálvez

Todavía la veo al otro lado de la mesa, cenando un cuenco de caldo y una litrona de cerveza. Con un solo cubito maggi cenábamos las dos. Hablábamos de Graham Greene y otros habitantes de su pasado o nos interrogábamos mutuamente, presas de la misma curiosidad voraz, propia de mis 20 años y de sus vibrantes 74. Me despedí de ella el 16 de diciembre de 1994. Cuarenta días después estaba muerta.

Yo no sabía quién era Patricia Highsmith hasta que un amigo común, el editor Daniel Keel, me comentó cenando en su casa de Zurich que buscaba a alguien que se mudara con una importante escritora norteamericana al Ticino suizo. Estaba enferma y necesitaba un ayudante que supiera inglés, tuviera carnet de conducir y fuera de plena confianza. “¿Qué hago? ¡No puedo poner un anuncio en el periódico!”, comentó agobiado. “Iré yo”, repliqué sin pensar. Pero era la propia Pat quien se encargaba de remunerar a su ayudante, y también de seleccionarle. Dani me cerró una entrevista para el sábado siguiente.

En el tren, llegando ya a la impresionante región de Centovalli, me terminé El temblor de la falsificación, el primer libro suyo que leía. Había visto en la televisión Extraños en un tren, la primera novela de Patricia que Hitchcock adaptó para la pantalla cuando ella sólo tenía 28 años, pero el libro entre mis manos tenía otra fuerza. En la estación me recogió un divorciado cincuentón que había sido el asistente de la autora durante un par de años, desde el principio de su enfermedad. “Pat es muy especial –me dijo–, pero yo he decidido meterme a monje”.

Su casa de una planta era como una U construida con tres cajas de cerillas. Ella misma la había diseñado. Una amplia habitación con baño ocupaba cada palito de la U, dejando cocina y salón en el medio. Cada dormitorio tenía dos ventanales para salir al patio central y al jardín salvaje que rodeaba la construcción. Me senté en un sillón blanco junto a un gato gordo y naranja. Una mujer delgada, vestida con camisa de cuadros y pantalón de hombre y melena canosa hasta la barbilla, algo encorvada y con cara de huraña me saludó amablemente, esforzándose por sonreír.

“Gracias por venir. Dani me ha dicho que eres española pero hablas muy bien inglés y que quieres ser editora. Por cierto: ¿te gusta Hemingway?”.

Supe que esa era la pregunta decisiva. Me quedé callada sin saber si era el momento de mentir. Seguro que ambos autores americanos enamorados de Europa habían sido amigos. “No”, contesté tajante. Siempre es mejor decir la verdad, especialmente a la gente relevante, porque nadie suele ser sincero con ellos. “¡Odio a Heminway!”, chilló Pat desde lo más hondo de su ser. “¿Puedes empezar el lunes?”.

Durante las semanas siguientes me pude leer toda su obra cronológicamente, cogiendo las primeras ediciones directamente de la ordenadísima estantería. En el salón estaban sus diarios, que escribió religiosamente desde los 15 años hasta su muerte: más de cien cuadernos tamaño folio que en unos cuantos años se harán públicos. Leía hasta muy tarde, atrapada en su eterna búsqueda del crimen perfecto, en sus cuentos misóginos, en sus héroes reinventados…

Sobre las 9 de la mañana me despertaba la gata naranja Charlotte pidiéndome su desayuno: pulmones de vaca crudos. Los troceaba con las tijeras de cocina y los alvéolos explotaban en el silencio hasta que las noticias de la BBC se encendían al fin en el cuarto de Pat: un día más se había despertado. A los pocos minutos empezaba el estruendo de aquella máquina de escribir donde estaba terminando su última novela, Small G: un idilio de verano. Por superstición escribió toda su obra con esa misma máquina prehistórica. Me iba confiando los folios a un limpio impoluto para que yo se los pasara por fax a Daniel. Sabía que no le quedaba mucho tiempo. Dos veces a la semana la llevaba en coche al hospital de Locarno.

Extremadamente crítica con su obra, parecía que solamente estaba orgullosa de El temblor, también mi favorita. Su patria natal nunca consideró que la tejana escribiera literatura mayor. La gran editorial Knopf rechazó su genial obra El diario de Edith por no ser una novela “de misterio” y no saber “qué hacer con ella”. Mientras, en Europa cada vez era más respetada, llegó a sonar muy fuerte para el Nobel, especialmente cuando se publicó Carol, y hasta los presidentes de gobierno la invitaban a cenar. Solamente las recientes películas basadas en su Ripley han sacado a Pat de secciones secundarias de las librerías de su país, una tierra que abandonó muy joven pero que nunca dejó de querer. Aunque miraba mucho el dinero, no le importaba pagar impuestos en dos continentes para mantener su nacionalidad, sus raíces.

Antes de morir quiso reconciliarse con la memoria de su padre, con quien debió de tener serios problemas en su primera juventud. De pronto le pareció injusto no haber firmado nunca con su verdadero apellido: Plangman. Tampoco olvidó la colonia de escritores que la becó para escribir esa primera obra que, sólo diez días después de ser publicada, Hitchcock compró por 6.800 dólares de entonces. “Cambió mi novela –me confesó–, pero siempre le estaré agradecida porque gracias a él pude seguir escribiendo y viviendo de escribir”.

Nunca pudo aceptar que la moral hollywoodiense de la época no permitiera que el malo se saliera con la suya: para ella el antihéroe tenía que triunfar, al menos a primera vista. Sí que le gustaron, sin embargo, las primeras adaptaciones al cine de su serie Ripley, aquellas francesas protagonizadas por Alain Delon. Menos mal que no vio las posteriores, aunque al menos el Ripley protagonizado por Malkovich hizo un gran esfuerzo por respetarla.

Cuando Daniel publicó por primera vez una obra suya en alemán, en 1968, ella le advirtió de que “las críticas no eran muy buenas” y le dijo que esperaba que Diogenes “no perdiera mucho dinero” editándola. En Estados Unidos se estaban negando a imprimir su obra en tapa dura, porque la consideraban propia de bolsillo. Daniel nunca perdió el entusiasmo por su nueva autora, aunque le costó 10 años de buenas críticas colarla en las listas de los más vendidos.

En 1981 ella pagó la fidelidad de Daniel dándole los derechos mundiales de los libros que escribiera a partir de entonces, y a su muerte pasó la gestión mundial de toda su obra a Diogenes. “Tenemos una relación amistosa. Me llama en domingo y los dos estamos trabajando. Para él el domingo es un día más”, comentó de él. Después de años, Pat le podía regañar por comprarle unas flores “obscenamente caras” (“y además odio las rosas”), o le podía decir a su mujer que el filete estaba seco mientras Daniel le explicaba qué pasaje de qué novela no le convencía.

Era algo arisca porque renunció conscientemente a muchas cosas para poder escribir, pero merece ser recordada tanto por su calidad literaria como por su personalidad. Pat era modesta, disciplinada, apasionada, detallista, salvaje, honesta… pero sobre todo agradecía profundamente su suerte: la de habernos regalado sus novelas.

Elena Gosálvez es editora de MR Ediciones (Grupo Planeta).
Publicado en la sección “LIBROS” del Suplemento de “Libertad Digital” el 10 de febrero de 2005.

02
ene
10

MISCELANEA

Esta foto me parece preciosa por sí misma, ignoro si con el arte del photoshop u otras técnicas se haya logrado conseguir esto, pero lo cierto es que como fuere, me sugiere como un restablecimiento pleno de un orden perfecto y armónico en la naturaleza animal, ojala esto fuera así en nuestro mundo convulsionado de guerras, egoísmos, desamor y odios, por doquier. El día que tengamos a una fiera domada y mansa, sin sed de sangre y necesidad de matar a otros, quizás ya no estemos en este mundo llamado Tierra.

02
ene
10

LA BELLE DAME SANS REGRETS

LA BELLE DAME SANS REGRETS
(La bella dama sin pesares)

Esta es una canción de mis favoritas, aunque prefiero la versión del músico de Smooth Jazz Chris Botti, con saxo incluido queda perfecta para mi gusto, esta versión en voz de Sting y en buen francés está muy bien, la performance es buena, tema que incluye en su álbum “Mercury Falling”. El tema es del compositor Dominic Miller. Aquí está con un vídeo que parece sacado de los procesos oníricos y fantásticos de mis propios sueños sin pesares. NOTA:  SI NO PUDES VER ESTE VIDEO, PINCHA ESTE ENLACE:

http://macpik.blogspot.com/2009/02/la-belle-dame-sans-regrets_3924.html#links

02
ene
10

CINES

 

Es de madrugada,  quizás deba continuar durmiendo, quizá vaya a tomar un poco de agua. Todo era diferente antes, ahora desde que estoy en esta oscura celda, los días prosiguen su curso cansino y la vorágine se sucede día tras día sin emociones o una vida que vivir, pero impresiona el tedio y un aire de dolor extraño y desconocido parece cruzar el ambiente de esta celda.

Ya lo escribiré mañana,…nadie perdona los silencios, es como llevarte a la tumba los secretos y eso al parecer es lo imperdonable, lo que hace más daño, lo que no se puede callar; de momento voy hilando las historias que me sobreviven, voy registrando aún esas otras impresiones…He de salir, posiblemente algún día a ver el sol y a sentirlo otra vez sobre la piel.

Ella me da un codazo y la miro interrogante, luego me dice: ¿has visto eso?, no , le respondo, no me había fijado en nada, yo estaba absorta, mirando esas volutas de humo que hacían giros imposibles en la atmósfera del bar, con las que al parecer yo misma parecía hacer giros imposibles y vagar en medio de esa nada. La vuelvo a mirar y me hace un gesto de fastidio, siento que estuve  lejos y no hayamos logrado compartir “aquello” que al parecer yo me había perdido, luego le digo tomándole una mano, “venga, cuénta qué sucede”, aprovecha mi actitud para hacerse la molesta y retira su mano de la mía.

—Baja de esa nube —me espeta— . Nunca estas cuando deseo hablarte.

—Pero bueno… —me defiendo o intento defenderme. Sé muy bien que padezco del ADD o lo que es mejor el Síndrome de Déficit de Atención, será porque pocas cosas me interesan de verdad, porque el tipo de cosas que conforman parte de mis inquietudes, estarán tal vez en otros mundos.

Después ella y yo hemos caminado por las calles, recorrido  las aceras grises y frías, comimos y terminamos con un postre y un café de sobremesa y entre charlas nos reímos de las cosas cotidianas.

Yo era de esos seres casi indiferentes a su entorno, pero de pronto se requería mi atención. Ella parecía pedirme cariño, comprensión, algo de interés o de ternura, yo ignoraba muchas cosas de su vida, por ejemplo no sabía que antes le habían roto el corazón, que incluso la habían estafado robándole el dinero, que era incapaz de volver a confiar casi en nadie, que una suerte de oscuridad había penetrado su alma y estaba conturbada, anclada en el pasado. En cierto modo ambas habíamos caído en una cierta apatía, estábamos en una vorágine que nos había logrado consumir los últimos resquicios de esperanza, yo había deseado perder la memoria y llegar a olvidar tan pronto como ello fuese posible, pero con una hipermnesia como la mía, eso era como desear una gran quimera; ella en cambio había olvidado simplemente o lo pretendía, pero había quedado marcada. Los aguaceros habían caído y al amainar el temporal ambas nos quedamos en cierto limbo, desesperanzadas y solas.

Me pidió que andáramos juntas, que le gustaba mi alegría, que le contagiaba una cierta vitalidad a su vida gris y rutinaria, y a mi me gustó servirle de algo y me alegré por ello, fraguamos una amistad comprometida o lo que se diría otra forma de amor espacial y universal muy limpia y sincera, a pesar de unos abrazos marrones y escasos , unos besos rojos de carmín, que intentaba quitárselos de las mejillas, con los dedos, al quedarse pintados como una parte de su rostro y unos sueños azules como el páramo y el desierto, a pesar de ello, terminamos por volver hacia aquel limbo, porque alguien le intentó resolver la vida y su familia se alegró, como en una película hecha de trozos de necesidades, y eso pudo más que todo el amor del mundo…Desde entonces habito en esta celda. Pero todo es tan perfecto y justo, que me alegré infinitamente.

Nadie sabe porque los desesperanzados divagan e intentan perderse en ciertos laberintos, será la necesidad de olvidar los pasados imperfectos, los apremios o los intentos vanos por alcanzar a llegar a los andenes del tren que se nos escapa y se nos fue. No importan las razones, lo que estuvo allí quedó en los archivos de la memoria del holograma universal, allí donde mi madre me contaba habían quedado registradas las historias y las voces; me impresionó que me dijera que allí estaría la voz de Jesús el Cristo en arameo. Si ello es una verdad total o relativa, allí volveremos con el travelling óptico, a mirar esas evoluciones y allí se quedarán nuestros cines y palabras.

Quizás deba continuar durmiendo…Ya lo escribiré mañana. Nadie perdona los silencios.

Barcelona, 07 de marzo, de 2008.

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02
ene
10

PATRICIA

 patricia-highsmith.jpg

PATRICIA
(Por: Elvira Lindo)

Lo de que la belleza física es algo relativo está por ver. Realmente creo que esa teoría forma parte de esa idea tan americana de que nadie tiene por qué aceptar la más mínima frustración. De la misma forma que la enseñanza consiguió borrar del mapa el fracaso escolar -a cada estudiante hay que exigirle según sus posibilidades-, se inventó el ballet en silla de ruedas o los concursos de misses para mujeres gordas. La clave de la modernidad es que a nadie se le puede decir: tú para esto no sirves. Por supuesto se considera progresista el suponer la belleza como algo arbitrario, algo que depende del color del cristal con que se mira, cuando la realidad es que no ha cambiado tanto el canon desde que el arte representó de forma realista el rostro humano. En cuanto a la gordura, de la que la pintura ha dejado tan espléndidas muestras, ha sido la consecuencia más de la mala alimentación que de la estética. Hay científicos que afirman que un bebé siempre se sentirá más atraído por una cara agradable. Todo eso al margen de que hay feos atractivos, feos irresistibles; lo cual no quita para que por mucho que adecuemos el lenguaje a la corrección política siempre habrá guapos y feos. Además de la herencia genética, también nuestros rostros están expuestos a la vida que nos toca. Los lectores de Patricia Highsmith se quedarían asombrados si vieran sus fotos de juventud. A Highsmith la recordamos por esas fotos de anciana de facciones durísimas, hinchadas probablemente por el alcohol. Sin embargo, en la biografía que sobre ella ha escrito Andrew Wilson, vemos algunas imágenes de los años cuarenta en las que aparece Patricia desnuda. Su imagen, tan dulce, tan bella, podría ser la de una actriz de hoy. Una compañera de universidad de la novelista decía: “Cuando la vi en sus últimas fotos no podía creer en lo que se había convertido…”. Leyendo la biografía de Highsmith deduje que esa asombrosa transformación de su cara era consecuencia del alcohol y de esa personalidad atormentada que los lectores con propensión a la mitomanía atribuyen al genio, y que la propia Patricia achacaba a los complejos y la consideración de bicho raro que tenía sobre sí misma. A ella, que acabó siendo una mujer fea, le siguieron gustando hasta su muerte las mujeres hermosas.

Artículo aparecido en “EL País” el 05/05/2004.

02
ene
10

EL HOMBRE A LA SOMBRA

 virginiawoolf.jpg

LEONARD WOOLF, EL HOMBRE SIN ATRIBUTOS:
Victoria Glendenning revela la importancia del esposo de Virginia Woolf como escritor.

En 1966, cuando su vida había atravesado ya dos guerras mundiales, el ocaso de un imperio y el suicidio de la mujer que amaba, Leonard Woolf se encerró a reflexionar y escribió: “A la edad de ochenta y ocho años, mirando hacia atrás mis cincuenta y siete años de trabajo político en Inglaterra, veo con claridad que no he obtenido prácticamente nada. El mundo presente y la historia del hormiguero humano de los últimos cincuenta y siete años serían exactamente idénticos si hubiera jugado al ping pong en vez de presidir comités y escribir libros y memorandos”. Y concluía con “la confesión más bien humillante” de haber arado la propia existencia con “algo así como ciento cincuenta o doscientas mil horas de trabajo perfectamente inútiles”.

(Publica La Nación)

Por Livia Manera

Pero el intenso trabajo desarrollado en las filas del partido laborista no debía de ser el único motivo de frustración para un escritor ambicioso y competitivo, que había padecido el desafío de estar casado con Virginia Woolf. En Cambridge, Leonard se había vinculado con algunas de las mentes más brillantes del siglo, entre las cuales se encontraban John Maynard Keynes, Lytton Strachey, E. M. Forster y Bertrand Russell. En Londres, había fundado la Hogarth Press y había sido el editor de T. S. Eliot y de Sigmund Freud, y en calidad de codirector del Political Quaterly, había publicado y trabajado con personalidades del nivel de H. G. Wells, Thomas Hardy e Isaiah Berlin. Nunca existió una persona más asediada que Leonard Woolf por la grandeza de los amigos y los parientes cercanos.

Y por eso hoy se ha convertido en noticia el hecho de que al hombre sin atributos de Bloomsbury se le haya restituido la dignidad perdida con el relanzamiento, en Gran Bretaña y en los Estados Unidos, de su primera novela, The village in the jungle, de los cuentos de A tale told by midnight , pero sobre todo, con la publicación de una brillante biografía escrita por Victoria Glendinning, que le reconoce una interesante y contradictoria personalidad. Glendenning describe a Leonard Woolf como a un hombre austero, tímido, despótico, irascible y pesimista (su inefable lema era “¡Nada importa!”), a quien el amor por una mujer con la que no tenía ninguna intimidad sexual suavizó hasta el punto de convertirlo en un ser generoso, protector y paciente. Un hombre con una cara como el filo de un cuchillo y de cuerpo menudo, que amaba a las mujeres (“Siempre me sentí fuertemente atraído por la mente y el cuerpo femeninos”) y que era retribuido por ellas. Menos de dos años después del suicidio de Virginia, ese hombre vivió una segunda temporada de amor con la vivaz y alegre Trekkie Parsons, esposa de Ian Parsons (que consentía la relación), editor de Chatto & Windus. Leonard y Trekkie compartieron los siguientes treinta años de vida.

Un hombre que se declaraba marxista y socialista, y del que hasta la misma Virginia decía que era “muy duro con las personas. Sobre todo con la servidumbre… La extrema rigidez de su mente me sorprende… su severidad: no hacia mí, yo puedo levantarme y mandarlo al diablo. ¿De dónde viene? Del hecho de no ser un gentleman , en parte: de no sentirse cómodo en presencia de las clases inferiores… Supongo que tiene un deseo de dominio. Amor de poder. Y después escribe contra esas cosas…”.

En las palabras de la mujer, uno encuentra todo el desenvuelto antisemitismo de la buena sociedad inglesa. Y aunque Leonard haya negado que alguna vez se sintiera discriminado, es difícil creer que el hecho de pertenecer a una familia judía empobrecida imprevistamente a la muerte del padre abogado no le haya sido pesado cuando frecuentaba una escuela de larga tradición antisemita como St. Paul. Una vez que salió de allí, pasó a Cambridge con una beca de estudios y fue de nuevo alguien distinto entre iguales: el único de aquel excepcional círculo de amigos “arrogantes, altaneros, cínicos y sarcásticos”, como los describía él mismo, que en caso de recibir una mala nota podía ser castigado con la pérdida del derecho a frecuentar la universidad. Después de graduarse, aceptó con humildad un empleo en la administración colonial. Y los siete años durante los cuales fue administrador de una aldea en Ceilán se convirtieron en el bagaje de experiencia de su posterior pasión antiimperialista.

Fue precisamente mientras Leonard estaba en Ceilán cuando el homosexual Lytton Strachey le escribió en 1909 que había pedido la mano de Virginia Stephen, que se había arrepentido y que, por suerte, había sido rechazado. Ahora le tocaba a Leonard casarse “por su cabeza” con la hermana del amigo común Toby Stephen, le decía Strachey. Y Leonard lo hizo, aunque aterrorizado por las “espantosas complicaciones de la virginidad y del matrimonio”. Se convertiría en un marido extraordinario y en un amante inexistente, que no mostró celos cuando Virginia vivió su historia de amor con la escritora y aristócrata Vita Sackville-West.

¿Qué queda hoy de esa vida ensombrecida por el brillo de las de otros? Dos novelas, The village in the jungle (1913) y Wise Virgins (1914), que transcurren la primera en Ceilán y la segunda, en un ambiente suficientemente semejante al de su familia de origen como para ponérsela toda en contra, además, una inmensa masa de escritos políticos, por propia admisión irrelevantes (“Pero hasta el fracaso puede ser portador de un granito de conocimiento”); y una espléndida autobiografía en tres volúmenes, escritas cuando ya reflexionaba “pasaron las tempestades y las tensiones de la vida, las ambiciones y las competencias”. Por todo esto, Leonard brotó a los ochenta años bien cumplidos en los tres volúmenes de su autobiografía, dice hoy Victoria Glendinning. Porque escribir lejos de los consejos críticos de los amigos ilustres, ya muertos, fue para él una liberación. Y es extraño que sea ella quien lo diga. Porque ni siquiera su biógrafa se resiste a la tentación de decirle a Woolf lo que debería haber hecho (“Si hubiera perseguido con mayor fuerza la idea de una nueva versión del Judío Errante… habría escrito probablemente su obra maestra”). Es la demostración de que nunca habrá paz para Leonard Woolf, eterno viudo de Virginia. Aunque hoy se lo rescate.

Corriere della Sera. Traducción de Hugo Beccacece.

02
ene
10

*LAS FLORES DEL MAL

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LAS FLORES DEL MAL

Charles Baudelaire, a pesar de haber inventado la poesía moderna, fue un tipo con mala suerte y también con mala muerte. El contraste de la vejez de su padre (que tenía 62 años cuando lo engendró) y de la juventud risueña de su madre (que tenía 27 cuando lo concibió) es el precipitado que produce Las flores del mal. Ganó el segundo premio de versos latinos en un concurso en el que participaban niños de todos los colegios de Francia, y supo que no había marcha atrás en el espinoso camino de la poesía.El profesor José Antonio Millán Alba, traductor de Baudelaire, afirma que hay un antes y un después de este genio, «sin él es inconcebible la poesía actual, su influencia es universal porque codificó la estética contemporánea e influyó en nuestra manera de vivir. Ni el siglo XX ni el actual han dado nada nuevo, sólo han sido difusores de los hallazgos del XIX y de Baudelaire, sobre todo, que sigue teniendo la influencia de un coloso».

Publicado por primera vez hace ahora ??50 años, Las flores del mal produjo un desenfreno de insultos y una condena judicial por ultraje a la moral pública. La edición fue secuestrada, el autor procesado y condenado a una multa de 300 francos y a suprimir seis de los poemas que exaltaban la desnudez femenina y las relaciones LesBianas. Precisamente el primer título en el que pensó el poeta para su obra fue Las lesbianas, luego se inclinó por titularla Los limbos. El título definitivo se lo propuso el periodista Hippolyte Babou y resumía una idea obsesiva de Baudelaire: consideraba que la naturaleza es fea y que la belleza sólo es una exudación del mal.
El poeta ecuatoriano Mario Campaña asegura que «Las flores del mal inventan la poesía moderna, es decir, urbana, irónica, descreída, pegada a la vida y al margen de Dios, de la historia y de la naturaleza. Desgarrado entre la sensualidad y el espiritualismo, este libro es un buen retrato de la primera mitad del siglo XIX, una época que nos ha hecho como somos».

La figura ambivalente de la mujer atraviesa las páginas de Las flores del mal. Sus referencias literarias son la hechicera Circe que encantó a Ulises, la Venus del amor, la Cibeles de la fecundidad, Elvira, la última esposa de Don Juan o la Lady Macbeth de Shakespeare. Las referencias reales son tres de sus amantes: Jeanne Duval, Apollonie Sabatier y Marie Daubrun.

Tenía 46 años cuando lo enterraron en el cementerio de Montparnasse. Allí yace el padre de la poesía moderna, el precursor del simbolismo, el inspirador del surrealismo y el autor de las flores más tiernas y atroces del jardín universal de los versos.

VERSOS CENSURADOS: Selección de algunas estrofas de ‘Las flores del mal’, por los que fue condenado y la edición secuestrada.

LESBOS: ¿Quién entre los Dioses osará, Lesbos, ser tu juez / y condenar tu frente pálida de extravíos, / si sus balanzas de oro no han pesado el diluvio / de lágrimas que al mar han vertido tus arroyos? / ¿Quién entre los dioses osará, Lesbos, ser tu juez? ¿Qué quieren de nosotros las leyes de lo justo y de lo injusto? / ¡Vírgenes de corazón sublime, honor del archipiélago, / vuestra religión como otra cualquiera es augusta, / y el amor se reirá del Infierno y del Cielo!

LAS JOYAS: Con los ojos en mí, cual tigre domado, / con aire vago y soñador ensayaba posturas, / y el candor unido a la lubricidad / añadía un nuevo encanto a sus metamorfosis; y sus brazos y sus piernas, y sus muslos y sus caderas, / como el aceite pulidos, ondulantes como un cisne, / pasaban ante mis ojos clarividentes y serenos; / y su vientre y sus senos, esos racimos de mi vid, / avanzaban, más zalameros que los Ángeles del mal.

MUJERES CONDENADAS DELFINA E HIPÓLITA:Tendida a sus pies, tranquila y llena de gozo, / Delfina la cobijaba con ardientes miradas, / como una bestia fuerte vigilando su presa, / luego de haberla, desde luego, marcado con sus dientes. Siento fundirse sobre mí pesados terrores / y negros batallones de fantasmas esparcidos, / que quieren conducirme por caminos movedizos / que un horizonte sangriento cierra por doquier.
Via.

(Artículo aparecido en la página de LesNoticias.com)

02
ene
10

EVASIONES

 

EVASIONES
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar.)

Para dejar de pensar cruzo calles y me pierdo en laberintos, entro en librerías pretendiendo leer algo del autor y el argumento de los libros, acerco la nariz a las vidrieras de los escaparates, luego ando y ando hasta conseguir perderme un poco de mi misma, la evasión es la única ruta de los solitarios y aburridos, de los abandonados en los aeropuertos y los mudos compungidos, la ruta de los maniatados sin remedio.

Para no pensar, hago guiños a los niños en los parques y les sonrió con alguna carantoña, doy migajas piadosas a palomas y al quedarme con sus alas, miro al cielo y elevo una plegaria de altos vuelos; al aterrizar de nuevo, busco un libro de bolsillo y lo prosigo, sin saber y sin leer las historias de otros mundos.

Para no pensar, voy doblando las esquinas solitarias y ahuyentando despedidas, tomando cafés como dosis de ternura, voy mirando con deliberación las carteleras de los cines, persiguiendo cada uno de mis pasos en la transparencia mineral de las aceras, escapando de las celdas de barrotes que aprisionan.

Para no pensar, admiro los colores de las obras de Tiziano, mis ojos se recrean en su Noli me Tangere, para pasar a saludar a las damas de Rubens y luego dejar que me sobrecoja la melancolía de Caravaggio; al marcharme doy la mano para despedirme de su “Buenaventura“, con el paripé de los modales distinguidos, y salgo sin saber hacia donde proseguir la huida.

Para no pensar, bajo a los andenes presurosa,  llevándome el paraguas de borrascas y las aguas de un abril mezquino, tomo los trenes de la tarde gris, oyendo en los audífonos del mp3 las canciones tristes de las ilusiones de junio, me persuado de estar lejos, de ir corriendo tras los árboles al pasar por la ventana, adelanto mi reloj del tiempo y dormito entre las encrucijadas de un enero, de los sueños rotos.

Para no pensar, voy leyendo los anuncios de neón de la ciudad festiva, me convierto en la voyeur outsider de la noche, bloqueo a mi memoria que amenaza sin tregua con sus oscuros insiders, me quedo en las esquinas de los quioscos de los diarios, como si leyera o esperara a alguien, para descubrir que la tautología de la soledad me puede…Siempre me estoy yendo,… para no pensar.

Barcelona, 02 de marzo de 2008.
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02
ene
10

LOS AMORES QUE PERDÍ


LOS AMORES QUE PERDÍ
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar.)

Las historias de la vida se repiten muchas veces, no me he de sentir excluida o diferente de ser parte de esta humanidad doliente y miserable. Freda (de Jean Racine), el Wherter enamorado, la infortunada Dido que amó a Eneas, la pasional Eloísa, Mariana de Alconforado, la monja enamorada del capitán Chamilly y todos los demás amores y desamores anónimos, reales y de literatura.

El trasiego de los días va pasando con sus giros fugitivos…ya nada se detiene…todo pasa. El calendario, el mes, los días. Sólo pocas cosas van quedando, los aromas, los recuerdos, la geometría de las extensiones y medidas, las cercanías, las distancias, los afectos; sincronías del tiempo desdichadas o felices, la profundidad de una mirada y su lenguaje, su luz, el resplandor de su brillo, su belleza; la exactitud de las notas de una sinfonía, la perfección del silencio…El Amor —me gusta escribirlo con mayúsculas—. El Amor no muere, permanece, su efecto es largo y duradero. Aceptar la incertidumbre de la libertad total es posible, esa desnudez total del alma sola ante el dolor, también. El desapego es el ejercicio de los Santos y profetas, para lo cual no nací yo, precisamente.

En la lenta melopea de las horas y el tiempo finito está comprendido el engranaje de una vida, también en las ideas de la falta de un Amor,… en sus ausencias…si ya no está o ha dejado su huella. Poco importa si nos amó o no, interesa más saber lo que nos dejó o fue capaz de suscitarnos, las bellezas que nos provocó, el lograr acercarnos hacia horizontes sublimes y perfectos, la transformación interna que obró en nosotros, los vacíos que llenó y las emociones que nos motivó, la felicidad de dar lo que no sabíamos que poseíamos en abundancia, el esplendor de lo desconocido que logramos ver, o todo cuanto sentimos sin saber que éramos capaces, lo increíbles que pudimos ser y lo bellos que fuimos sin saberlo, estando enamorados . Esa es la magia que obra el amor en nosotros. Subjetivo o no, es interesante entender las evoluciones interiores de nuestro ser ante el Amor.

Sujetos quizás ante hechos naturales y perfectos del destino, me reconozco como un ser privilegiado que a conocido “algo” del Amor, de aquel al cual me gusta denominar con mayúsculas, porque creo es parte de un gran Amor Universal que lo inunda todo, y en el cual aún por incredulidad, ignorancia, pedantería o vanidad, somos incapaces de creer, a pesar de las bellezas naturales, de tener cerca a esas otras criaturas inocentes, como son los animales, que según creo yo, Dios creó para ablandar y conmover nuestro endurecido corazón.

En fin, les debo un reconocimiento tácito a los amores que perdí, que no fueron tantos en número felizmente, porque también sembraron de tristezas mi alma desconocida y neófita, dejando acaso esas pocas cicatrices con que me empeño en creer que estoy “galardona” en un grado mayor, para poder acceder a esa increíble magia, que ocurre pocas veces en la vida y sin embargo está cual una llama resplandeciente y guardada dentro de cada uno de nosotros, pronta a manifestarse cualquier día, cualquier hora, en donde fuere, sin que sepamos el misterio de su cómo y su por qué.

27 de febrero, 2008.

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OBRA PROTEGIDA Y REGISTRADA

02
ene
10

LOS FALSOS JURAMENTOS

LOS FALSOS JURAMENTOS
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

No valgo para las bebidas alcohólicas y espirituosas esta visto. La última trompa que me noqueó no fue estando contigo, fue en Vision Ville, un bar de una amiga cubana, que se empeña en proseguir su vida como prostituta, burlándose de todas nosotras despiadadamente y lo poquito que ganábamos. “La vida está jodía”, ha dicho la condenada, para justificarse o quien sabe intentar con la idea de enfadarnos, apartarnos de una buena vez de su lado más salvaje y gamberril, sin embargo, reconozco en ella su lado humano y valioso. Nosotras respetamos su misión de hacer fortuna y su trabajo, de la forma más civilizada y singular.

Una de mis amigas, la más maternal y protectora conmigo me espetó de pronto al verme coger mi lata de cerveza Voll Damm, de las más efectivas por cierto: “¡Oye tú, basta ya!, ¿no?”, mis ojos risueños le despertarían infundadas sospechas de haber estado empinando el codo toda la noche, pero no era del todo cierto, algunas personas no podemos exagerar con el alcohol y ostentamos esa debilidad de los pollos ante un Johnnie Walker etiqueta roja, que es inútil engañarnos. En fin, que para otras cosas valdremos.

Después tuve un gran disgusto conmigo misma, ya veía doble o triple, porque doble se ve a partir de los 40 de forma natural, tuve deseos de convertirme en un trozo de pan y de estar tranquila y feliz al lado de alguien que me diera expansivas muestras de cariño, ese tipo de debilidades peligrosas a las que nos lleva a veces el alcohol y esas ansias vulnerables de encontrar de pronto en un pis pas lo que no hemos encontrado tal vez ni en un año largo de amor, ni por Internet, ni por telepatía controlada por radares…—El patio está chungo— he recapacitado de pronto y desde ese preciso momento he sido víctima de una especie de aguda lucidez de mi realidad. Bueno, problema de muchos consuelo de tontos. Más tarde he recordado a ese chico de nick “motolisto“ y me he sonreído para mis adentros, seguramente está como una moto y es muy listo, pero vamos, me despejó un tanto la mente la otra noche, para decirme que lo nuevo, lo último, era que casi todos sus amigos y amigas cercanos a los 50 habían caído en una especie de rapto de conciencia, después de más de 10 años de casados y tranquilos, para empezar a divorciarse con excesiva rapidez como sacudidos de una corriente alterna de unos 2000 voltios, haciendo uso del divorcio Express español, que en definitiva, es como irse al bar de la esquina y tomarse una taza de café y asunto resuelto. Entonces hemos razonado y filosofado en la cuestión, le he dicho que seguramente la gente se niega a tener que irse de esta vida sin antes renunciar a coger “esa fruta sabrosa” que se exhibe cada día en algún escaparate. Todos creemos o tendemos a creer que el vecino es más afortunado que nosotros, que liga más, que aún haciendo sofing o deporte del sofá y viendo la TV. todo el santo día, es mucho más afortunado que nosotros, pues tiene un coche del año y de última generación, está ausente los veranos por sus viajes a Punta Cana y al Caribe, y nosotros terminaremos iguales que desde hace 10 años, sin incentivo alguno para seguir en la contienda, ¿y qué?, le he dicho, que me demuestren pues que pateando el tablero han conseguido más dicha, más equilibrio y más felicidad… ¡Ay que listos son algunos!.

Si bien es cierto el caos y la decadencia están a la orden del día, de nosotros dependerá librarnos de ese yugo. No obstante, cada día suelo ser más conciente de mi inconciencia, serán los Voll Damm, las visitas al Vision Ville, las conversaciones con mi amiga Manoli, la cubana, tus abandonos o los míos, Spengler y su “Decadencia de Occidente”, las arengas de mi amiga maternal y poco parca, los excesos de la noche, los desmadres, mis sueños recurrentes y febriles por tenerte o la falta de tus besos. Caer en la infelicidad es lo fácil, lo difícil es lo otro, dijo un sabio.

Creo sin embargo, que los psiquiatras en los 2000 están de capa caída, nos es dado buscarnos e intentar re-encontrarnos en las horas quietas o en los corredores atestados del metro, hablarnos y refrescarnos la memoria, en las nocturnas; desestresarnos siguiendo los consejos de la vecina del tercero, tomándo concentrados de valeriana a todo pasto; acudir a los gimnasios dos o tres veces por semana; escuchar la música Chillout; vivir a más no poder, aunque sea a través del sofing y la TV. y experimentar como los adolescentes las emociones fuertes, al incursionar en las autopistas y perdernos a buena velocidad en ellas… Total la vida son dos días, como dijera mi putañera amiga Manoli, ya más tarde padeceremos los achaques y otras neuras, pagando los excesos de nuestra inconciencia y nuestro gusto por tomarle a la vida los sabores y su savia.

No he conseguido serle fiel ni a mi falso juramento, no será el primero y tu lo sabes. Una tarde de verano vencida de embriaguez y de resaca, delante de las amigas, aún pareciendo tan solemne y decidida, tras jurar y perjurar de no tomarme otra Voll Damm en todo el resto de mi vida y ya lo ves… La penúltima fue estando contigo en el Harlem Jazz, ese bar de copas con sabor latino donde apenas logré disfrutar de esas canciones; pues más tarde no sabría dar noticias de mi vida. Al día siguiente estabas tu a mi lado por fortuna. Algo bueno había pasado. ¿Cómo volver a esos buenos momentos?… dime cómo.

21 de febrero, 2008.

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REGISTRO DE LA PROPIEDAD INTELECTUAL

02
ene
10

¿POR QUÉ ESCRIBE USTED?

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¿POR QUÉ ESCRIBE USTED?
(Por. Gina Martínez-Vargas Araníbar.)

Este era un artículo aparecido en el diario francés Liberación el año 85, cuyos entrevistados se limitaban a aducir, las razones por las cuales se habían visto motivados interiormente a escribir sus obras.

Ante tan seductora interrogante, me puse a descubrir aquello que me toca como novel en el ejercicio de las letras. ¿Qué hacer entonces cuando sucumbimos ante la pluma y el papel?, como lo haría cualquiera con vivo apetito, ante un suculento plato que tuviese al frente. Creo obtener tácitamente la respuesta: escribir.

La pluma en todos los tiempos, nos ha facilitado obtener conocimientos y experiencias de quienes nos precedieron; digamos, que acercándonos a esas creaciones literarias, estamos más cerca al descubrimiento por sí mismo, del hombre, del mundo, puesto que no hay nada, en absoluto, que no haya sido escrito y abordado de alguna manera. De este modo, no estaré muy lejos de la verdad al afirmar, que en el campo de lo escrito, nada nos es vedado.

Cabría el preguntarnos sobre la evidencia de la tan mencionada inspiración, impulso interior que intercede cómo factor e incita a escribir.

No olvidemos que la pluma de nuestros afamados filósofos, tuvo a bien plasmar las más etéreas disquisiciones filosóficas y ambiguos conceptos de los enigmas del más allá, cual si raptos súbitos clarificaran el fruto de silentes cogitaciones y conservaran sus siempre polémicas ideas.

¿Ha de ser la inspiración aclamada por nuestros poetas, razón natural, —como al cambiar con el clima la química del cuerpo, los iones del aire con carga negativa, producen un exceso de serotonina en el cerebro, se ha investigado a la postre, causa insomnios, depresiones e intentos de suicidio?. Tendríamos entonces que consideran la existencia de “extrañas y exteriores” influencias, por llamarlo de alguna manera, que desde antiguo se decía tomaban parte en el numen del escritor o artista, tal como vendría a juicio de Platón al referirse a la inspiración: “No es mediante el arte, sino por el entusiasmo y la inspiración, que los buenos poetas épicos componen sus bellos poemas. Conocí, desde luego, que no es la sabiduría la que guía a los poetas, sino ciertos movimientos de la naturaleza y un entusiasmo semejante al de los profetas y adivinos”. En el Fredo considerando a la locura como de origen divino, escribe: “La tercera forma de posesión y de locura, la que procede de las musas, al ocupar un alma tierna y pura, la despierta y lanza a transportes báquicos que se expresan en odas y en todas las formas de la poesía”. Este juicio es la teoría que ha originado diversas tesis (posiciones) que unen la locura con la poesía, creando una literatura psicopatológica del arte.

Estas consideraciones que otrora vendrían a ser parte del pensar común de aquellos, cuya propensión inclinada a la escritura, con los años es posible que haya ido desvaneciéndose, a favor del talento y el simple propósito intelectual de hacerlo; no obstante, quienes hasta hoy han libado de la singular complacencia que trae el escribir, no niegan su experiencia ni rehúsan afirmar, que en efecto hay mucho más que aprovechar al margen del talento, propósito e intelecto. Georges Duhamel, novelista francés, cuenta como aprovecha instantes peculiares de rapto: mantengo siempre junto a mi en la noche, una libretita con un gran lápiz, y cuando me viene una idea la anoto en la oscuridad, a tanteos bajo una forma estrambótica; porque es necesario desconfiar de la memoria: los pensamientos sólidos no vuelven siempre y conviene no dejar escapar esta sustancia”. A su vez la poetisa Alfonsina Storni, sensible e inquisitiva pone: “¿No es por otra parte, el poeta, un fenómeno que en sí mismo ofrece pocas variantes, una antena sutilísima que recibe voces no se sabe de dónde y que traduce no se sabe cómo?”.

De la certeza de “extrañas influencias”, he hallado muchas evidencias de este tipo, que no hacen mas que corroborar las narradas por varios escritores, quienes están convencidos que de algún modo, su obra y personajes forman parte de alguna otra realidad, la cual palpita y vive un mundo en completa independencia de él y por tanto los acontecimientos se suceden sin que necesariamente te determinen y no dejan de sorprender a su autor, con los más imprevisibles e inesperados sucesos. Remitiéndome a los testimonios he de incluir algunos: Dickens declaró: “Yo no redacto el contenido de un libro, sino que lo veo y reseño.”

Roland Dorgeles expresa: “El novelista se deja conducir por sus personajes, no es el escritor quien modifica el plan que se ha trazado de antemano, son ellos los que lo arreglan a su idea, si esto no se verifica, es que no se trata de seres que viven. Para que existan realmente me bastaría vestirlos y colorearlos.”

A su vez, William Faulkner agrega: “Siempre hay un momento en el libro en que los personajes mismos se revelan, asumen la dirección y terminan el trabajo.”

Luego, es dominante la influencia y la fuerza que la obra ejerce sobre el escritor, cual si precisamente tuviese la prerrogativa de poder “ver” en otro lado los acontecimientos de su obra. Flaubert decía a Taine que las figuras de su imaginación lo afectaban: “Me persiguen o mejor dicho, soy yo quien vive en ellas; cuando describía el envenenamiento de Emma Bovary, tenía un gusto tan perceptible a arsénico sobre mi lengua, que sufrí dos indigestiones.”

El biógrafo de Thackeray explica que éste al encontrarse un día con un amigo le dijo en tono sobrio: “Hoy he dado muerte al capitán Newcomes.” —y luego le leyó el mismo día el capítulo de The Newcomes, en el cual se describía la muerte del capitán. “Thackeray estaba tan excitado por la lectura, que sólo pudo efectuarla, con una voz apenas perceptible. También la muerte de Ellen Pendennis le afectó tan dolorosamente que estaba llorando.”

A la pregunta ¿por qué escribe usted?, connotados escritores nos confiesan y revelan sus profundas razones, muchas de ellas muy disímiles al escribir como actividad literaria. El Nóbel 82 García Márquez, diría en esta ocasión: “Escribo para que mis amigos me quieran cada día más”. Giorgio Manganelli afirma: “Escribo para compensar mis manifiestas inaptitudes”. A su vez Balzac diría alguna vez: “Escribo para ser rico y célebre”.

Los hay de los más diversos motivos; pero, ¿será más escritor (en el sentido del término), aquel que llevado por una extraña necesidad, vuelca sus palabras en una página, que quien imbuido de ambiciones diversas hace literatura?. Recuerdo un libro muy especial que me llevara a la injerencia de cuestionar dicho asunto. En “Cartas a un joven poeta”, Kappus, se descubre a Rilke como un novel poeta y remitiéndose a él, espera obtener su concesión de avalar su capacidad como poeta o en todo caso dejar de serlo; a cuyo texto R.M. Rilke habría de responder: “Nadie le puede aconsejar ni ayudar; nadie, solamente hay un medio: vuelva usted sobre sí, investíguese la causa que le impele a escribir. Examine si ella extiende sus raíces en lo más profundo de su corazón. Confiésese si no le sería preciso morir en el supuesto que escribir le estuviese vedado. Esto ante todo: pregúntese en la hora más serena de su noche: ¿debo escribir?. Ahóndese en sí mismo, hacia una profunda respuesta y si resulta afirmativa, si puede afrontar tan seria pregunta con un fuerte y sencillo “debo”, construya entonces su vida según esta necesidad, su vida tiene que ser hasta en su hora más indiferente e insignificante, un signo y testimonio de este impulso. Una obra de arte es buena cuando ha sido creada necesariamente. En esta forma de originarse está comprendido su juicio: no hay ningún otro”. ,

Cuando la literatura ya no está supeditada únicamente al numen y entonces el escritor advierte una necesidad a ultranza, habremos de pensar que las motivaciones son parte del mundo interior, el cual como dijera Sartre, está en necesidad de paz, pues el escritor desde que nace, tiene movida su propia guerra dentro. Entonces, cabría cuestionar ¿qué tal grave es este mal silente, que mas tarde ha de convertirse en expresión necesaria?. Ya dirían otros escritores contemporáneos ante la pregunta, ¿por qué escribe usted?, hurgando en su interior, como Juan Rulfo al responder: “Ignoro por qué escribo, tengo la necesidad de escribir algo que creí haber visto en sueños”. Ante la interrogante Borges, el frustrado Nóbel argentino, apostillaría: “Escribo para responder a una urgencia.” Luego, aduciendo a esta necesidad, Ernesto Sábato nos descubre una confesión ante la pregunta: “Escribo porque me es absolutamente necesario, de otro modo podría morir de tristeza. He escrito en mi vida porque si no me moría, obedeciendo a impulsos muy profundos y oscuros, tan profundos y oscuros como los que producen los sueños y las pesadillas.”

De este modo, si las imposiciones del medio ambiente inferior lograran contener la pluma de estos hombres truncándolos, acabarían por descubrir su cojera literaria en cualquier otra actividad de sus vidas, su fracaso no hallaría paz, puesto que por intrínsecas convicciones, por vocación y necesidad les sería imposible determinar el sino de sus vidas.

Es claro, entre los mismos escritores las diferencias son marcadas, habríamos de pensar en las mil maneras que diferentes personas habrían de definir un mismo paisaje, puesto que la psiquis de cada escritor es una expresión de la realidad.

José Ingenieros, distingue 4 grandes tipos mentales simples de escritores: los observadores, los analistas, los soñadores y los sintetizadores; no obstante estos tipos mentales no se observan jamás en estado de pureza; puesto que ningún escritor es exclusivamente receptor de imágenes, analizador de impresiones, forjador de fantasías o generalizador consuetudinario. Por tanto, estos cuatro tipos de actividad mental coexisten en todos los escritores.

Entonces, si nosotros enamorados de la pluma debiéramos preguntarnos una vez más sobre el porqué de tal propensión, miremos dentro antes de responder y sabremos descubrir como en lago prístino, la verdad que nos impele a escribir. Acaso seamos canal, como algunos quisieran aseverar arbitrariamente y quienes por medio de cierta inducción, estemos a merced de ejecutar un contenido, cuya traducción llevemos a cabo en el rapto silente de nuestro magín.

18 de febreo, 2008.
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02
ene
10

VIENTO DEL OLVIDO

VIENTO DEL OLVIDO
(Manuel Scorza)

Como a todas las muchachas del mundo,
también a ella, tejiéronla en sus sueños,
los hombres que la amaban.
Y yo la amaba.
Pudo ser para otros un rostro
que el viento del olvido borra
a cada instante.
Pudo ser,
pero yo la amaba.
Yo veía las cosas más sencillas
volverse misteriosas
cuando ella las tocaba.
Porque las estrellas de la noche
ella con sus manos las sembraba!
Los días de esmeralda,
los pájaros tranquilos,
los rocíos azules,
Ella los Creaba!
Yo me emocionaba con sólo
verla pisar la hierba
Ah si tus ojos
me miraran todavía!
esta noche no tendría
tanta noche.
Esta noche caería
sin mojarme
Por que la lluvia
no empapa a los que
se pierden en el bosque
de sus sueños relucientes,
y sus días no terminan
y son sus noches
transparentes.
Dónde estás ahora?
En qué ciudad,
en qué penumbra
en cuál bosque
te desconocen
las luciérnagas?
Tal vez mientras escribo,
estas en un suburbio, sola,
inerme, abandonada…
Abandonada, no!
En tu ausencia mi corazón
todas las tardes muere.

15 de febrero.

02
ene
10

HUIR A NINGUNA PARTE

HUIR A NINGUNA PARTE
(Por: Gina Martínez-Vargas Araníbar.)

Me he preguntado muchas veces que es lo que nos hace permanecer tanto tiempo ligados a las cosas o a las apariencias, por qué las cosas materiales finalmente duran más que la vida misma del ser humano. Viendo fotos o recuerdos de seres queridos que ya no están entre nosotros, descubro una vez más lo intrascendente de lo que no lo es. ¿Por qué se hace más patente después?, después de vivir las alegrías, después de experimentar el tiempo, el dolor, la pérdida, la ausencia.

De nada serviría revelarnos como Omar Kayham, el poeta persa, contra nuestro destino existencial o nuestro Dios o Creador, mortalmente heridos por el vacío existencial y propulsados por el vino, como le ocurrió al poeta, volcados tal vez en la escritura de aquellos sus poemas rebeldes e ir desgajando poema tras poema, embriaguez tras embriaguez, su vacío existencial. Comprendemos a Sartre, cuando expresa su espanto y profunda sensación de “haber sido echado al mundo” y tener que arreglársela. Fiel postulado existencialista.

Sin embargo, si huir parece ser el destino del ser humano y de pequeños nos perdemos en la fantasía, de mayores de un modo conciente o inconciente evadimos, buscando perdernos de nuestra realidad, entre los dédalos citadinos, los cines, los bares, la televisión, el ordenador, los viajes, los vicios superfluos, adicciones deliberadas, el tabaco, las malas compañías, drogas, emociones fuertes, repertorio de artilugios por un afán distractivo, que nos lleve a perdernos lejos de nosotros mismos.

Baudelaire, nos dice lo siguiente: “Han ido allí con ilusión de empezar una nueva vida, sí, pero con el secreto deseo de dejar atrás una sombra de sí mismos, demasiado estrecha y opresiva”, no obstante concluye, sólo nos enfrentamos de veras a una cosa, la imposibilidad de huir.

Si para Sören Kierkegäärd, la angustia es la imposibilidad del intento, ante la realidad de escapar, podemos decir, el ser humano es experto en intentos y fracasos y sus subterfugios son cada vez mucho más sofisticados y van mucho más allá de la simple cultura del entretenimiento, por denominarlo de algún modo. La necesidad hedonista o de una búsqueda del placer en sí mismo, el ir de compras, el hacernos regalos a nosotros mismos, el ir a gimnasios, el permitirnos comer algo prohibido y la búsqueda exacerbada de la llamada “hormona de la felicidad”, la beta endorfina, elemento natural contra cualquier frustración de nuestro tiempo de evasiones.

Siendo proclives al deseo Universal de huida, intentamos huir del hombre viejo o del pasado y nos encaminamos quizás hacia la búsqueda del hombre nuevo y deseado, quizás hacia nuestra memoria genética o tal vez hacia un deseo de huir hacia ninguna parte.

15 de febrero, 2008

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02
ene
10

OMAR KHAYYÁN Y EL ABSURDO DE EXISTIR

OMAR KHAYYÁN Y EL ABSURDO DE EXISTIR
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Durante siglos el hombre se interrogó sobre cuestiones que aún en nuestros días no han sido resueltas. Estos asuntos trascendentes, seguirán de seguro, siendo motivo de honda reflexión en la vida del hombre. Nadie ha logrado responder tres puntos básicos: quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. Es muy posible que ciertos teólogos hayan intentado dar luces sobre estas interrogantes vitales del hombre, pero siempre las respuestas se han circunscrito a los diferentes cultos y religiones, razón por la que el hombre ha tenido la necesidad de aferrarse a alguna de estas teorías religiosas y particulares, sin llegar jamás a descubrir la respuesta cósmica y trascendental de la vida.

Omar Khayyán, iraní nacido en Nasipur en el año 1040, tampoco llegó a saber esta gran verdad sobre el hombre y es justamente por ello, que a pesar de los siglos, el tiempo y la distancia, podemos sentirlo en nuestro palpitar y repetirnos en sus interrogantes. Pero, cuando el hombre es porque sí y ninguna otra preocupación que la cotidiana, perturba su ser en lo más profundo, es cuando ello puede ser motivo de preocupación, pues a diferencia de un simple y pequeño gusano de tierra, estúpido acéfalo, el hombre se ganó el lugar primero en la evolución de las especies más complejas y desarrolladas, por su capacidad pensante. Cuando en la vida de un hombre, como la del gran poeta Omar Khayyán, la existencia es una razón por resolver y una serie de motivos por descubrir, se está frente al pro-hombre, al hombre cósmico y universal que vá en pos de las causas últimas y primeras del enigma de todos los tiempos: la vida, Dios, el hombre.

Este eximio poeta, tomó como punto de partida para su obra “Las Rubaiatas”, cuestiones primordiales como, la tristeza de haber nacido, lo efímero de la vida, con el aniquilamiento final de todo y nuestro ineludible sometimiento al destino que es la vida. Temas que son un leit motif, entre las muchas y profundas reflexiones que se plantea. Su obra, marcada de una gran filosofía existencial, está llena de matices profundos y enriquecedores.

Exegetas como Haskell Dole y Heron-Allen que han analizado al poeta, no han logrado definir si éste fue cabalmente un hedonista o un místico, lo cierto es que la estela fulgurante de Khayyán, es contrariamente a lo que pensara el poeta, imperecedera; aún nos puede esclarecer esos sombríos y pesarosos pensamientos, en la hora mágica de nuestra reflexión, junto a una copa de vino, como solía hacerlo el poeta antes de cada verso.

Habrá quienes tachen a Khayyán de procaz y blasfemo, otros de epigramático y controvertido, pero quien no ha interrogado a Dios alguna vez, quien no le ha dirigido un “por qué” en el dolor o quien no se ha sentido ridículo ante interrogantes sin respuesta. Se puede advertir en Omar Khayyán, un hombre a veces vencido por la desesperanza y la incertidumbre, otras mordaz, indómito y humano.

Para el poeta, el hecho de jamás haber venido al mundo hubiese sido mejor y a menudo se interroga sobre este punto. En su poema, Rub. 74 dice:

Más feliz aún
Y más tranquilo viviría
Aquél cuya madre no lo ha parido
Aquel que no ha nacido.

En un fragmento de su Rub.2 se refiere al destino del vivir y el morir, en la que describe con amargura:

En el pasado,
Jugábamos despreocupadamente
en las candilejas de la vida

Hoy seremos llevados,
unos tras otros
en el féretro de la nada.

Aborda sobre el mismo punto en su Rub. 11, 18, 23, 161.

Es Khayyán, indudablemente un poeta que trasluce una obra netamente existencialista y cósmica, tiene ese sentido gravitante del hombre en la búsqueda de sí mismo y de su razón de ser en la vida. Su expresión profundamente existencialista está contenida en su Rub. 18, es sin duda el eco de cuanto nos hubiesen dicho figuras como Heine, Goethe y Kierkegäard en el momento de debatir sobre el sentido del hombre en el mundo.

Arrojado a este mundo,
por sus caminos andamos perplejos,
desconcertados y aturdidos,
deshechos en la mayor confusión:

Nos han traído a la existencia
contrariando nuestro libre albredrío…
Igualmente forzados
partimos,
sin que, para eso
hayan pedido
nuestro consentimiento.

En fin,
no comprendemos
ni el porque del viaje,
ni la razón de la próxima partida…

¡He aquí un amargo razonamiento sobre la existencia!.
Hay en este sensible poeta un deje de desamparo y soledad; empero, la mujer y el amor carnal, no se constituyeron en estro en su obra. Aunque se sabe que no tuvo hijos y jamás se casó, tuvo una sola compañera fiel inseparable: una botella de vino, constante y leal confidente del vate. En ella halló un único consuelo a su ya irremediable desdicha de existir y vislumbrar con innata clarividencia el destino del hombre. En un fragmento de su Rub. 58, expresa:

La vida,
yo no la soportaría
si no existiera el vino
agrio, rosado y límpido.

Así prosigue el poeta loando el éxtasis de la dulce embriaguez que le prodiga el vino, color del rubí, en sus Rub. 71, 149, 150 y otras.

Al evocar a este egregio personaje, hay una voz que me dice desde muy dentro: “poeta Khayyán, estas en mi y aunque hoy seas polvo y yo lo sea mañana, estas en mis pensamientos hoy, como estuve en los tuyos ayer; ya ni el tiempo inextricable, ni el vacío del espacio insondable, nos separarán jamás, porque eres hombre y soy humana”.

 15 de febrero, 2008
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02
ene
10

DIFERENCIAS AFORTUNADAS

 

DIFERENCIAS AFORTUNADAS
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Mi mente a la deriva ha llegado a pensar la otra tarde, mientras esperábamos Marco y yo sentados en una banca, calentarnos un poco, con el sol de este ominoso invierno, lo poco que de la Oveja Dolly tenemos predestinado.

Sí, señores, cómo no, cada cual a su perfección y sus afeites, como seres únicos y singulares del universo.

Mi status quo tranquilo y silencioso ha aprendido quizás de mis horas de meditación o penitencia, acercarme hacia lo sublime, y mientras quedaba en esa maravillosa inconciencia, a medida que el sol me calentaba o lo intentaba, Marco, mi perro, parecía igualmente arrobado, la naturaleza circundante y su efecto narcótico tuvieron a bien devolverme hacia la naturaleza de la vida, a ese aro fortuito por donde circundan los planetas, propiciando en mi una feliz quietud de espectadora de la vida.

Hoy me dio por ponerme el traje de filosofastro y pensar bajo el mismo sol que inspirara a Platón, Aristóteles y a Sócrates, mi poca y escasa exclusividad. Pensar acaso en lo que dijera Eclesiastés: “No existe nada nuevo bajo el Sol”. Sí pues, ha través del tiempo pareciera que ya todo fue vivido, pensado, sufrido, inspirado. Sin embargo, el tiempo no ha pasado, hemos pasado los hombres.

Conciente de la celeridad de nuestra inconciencia por detentar casi de todo lo perecedero, por nuestra eficaz vocación de procrastinar, curiosa palabrita venida del latín. Sí procrastinamos, postergando a menudo situaciones y actividades que debemos atender y dejamos normalmente por otras más irrelevantes u agradables.

Pero sí, aunque no lo creas, pese al mismo sol que nos alumbra, las mismas necesidades de subsistencia, los mismos goces que nos den placeres y hasta las mismas sombras que nos den dolores, poco o nada tendremos de la Oveja Dolly, no somos tan clónicos, tus diferencias y las mías saltan a la vista, podrias amar lo que yo detesto y podría llegar a emocionarme lo que no te dice nada y por eso mismo empezar a saber que ya somos diferentes, aunque tu corazón esté latiendo junto al mío y existan mil cosas afines que nos acerquen, incluido el mismo mar y el amor, que nos anclen en el tiempo y el espacio gratamente y para siempre. Pero ello mismo es lo sagrado, lo bello de los seres. Que tu contralto toque mi bajo, parece una lisura eufemística y deliberadamente dicha, pero es muy cierto. El Tempus diferente de nuestros nervios y paciencia, la virtud de nuestros particulares Stradivarius.

Las cosas diferentes tienden a complementarse, (pensar 3 segundos en esto antes de desecharlo). ¿Por qué para sonar una música y llegar a ser perfecta necesita de los bajos y los altos?, no será casualidad que juntando los arpegios y convirtiendo todo ello en el todo, surja lo divino: La Creación, equivalente a algún parto con dolor. Un proceso de creación es normalmente complicado y arduo, dependerá de lo iluminado que esté uno, más la conjunción de todas las partes implicadas.

Paloma, el personaje de la novela que estoy leyendo dice en sus reflexiones: “Si hay algo que los pobres detestan, es a los otros pobres”. Y por aquí empiezo yo a entenderte mejor, yo no soy pobre, tampoco creo que lo seas, pero no poseo esa buena chequera y tampoco doy siquiera la esperanza de tenerla —por suerte— . Esa es mi verdad, con esta mi franqueza se es capaz de ahuyentar hasta a tus animales de compañía. Mi gato en exceso sibarita, si lo supiera, si ya en sus arduos afanes intelectuales, intuyera que alguna vez lo tendré que privar de su menú favorito, con gusto me esquivaría, y en vez de afanarse en seguir siendo el holgazán decorativo de esta casa o en seguir aprendiendo eficazmente el castellano, empezaría por buscarse empleo para mantenerme o tener que buscarse sus potajes favoritos, en el peor de los casos ignorarme y ni mirarme. Si, te comprendo… ahuyentemos entonces a tu modo, a los pobres y de espectativas tan poco promisorias como la mía. “El Mundo es Ancho y Ajeno” lo dijo Ciro Alegría, escritor peruano. Yo también empecé a sentir que me habías convertido en extraña y en ajena, ¿qué le vamos a hacer?, nunca supe tu verdad, en cambio preferiste esgrimir aquello de lo diferentes de los dos. Sí, y por suerte lo somos y me alegra más si cabe el comprobar, lo que explicaba antes, que ello quiere decir que somos pura “dinamita”, que podría haber un gran Tempus entre los altos y los bajos y surgir así una gran obra Maestra. La fusión es lo nuestro y yo ya te llevo en mi.

¿Qué esperarías, que me siga pareciendo más a la música?, ósea que mi blanca sea equivalente a dos negras y esas dos negras a 4 corcheas?, de momento, no lo sé, el espíritu de la música tendrá que cuajar quizás más dentro de mi.

Así pues, con lo poco predestinados que estamos a parecernos a la Oveja Dolly y a no ser dos clónicos tú y yo, me alegro de no ser Robocob y de tener aún sangre en mis venas.

12 de febrero, 2008.

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02
ene
10

JUEGOS ADULTOS DE PODER

JUEGOS ADULTOS DE PODER
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Algunas personas risueñas y celestes como yo, no logramos comprender a ciertos adultos faltos de sentido del humor, que prefieren quedarse en el papel de gruñones y amargados aburridos de sí mismos. Si bien es cierto, basta con tomarse muy en serio a sí mismo, como para manifestar el lado oscuro y feo de esta vida.

Yo, que no aspiro a envejecer por nada y estoy a punto de fraguar un pacto con el Fausto, para permanecer felíz, orondamente bien y peligrosamente pecadora; he previsto que a lo sumo dentro de unos pocos meses más, ligaré muchísimo más que una diva, sin menos preciar mis atributos y sacándoles partido a más no poder, sin olvidar mis años u edad cronológica, que no son pocos y tampoco demasiados, aunque sin evidenciarlos, porque sonriendo siempre como en los anuncios de Signal, me perpetuaré cual estatua de cera en el Madame Toussaint, tan joven y agradecida de seguir dando caña y malestar a los gruñones. Si me perdonáis, ralentizaré los años leyéndome unos Manga de Taniguchi o los de Anno Moyoko, mientras tanto.

Por fortuna persiste aquello de lo que puede haber de buena en mi, y de la adolescente gamberra y picarona que siempre fui. Y si loarse a sí misma es pecado, yo renuncio, yo quiero transgredir esa norma, que para eso estoy, ¿en qué estábamos?, sí, de poseer yo un no sé qué irresistible de lo más peculiar, si lo mejor de mi está en mi lado vago, bohemio y juguetón, y como no, en mi sonrisa socarrona y a medias , que a menudo te saca a ti de quicio y exaspera, porque crees que igual no paro mientes, que mi ADD, o Síndrome de Déficit de Atención, ahuyentan de mi toda la gravedad y el coraje con que tú me explicas tu razonamiento sesudo y concentrado, cual un café cargado de razón y amargura. Yo pues en cambio prefiero una chocolatina blanca y seguir sonriéndome o tomarme un buen vaso de Neskuick, como en los años del Colegio. Sí, perdonarás cariño, pero esto no es lo del método Socrático que te conté el otro día y a ti te pareció una verdadera m… memés, porque crees que me burlo de ti cuando lo aplico, vamos hombre, como si analizando la ironía Socrática, no tuviera los ingredientes de ser casi una burla fina, ¿a qué si?, lo sé, si al final terminaría dándote la razón, pero vamos, no es así. Lo del método socrático o la Mayéutica, se hizo para llegar a aclararnos con nosotros mismos, para descubrir esa verdad tan anhelada y recóndita a punto de iluminarse, era un método filosófico que daba sus frutos, como no lo dudo yo, los seguirá dando si lo usamos tú y yo, ese era el kid del asunto, que al deslumbrarnos despertáramos quizás o nos echáramos a reír de pronto .Ese es el sentimiento extraño del absurdo.

Si no eres tú, qué va, soy yo, es mi talante. El otro día mi hermana y yo nos enfrascamos en razonamientos acuáticos más o menos propios del submarinismo filosófico, en los cuales colegimos que a pesar de la base 4 —que nos interesa un rábano—, nosotras no éramos adultas, no te creas, no nos echamos a llorar, no cogimos el teléfono para pedir una cita con alguna psiquiatra, no, aquello habría sido un craso error. Lo mejor, hicimos de psicoanalistas las dos y descubrimos que sí llevábamos la génesis de ser dos mujeres libres, igual habíamos optado por desmarcarnos y romper los moldes prefabricados, por ejemplo al no desear tener hijos y proseguir nuestra aventura y redescubrimiento particular en solitario y con excesiva paz interior sobre todo. Pues sí, aunque no sepamos ni fumar, ni adoptar esas poses de mujer fatal a lo Greta Garbo o Sharon Stone. Hay días en que ella y yo hacemos de mayores, nos sentimos como disfrazadas evidentemente y con cierto aire de incómoda sofisticación. Ella me decía el otro día, de vestirnos como “señoritas”, como si siguiéramos jugando siempre a las muñecas y en el atuendo externo estuviera el representarnos como tales, serias, formales…Tikis mikis quizás, pero por favor malhumoradas y gruñonas…no. Sonrisas de Signal y pa lante, a morder esa chocolatina dulce que el mundo sigue girando todavía y la eternidad se nos escapa, o a morder esa manzana —que no es lo mismo— si al final siempre nos verán como pecadoras, si transgredir la norma nos convierte en eso. Tipas como nosotras ya no nacen, se rompió el molde.

Seguro sí tendría que apelar a tu indulgencia, de ser alguien comprometido con el mundo y con la vida, además de ser un adulto casi formal y gruñón —a no dudarlo—, para decirte que yo no soy más que una chiquilla, que juega a dárselas de adulta y que no obstante vive la vida a conciencia a pesar de los locos desatinos de seguir amándote y que en verdad sabe poco o casi nada de los juegos adultos de poder y de gruñir menos, claro está.

09 de febrero, 2008.

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02
ene
10

LA ÚLTIMA NIEVE PIRENAICA

LA ÚLTIMA NIEVE PIRENAICA
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

El último reducto de mi imaginarium me llevó hacia lo ignoto. El tiempo estaba perdido fuera de mi ventana —como perdidas y errantes tu voz y la mía— gotitas de lluvia pugnaban por caer sin terminar por decidirse. A lo lejos veo pintadas de azul las montañas nevadas de los pirineos, su perpetuidad blanca no es lo que era, pues en otoño parecen diluirse sus marmóreos pálidos, a favor de tonalidades lilas o marrones, pero es extraño, como todo ahora, será el cambio climático o mis últimas mudanzas, lo que desconcierta al personal que me mira de reojo, y ni a mis hermanos, a quienes les ha dado por llorarme o reconocerme con una cierta dificultad últimamente, quizás porque me vestí de rojo como Mefistófeles, una forma más de huir para evadirnos tú y yo del tráfago citadino y quedar en la molicie.

Es febrero, me encandilan aún sus sucintas algas, van quebrando mis anhelos, trepando hacia mis piernas, tengo frío, un frío que congela. Bajo el agua vacía me he quedado tumbada, en aquel cauce cual lecho de rosas, gracias a ti, sí; descubriendo la palabra de Muriel Barbery, esa chica marroquí de Casablanca, es tan joven he pensado, enhorabuena, está su vena creativa, un ingenio realista y crudo, de aquellas cosas cotidianas que suceden a diario y nadie comprende, ni se empeña en comprender. El libro no es de amor, ni de celos, tampoco de tristezas ordinarias, ellas son dos seres inteligentes y naturales, como una flor silvestre; la crueldad de una vida simple, una portera, una niña genio, y un secreto. “La Elegancia del Erizo” ha tenido buenas críticas y le hallo un sabor de marzo, cercano a primavera. Por suerte no es el libro que robé la otra noche del Carrefour, aquel costaba cinco euros y quise presumir de mis dotes de ladrona, a falta de talento para robar corazones.

Estoy sola, nada mejor que la soledad elegida, es mi salsa, estoy de suerte. Desbarato y compongo este desierto. Aún me quedan el frío de este invierno, las salidas nocturnas, porque no existo en las mañanas, los recorridos pedestres con mi niño, el camino hacia la fuente, algún pretexto fácil para encontrarme con los árboles y abrazarlos como antes. Aún me niego a aceptar esas invitaciones para frecuentar locales nocturnos de Barcelona, tomar copas o bailar, hay tantos corazones solitarios y desasosiego, me he dicho; me detendré a mirarme en la consola, a presumir conmigo misma de ser fuerte y aguantar, quien sabe si para seguir creyéndome poco adulta y continuar con mis torpezas de ser aún una “enfant terrible“ y peligrosa del Underground, correr o seguir corriendo por la proeza de conseguir besar tu boca.

Me quedan si las madrugadas y esas noches en blanco, para trabajar en los trabajos que no reportan dinero, ni te puedan aliviar, y por lo cual tu y yo seremos eternamente diferentes, para pensar en los pensamientos a los que sucumbieron Plinio, Aberroes o Pascal. Disfrutar del “dulce far niente”, porque sí, para nada o enmudecer con las lágrimas que me provoque el Spleen de un vino tinto y añejo. Dormirme cansada abrazando a Giovanni Papini, o a Guy de Maupassant, siéndole infiel a Colette, para mañana seducir a Carson Mac Cullers y bailar con ella hasta el amanecer, en la habitación contigua y cerrada que habitaba mi hermana y en donde me suelo quedar yo desde hace un año, hablándole de mi, de ti, de lo que fuimos o pudimos ser, al compás del saxo dulce y melancólico del Gato Barbieri cuando suene el Smooth Jazz, o me invite ella de su café triste y otros cuentos, para noctámbulas como yo y hagamos migas hasta caer rendida y volver a perderla en cada amanecer.

No lo sé, está el mundo, el FNAC, para buscarme un libro y seguir con mis veleidades y amoríos literarios. Está Friskie, para seguir practicando el castellano, mis pies para tocar tus algas trepadoras, el veneno que me tomé y me quitará la sed, siempre yo para mimarte o quedarme como esas gotas de lluvia afuera, en la intemperie, trepidante,… sin terminar de caer.

6 de febrero, 2008

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02
ene
10

ELEGÍA DE LOS DESCONOCIDOS

ELEGÍA DE LOS DESCONOCIDOS
(Manuel Scorza)

Ya no nos conocemos, ya no nos entendemos,
¿qué pasa?.
¡Oh, desconocida!.
Nuestro amor como los árboles daba pájaros.
¿Qué está pasando?
Azules éramos. ¿Qué ha pasado?.
El viento del mar desesperado
agita pañuelos de musgo en las esquinas,
me voy.

Pañuelos de llorar: mejor me voy.

Al atardecer los pájaros también se van,
Viajan a las torres buscando picos tiernos,

A los reptiles, yo
al fondo del agua a vivir ardiendo.

Porque para esta sed el agua está vacía,
vacía está el agua para mi corazón.

30 de enero, 2008

02
ene
10

SERENATA

SERENATA
(Manuel Scorza)

Ibamos a vivir toda la vida juntos.
Ibamos a morir toda la muerte juntos
adiós.
No sé si sabes lo que quiere decir adiós,
adiós quiere decir ya no mirarse nunca, vivir entre otras gentes,
reirse entre otras cosas,
morirse de otras penas.
Adiós es separarse ¿entiendes?, separarse,
olvidando, como traje inútil la juventud.

Ibamos a hacer tantas cosas juntos
ahora tenemos otras citas.
Estrellas diferentes nos alumbran en noches diferentes.

La lluvia que te moja me deja seco a mi.
Está bien, adiós.
Contra el viento, el poeta nada puede.
A la hora en que parten los adioses,
el poeta sólo quiere pedirle a las golondrinas
que vuelen sin cesar sobre su sueño.

30 enero 2008

02
ene
10

SOBRE MI

Hola:

 Me encanta la escritura, la literatura, las artes, los viajes, la música, lo utópico quizás, lo bucólico, el sentido profudo de la vida, el desarrollo espiritual, el silencio, la reflexión, filosofar, leer (cómo no), el conocimiento, las conversaciones, mirar, observar mucho…Aprender. Imaginar o creer que la especie humana es mucho mejor de lo que se supone o parece, pero claro, pocos creen en ello. Soy especialista desbaratando esquemas, soy un espíritu libre que no desea encasillarse ni estar presa de nada. Soy Vegana, porque no deseo infringir dolor a nadie, creo que un ser humano se puede alimentar muy bien sin derramar más sangre, quiero a los animales como a hermanos menores y pretendo respetarles la vida o estoy a favor de eso. Estoy en este mundo para aprender de todos, puesto que no he terminado de aprender y me falta mucho. Lo bueno de esta vida es poder interactuar e intercambiar opiniones, vivencias, impresiones y llegar a enriquecerse mutuamente. Como alguien interesada en el desarrollo interior, espiritual y evolutivo, creo que no somos los únicos seres vivos en el Universo. Gracias por leerme y por su valioso tiempo.

Saludos desde Barcelona, España.

Gina

02
ene
10

EN BUSCA DE PROUST

EN BUSCA DE PROUST
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Hace exactamente 21 años que escribí este artículo que se publicó en el diario “La Industria” de la ciudad de Trujillo, Perú. Era un 22 de noviembre de 1987. Algunas alusiones son relativas a ese año y época. Por entonces había deseado encontrarme fervientemente con Marcel Proust, al parecer llegó a mi vida y se quedó conmigo para siempre.

Desde mi primer encuentro con Proust quedé impresionada. Llenó de pronto las expectativas que precedieron a la motivación con la que iba premunida a encontrarlo. Leí con fruición y deleite, mas de una vez su producción y admiré sinceramente al más destacado y excepcional novelista del siglo XX, como lo diera en llamar en 1978 la influyente revista colombiana “Cromos”, clasificándolo en una encuesta como el número uno entre diez connotados escritores de este siglo.

Hoy al conmemorarse los 65 años de su muerte. Justo es rememorar como homenaje al hombre que habiendo disfrutado de una vida plácida y mundana se sintiera víctima de su propia angustia y de aquella débil constitución enfermiza, que lo apartó más tarde del común de las gentes, con ese estigma morboso propio de los artistas que van dejando en su obra, su propia vida preñada de luces y de sombras.
Al escritor, por destacarse en él el genio sui generis, como pocos que brillaron en el firmamento de las letras.

SU VIDA Y PROYECCIÓN

Marcel Proust nace en París el año 1871. Fue hijo del médico Adrien Proust, quien ocupaba una importante posición en el Ministerio de Salud. Su madre Madame Weil, perteneció a una familia acomodada de judíos franceses.

Marcel Proust padeció de asma desde su infancia. Se cree que este mal tuvo en él causas psicosomáticas, así como su manifiesta hipersensibilidad.
La imagen materna fue un elemento preponderante en su existencia, hasta el extremo de creerse que fue un ser incapaz de amar a ninguna otra mujer, hecho que más tarde lo llevara al conflicto de personalidad.

Proust llevó una vida plácida y burguesa, cerca de Chartes. En su casa de campo de Illiers, a la sombra de una tradicional vida francesa de provincia, de cuya época conservó los peculiares matices que volcaría más tarde en sus escritos. A Illiers, la encubrió con el nombre ficticio de Combray y en su obra “En Busca del Tiempo Perdido”, expresa un marcado arraigo hacia su infancia, la cual prolonga no exenta de placer en sus escritos, lindante no obstante, con morbosos y profundos sentimientos de angustia y desamparo y una larga cadena de sucesos de su vida adulta, descritos con una prosa barroca y un gran despliegue de imágenes-recuerdo con transposiciones novelescas; la finura de su análisis, no exento de un epicureismo amanerado, íntimo y subjetivo, con evocaciones oníricas, mezcla de dolores tortuosos y belleza de sensaciones asociadas a elementos simbólicos, caprichosos y argumentales.

La extensión de su obra, es para el autor como una mirada vuelta hacia atrás con añoranza a contemplar su vida y vuelta a vivir en todos sus matices, como aquel que se sumerge en la claridad del subconsciente para interpretar el significado de su propia existencia, sus símbolos, sus verdades, sus mutaciones heterogéneas, para “volver a encontrar” aquello que inevitablemente el tiempo pretende desvanecer. Es pues excepcional el lenguaje nuevo que utiliza, la síntesis, las metáforas y la sintaxis retorcida en una prosa que hace el deleite del lector, incitando a descubrir el sentido recóndito de las cosas y la vida. Una mirada vuelta, plagada de nostalgia, de raptos de ensoñación que atrapan una sustancia volátil y fugitiva, que se resuelve en un filosofar, monológico, personal y subjetivo que transmite e inevitablemente trasunta a seguirlo hacia un universo sutilmente elaborado por el esfuerzo de la memorización, cuyos hilos van formando una urdimbre admirable de sucesos que se concatenan magistralmente.

Se remite a circunstancias biográficas, sus propias evoluciones y al mundo íntimo y social al que estuvo unido, sus placeres, sus deslumbramientos, que superan la narración de lo cotidiano, sugieren en cambio un acercamiento hacia lo poético, en un lenguaje rico y armonioso. Proust se revela como un escritor de lo recóndito, va profundamente al psicoanálisis cuando describe aspectos y manías de sus personajes, lo hace como al descuido aún en circunstancias banales, sin negligir el lenguaje sutil y depurado de un artista. Es posible que con la habilidad de su pluma haya logrado metamorfosear ciertos aspectos de la realidad autobiográfica, puesto que su naturaleza era la de un hombre idealista de fecunda imaginación.

En sus obras expresa lisonjas ditirámbicas a personajes por los cuales sintió genuina admiración, los que se encuentran discretamente encubiertos por otros nombres, tal es el caso del ex poeta parnasiano Anatole Thibaut mas conocido como Anatole France y una mezcla de Alphonse Darlu en la figura de su Bergotte, otras tantas veces se complace en finas ironías ante las debilidades de sus personajes, como en el caso de Swann o las maneras afectadas de alguna noble dama francesa, audaz y extravagante.

La figura de Gilbert Swann fue inspirada en su primer amor Marie de Barnardaki, cuyos devaneos están prodigiosamente escritos en su novela “A la Sombra de Las Muchachas en Flor”.

Los recuerdos de su niñez adquieren relevante importancia y los recuerdos de su madre no lo abandonan jamás, su apego morboso a ésta, sus luchas y nostalgias interiores al tener que prescindir de su presencia, que él mismo describiría en un pasaje: “Y después de cenar, ¡ay!, tenía que separarme de mamá, que se quedaba hablando con los otros, en el jardín, si hacía buen tiempo, o en la salida donde todos se refugiaban si el tiempo era malo. Todos menos mi abuela, que opinaba que “en el campo es una pena estarse encerrado” y sostenía constantes discusiones con mi padre, los días que llovía mucho, porque me mandaba a leer a mi cuarto…”. Su madre constituía una gran parte de aquel universo que lo envolvía hasta el extremo de no poder conciliar el sueño si antes su madre no le había dado el beso de las buenas noches. El narra: “pero fui yo la única persona en casa para quien la visita de Swann llegó a ser objeto de una penosa preocupación y es que las noches en que había algún extraño, aunque sólo fuera el señor Swann, mamá no subía a mi cuarto. Yo no me sentaba a cenar a la mesa…tenía que subir a acostarme, ese beso precioso y frágil que de costumbre mamá me confiaba cuando yo estaba ya en la cama, había que transportarlo entonces desde el comedor a mi alcoba y guardarle todo el rato que tardara en desnudarme, sin que se quebrara su dulzor, sin que su virtud volátil se difundiera y se evaporara y justamente aquellas noches en que yo deseaba recibirle…”

Las circunstancias de muertes (su padre en 1900, su madre en 1905 y su abuela) demuestran etapas importantes en su vida; unido a estos otros hechos, se denota una sensación de pérdida (en las relaciones amorosas). Son sus escritos constantes filosofías en torno a la vida misma. La muerte de su madre lo tocó profundamente, desde entonces decidió permanecer encerrado voluntariamente en su habitación, la cual tapiza con láminas de corcho en las paredes para no ser perturbado por ningún ruido. Esta permanencia solitaria lo lleva a aflorar todo un cúmulo de vivencias que irá plasmando posteriormente en su monumental obra: “En Busca del Tiempo Perdido”, ya para esto habría de superar sus frustrantes ideas de estar desprovisto de talento para escribir una buena obra. Él diría: “Me parecía entonces que existía como los demás humanos, que al igual que ellos envejecería y moriría y que entre los hombres pertenecía yo a aquel género de los que no tienen disposiciones para escribir y deseo razonado, renunciaba por siempre a la literatura. Aquel sentimiento inmediato, que yo tenía del vacío de mi pensamiento, prevalecía contra todas las palabras halagüeñas que me pudieran prodigar…Sentí con más pena que nunca carecer de disposiciones para escribir y tener que renunciar para siempre a ser un escritor famoso. La pena que sentía mientras me quedaba solo, soñando a un lado del camino, era tan fuerte, que para no padecerla, mi alma espontáneamente, por una especie de inhibición ante el dolor dejaba por completo de pensar en versos y en novelas, en un porvenir poético que mi falta de talento me vedaba esperar”. Pero no obstante aquella idea, ya después de los 40 años de edad, alcanzó renombre con su producción cumbre: “En Busca del Tiempo Perdido”.

Proust con el afán de agradar a su padre se matricula en Derecho y Ciencias Políticas, carrera que no prosiguió. Dada su buena posición económica no llegó a ejercer ninguna profesión.

Un dolor en la garganta al volver a casa luego de asistir a la última “soirée” en casa de los Beaumont, se complicó con un fuerte resfriado. Celeste, quien se hacía cargo de él, buscó al doctor Bize, no se creyó nada grave. Más tarde Proust desafiando la fiebre salió a la calle.
Hacia el 10 de noviembre Proust contrajo neumonía y un 18 de noviembre de 1922 se apagaba su vida, siendo asistido en sus últimos momentos por su hermano Robert, el doctor Bize y Celeste Albaret.

Proust nos deja la estela fulgurante de su genio volcada en su bien lograda y prolija producción el perfume de una época que se perpetúa tan lozana y fresca a los 65 años de su desaparición.

SUS OBRAS

Las personas que describe en sus obras forman parte de una sociedad burguesa francesa, que hoy en día puede otorgárseles consideraciones prototípicas de aquella época arraigada a finales del Siglo XIX y a principios del Siglo XX.

Sus experiencias personales y conflictivas las compiló en su obra maestra titulada en francés. “A la Recherche Du Temps Perdu”, compuesta de siete volúmenes que fue escribiendo en sus años de encierro voluntario, donde fue sufriendo al mismo tiempo los accesos de un asma que padeció desde niño. Allí sentado en su cama, dedica horas y horas a escribir sus novelas, invirtiendo incluso las horas y el tiempo, puesto que escribía de noche para dormir de día.

La primera de la serie: “Por el Camino de Swann”, la cual aparecería desde 1906. El 3 de septiembre, Proust empieza a publicarla por entregas en “Le Fígaro”, luego de corregir en febrero el manuscrito, Gallimard lo rechaza, pero gracias a Grasset, es publicado en 1912. En 1917 redacta “El Tiempo Recobrado”, la que no vería la luz sino después de su muerte. Hacia finales de 1918 su segunda novela “A la Sombra de las Muchachas en Flor” es publicada por Gallimard, el 21 de diciembre de ese mismo año, esta novela es galardonada con el Premio Goncourt de novela.
El 25 de octubre de 1920 se publica su tercera novela “El Mundo de Guermantes”.

El 02 de mayo de 1921 publica “Sodoma y Gomorra”, su cuarto volumen en el cual aborda por primera vez el controvertido tema de la homosexualidad. Este mismo año escribe “La Prisionera” y “La Fugitiva”, las que serian publicadas póstumas, la primera en 1923 y la segunda en 1925. En 1927 se publicó su obra inédita y póstuma “El Tiempo Recobrado”.

OTRAS OBRAS

“Los Placeres y los Días” (1896, ensayos), “Imitaciones Misceláneas” (1919), “Crónicas” (póstuma, 1927), “Jean Santeuil” (Póstuma 1952, novela autobiográfica), “contra Saint Beuve” (póstuma 1954, ensayos). La publicación de su correspondencia completa se ha realizado en 1970.

27 de enero, 2008

02
ene
10

UN AMOR DIFERENTE

UN AMOR DIFERENTE
Sobre el Diario Intimo: “Et Nunc Manet in Te”
(Por: Gina Martínez-Vargas Araníbar)

He querido escribir este artículo, porque a pesar del tiempo de haber leído “Et Nunc Manet in Te” diario íntimo de André Gide, me dejó pensando en las muchas fórmulas y resoluciones que para el amor, nos reinventamos los humanos, porque dentro de su crudeza, gran sordidez y ser descarnadamente incómodo para la sociedad francesa de entonces, ha quedado vagando en mi mente, por lo que fuera un gran escándalo cuando vio la luz en 1924.

Si bien es cierto, nuestra estrechez de miras y nuestras sociedades pacatas, escrupulosas y no exentas de una gran mojigatería, habrán tenido que influir a no dudarlo, como para que un muchacho homosexual como Andé Gide, tuviera que casarse con una mujer. Él dice que amó a su prima Madelaine Rondeaux desde la adolescencia, que su amor por ella era diferente. No estando dentro de sus íntimas causas y razones para llevar a cabo semejante despropósito, llegar a casarse con ella, para jamás consumar dicho matrimonio, se me antoja ya no tan extraño viniendo de alguien cuya tendencia era clara; pienso en su egoísmo en relación a Madelaine o en su engaño premeditado. Entonces era preciso poder pasar de la censura, evitar las murmuraciones de la comuna de Roque-Baignard en Normandía, posiblemente donde Gide llego a ser alcalde; todo ello, para esconder una identidad, que a todas luces llegaría a salir después.

Si los diarios íntimos son escritos con la secreta razón de ser dados a conocer al mundo algún día, con la anuencia de su creador, el “Corydon” (Si el grano no muere) y “Et Nunc Manet in Te”, no lo son menos; allí Gide deseó liberarse de sus miedos, deseó redimirse de cualquier culpa y desazón y contarlo todo, quitarse esa loza pesada de sus sentimientos de culpabilidad o deshonra, emocionarnos si cabe, hablándonos de su gran amor por Madeleine o hacernos partícipes de lo veraces de sus sentimientos por ella, como fuere, no pudo evitar plasmar su tormentosa relación con ella, su beligerancia, sus infidelidades tanto con hombres como con mujeres. También cabe preguntarse otras cuestiones éticas, si el amor por ella era tan grande y sublime, ¿Por qué privó a Madelaine de tener descendencia?, y en cambio, tuvo a su única hija Catherine con otra mujer. Si Madelaine lo amaba tal y como nos lo relata él mismo, porque infligirle tantos dolores. El Diario es cruel, descarnadamente doloroso, una historia de amor en toda regla, bajo las infernales señas de una vida libre y disoluta de su autor, a quien ni sus íntimas y dulces confesiones de amor por Madeleine parecen librar de ser juzgado, por la posteridad.

Sin embargo Gide confiesa: “Cómo hubiese podido yo persuadirla de que ningún rostro femenino, ninguna mirada, ninguna sonrisa, ningún gesto, ninguna inflexión de voz, ninguna gracia podían enamorarme tanto como las suyas?. Pues entonces, ¿por qué le daba de ello, tan precaria prueba?”. En otro pasaje de su diario, Gide parece echar acusaciones sobre el yerro de un médico con quien tuvo a bien consultar su caso poco antes de contraer matrimonio con Madelaine cuando narra: “Poco antes de mi matrimonio con Madelaine había resuelto, pues franquearme con un médico, especialista de cierta fama, al que cometí la imprudencia de consultar. Escuchó sonriendo la confesión que le hice, tan cínicamente completa como era posible, y me dijo luego: “Dice usted que, sin embargo, ama a una muchacha; y que vacila en casarse con ella, conociendo sus propios gustos…Cásese. Cásese sin ningún temor. Y pronto reconocerá que todo lo demás sólo existe en su imaginación. Me produce usted el efecto de un hambriento que, hasta ahora, se empeñará en alimentarse de pepinillos.—Cito exactamente sus palabras; ¡como que tengo razón para no olvidarlas!— Cuando esté usted casado, no tardará en comprender lo que es el instinto natural, y espontáneamente volverá a él.” Lo que no tarde en comprender, es hasta qué punto se equivocaba el teórico…El amor me exaltaba, es verdad; pero a despecho de lo que había predicho el médico, no trajo en absoluto, con el matrimonio, una normalización de mis deseos. A lo sumo obtenía de mi la castidad, en un costoso esfuerzo que solo servía para mayor desgarramiento. Corazón y sentidos me descuartizaban.”.

Los agravios mutuos entre Madelaine y Gide eran constantes, siempre perpetrados de una forma sutil y premeditada. Si acaso el gran amor que algún día los uniera, había quedado reflejado en las hermosas cartas y correspondencia que el escritor intercambiara con Madelaine desde muy temprana edad y en ellas deseaba él mismo perpetuara su genio, su talento para la escritura, ya con los conflictos constantes y la mutua complacencia en dañarse el uno al otro, tal fin no fue posible, privándonos para siempre de conocer el interesante intercambio epistolar que mantuvieran en su primera juventud, lo cual fue en extremo doloroso para ambos. “Madelaine ha destruido todas mis cartas. Acaba de hacerme esa confesión que me abruma, me ha dicho que lo hizo inmediatamente después de mi partida para Inglaterra. ¡Oh!, muy bien, sé que sufrió atrozmente por mi viaje con Marc; pero, ¿por qué tenía que vengarse en el pasado?…Es lo mejor de mi que desaparece; y que ya no servirá de contrapeso a lo peor. Durante más de treinta años le había dado yo —y le daba todavía— lo mejor de mi mismo…Ya nada me importa, me habría matado sin esfuerzo…Tomo aspirina para tratar de dormir. Pero el dolor me despierta en mitad de la noche y creo enloquecer. “Era lo más precioso que tenía en el mundo” me dijo ella. “Cuando después de tu partida, me encontré a solas en el caserón que abandonabas, sin nadie en quien apoyarme, sin saber ya qué hacer ni cómo vivir…comencé por pensar que sólo morir me restaba. Sí realmente creí que mi corazón cesaba de latir, que me moría. Antes de destruirlas las releí todas, una a una…Y fue entonces cuando agregó: “Era lo más precioso que tenía en el mundo”.

Fueron muchos los “castigos” con que Madelaine atormentó a André Gide, ella le impuso sus perentorias condiciones de un modo tácito, para intentar enmendara su camino o siguiera los designios de una vida diferente, que el espíritu del escritor excesivamente libre anhelaba proseguir, no sin carga, desgarro y debilidad, asunto que fue marcando de grietas, distancias y silencios sus vidas. A pesar de ello Gide jamás dejó de expresar su amor por ella. “Nunca desée nada distinto a su amor, a su aprobación, a su estimación. Y desde que me quitó todo esto, he vivido en una especie de oprobio en el que el bien ha perdido su recompensa y la maldad su fealdad, y hasta su aguijón el dolor…”

El pasaje de las manos de Madelaine es en extremo conmovedor, eran unas manos que Gide amaba y admiraba por su belleza, manos que Madelaine empezó a maltratar para herir a Gide, cultivando el jardín y realizando mil cosas increíbles para dañarlas o afearlas. También se encargó de ir regalando a cualquiera las joyas más significativas que Gide le obsequiara, y ella hizo en detrimento de su amor, por impotencia, por creer que ya no podían suponer nada para él, asuntos que resultaban dolorosamente penosos para el escritor y dejó plasmado en su diario íntimo, como un testimonio de sus vidas y su amor.

Barcelona, 27 enero 2008

02
ene
10

AZUL

AZUL
(Lina Zeron)

Mi amor es azul:

Azul de mar y azul de cielo.
Azul del oleaje que cubre tus playas,
de peces azules que vagan tranquilos
o de mares profundos de inmensos vacíos.

Azul de la flama que incendia las noches,
o azul de los mares cubiertos de nieve.
Azul delirante de intensas caricias
o azul del amor que temprano agoniza
esperando la dicha de tu cuerpo ondulante.

10
sep
08

JOHNNY JOHNNY

Este es un single de la cantante francesa Jeanne Mas, aparecido en su álbum “L’essentiel” el 2002, existe una versión en español. Álbum con otros interesantes temas como “Toute Premiere Fois”, En Rouge et Noire”.

10
sep
08

PARA MI AMIGA

(José Ángel Buesa)

Era mi amiga, pero yo la amaba
yo la amaba en silencio puramente,
y mientras sus amores me contaba
yo escuchaba sus frases tristemente.

Era mi amiga, pero me gustaba
y mi afán era verla a cada instante.
Nunca supo el amor que yo albergaba
porque siempre me hablaba de su amante.

Era mi amiga para todo el mundo
porque a nadie mi amor yo confesaba,
pero yo la quería muy profundo
y forzosamente me callaba.

Era mi amiga, y mi cuerpo sentía
estremecer si ella me miraba,
al oírla junto a mi feliz me hacía
más de este amor ella nunca supo nada
y aunque sólo mi amistad yo le ofrecía,
era mi amiga, pero yo la amaba.

10
sep
08

*SOBRE MI

Hola:

 Me encanta la escritura, la literatura, las artes, los viajes, la música, lo utópico quizás, lo bucólico, el sentido profudo de la vida, el desarrollo espiritual, el silencio, la reflexión, filosofar, leer (cómo no), el conocimiento, las conversaciones, mirar, observar mucho…Aprender. Imaginar o creer que la especie humana es mucho mejor de lo que se supone o parece, pero claro, pocos creen en ello. Soy especialista desbaratando esquemas, soy un espíritu libre que no desea encasillarse ni estar presa de nada. Soy Vegana, porque no deseo infringir dolor a nadie, creo que un ser humano se puede alimentar muy bien sin derramar más sangre, quiero a los animales como a hermanos menores y pretendo respetarles la vida o estoy a favor de eso. Estoy en este mundo para aprender de todos, puesto que no he terminado de aprender y me falta mucho. Lo bueno de esta vida es poder interactuar e intercambiar opiniones, vivencias, impresiones y llegar a enriquecerse mutuamente. Como alguien interesada en el desarrollo interior, espiritual y evolutivo, creo que no somos los únicos seres vivos en el Universo. Gracias por leerme y por su valioso tiempo.

Saludos desde Barcelona, España.

Gina

Aquí en el verano 2008 que se terminó.

10
sep
08

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